Se te oía un silbido en el corazón.
¿O era un lamento?
No era el indicio de una enfermedad.
Se notaba en el silbido un sentimiento.

¿Era grave? No lo sé.
No te dije nada, pero te abracé y te di un beso.
Yo también sé lo que es estar con la persona más querida
y aun así sentir tristeza y miedo.

Ahora pienso en ti y recuerdo con qué pena
el silbido se me metió por el cuerpo,
con esa pena tan vacía
que da el dolor ajeno,
ese dolor que recuerda que hay cosas inevitables
por mucho que otra persona vaya a nuestro lado y la abracemos.

El silbido en tu corazón me hizo recordar
la incertidumbre que todos tenemos
por cosas que al final seguramente no sean nada,
pero que ni un fuerte abrazo consigue a veces que las olvidemos.

Si fuera un poco más fácil (canción)

Si fuera un poco más fácil decirte que te quiero
si en besarte los labios hubiera sido yo el primero
si el miedo no hiciera abismos en tus manos
no sería verdad que nos amamos

Si estuviera seguro de que el amor es verdadero
si estuvieras segura de querer darme el mundo entero
si todos los recuerdos camufláramos
no sería verdad que nos amamos

Por querer darlo todo
por querer tocar el sol
por dejar demasiadadas cosas en la habitación
por evitar no dejarlo
nos podemos dejar el amor.

Si solo hubiera sonrisas en tu pecho
si ninguno tuviera ningún defecto
si escondiéramos los celos
por miedo a hacernos daño
no sería verdad que nos amamos.

Por querer darlo todo
por querer tocar el sol
por dejar demasiadadas cosas en la habitación
por evitar no dejarlo
nos podemos dejar el amor.

Si el amor fuera solo el calor de tu pecho
y nuestra única puerta solo fueran los celos
si solo nos dedicáramos a mirarnos
no sería verdad que nos amamos

Has vuelto.
Yo sé que no, pero has vuelto.
Te noto en una idea
que me llega justo a tiempo.
Te noto sin que estés,
en todos mis recuerdos.

Algunos dirán que no,
que no vuelven los muertos.
Claro que no vuelven como ellos piensan.
Eso podría dar hasta miedo.
Como vuelven es de la forma perfecta
para ayudarnos sin quitarnos méritos,
como volveríamos cada uno de nosotros
para seguir queriendo.

No. No. No.
No más frasecitas ingeniosas
que no hacen más que seguir mareando la perdiz.
O, al menos, no solo esas frases,
esos versos sin fecha de nacimiento,
sin lugar de origen porque están en todas partes.
Hace falta escribir con ganas
o no escribir.
Escribir creyendo haber hallado la manera
de curar un pensamiento,
de encontrar por fin de dónde viene el ruido
y no taparlo con ingeniosas —a veces— melodías,
con juegos de palabras.

No. No. No.
Eso solo sirve para seguir igual de felices,
en esa felicidad dicharachera
supuestamente ingenua, pero tan soberbia
como el que desprecia todos los momentos
que los poetas del pasado
han dedicado a entender la realidad por nosotros,
por la ciencia
y por todos los que siguen insistiendo
en que se nos puede describir con palabras,
con versos viajeros.
Es hora de empezar a mirar los huecos
supuestamente vacíos
de los que en nuestra mayor parte estamos hechos.