Lo descubrí por esas fiestas
de las que solía salir triste porque no había gustado a nadie.
Lo descubrí cuando una me dijo
que se había fijado en mí en esas fiestas
en las que yo miraba a todas partes.

Descubrí que casi todo depende de nosotros,
de cómo queremos que la vida nos trate,
de cómo queremos responder al mundo
sabiendo que el mundo sabe lo que sabe.

Y así dejé de creer que lo sabía todo,
dejé de sentirme mal por querer creerme demasiado poco importante.
Empecé a darle importancia a quién era yo
y empecé a concentrarme en lo que de verdad
tenía algún dato que aportarme.

Y así vi tus ojos.
Y así me atrapaste.
Y así comprendí que para entenderlo todo
no hace falta mirar a todas partes.

Y así ahora siendo el mismo
voy mirando al suelo por la calle
temiendo gustar a alguien que me mire
porque ahora solo a ti quiero gustarte.

Todo depende de nosotros,
pero a veces qué difícil es sentirse importante
si no viene alguien que nos quiera
y, para que sintamos que importamos, siempre nos acompañe.

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¡Cómo explicarte que estar triste
no quiere decir que no te quiera!
¡Cómo convencerte de que mi miedo a perder
no significa que vivir no merezca la pena!

Lo sé; mis manos tiemblan
como todo lo inestable tiembla.
Lo sé. Soy capaz de llenar
el beso más bonito de tristeza.

Pero no. No es la misma tristeza de los otros;
mi tristeza no está llena de experiencias.
Mi tristeza está llena de días para ti
que me hacen querer explicarte por qué se empieza…
por qué se empieza… por qué todo empieza a ser
sabiendo lo probable que es que muera,
por qué queremos crear algo bonito
sabiendo que cuanto más lo sea
irremediablemente acabará
de una más brutal manera.

Si pudiera convencerte
de lo mucho que demuestra que te quiero mi tristeza.
Si supieras lo que estoy haciendo.
Si supieras que así busco cómo hacer que el amor no muera.
Si supieras que por eso me tiemblan las manos,
que por eso doy besos que parece que no empiezan.

Sé que es difícil de entender,
pero yo haré que lo entiendas.
Haré que entiendas que estar triste
no quiere decir que no te quiera,
es solo mi manera de concentrarme para resolver la vida
para que así no empiece y así no muera.
Si estar triste es la forma de estar juntos para siempre,
soportaré temblando por ti
hasta la tristeza que da siempre todo lo que empieza.

Hacía tiempo que no me sentía así:
raro, pero querido.
Sé que todo depende de mí,
pero es un alivio.
No me ha hablado nadie más que otros días,
puede que ni siquiera nadie me haya escrito,
pero he sentido como si encajara,
con ese derecho a vivir que sentía cuando era niño.

Y ya hacía tiempo que no me sentía así.
Puede que desde aquel primer suicidio,
cuando quise dejar de vivir
porque se me cayó al suelo el puzle casi terminado
de todo lo que había aprendido.

Hoy sin poner ninguna pieza especial,
o no al menos de las que dan sentido,
hoy, aunque he puesto una típica pieza de cielo
he vuelto a sentir el apoyo que a todos se nos da siempre al principio.
Quizá la pieza terminaba el puzle,
quizá ahora empiece a sostenerme todo por lo que he sufrido,
quizá era verdad que todo pasa por algo,
pero su figura no se ve hasta que no está todo unido.

Sea como sea, hoy me sigo sintiendo raro,
pero querido.
Y aunque sé que es cosa mía
por fin me alegro de seguir siendo después de todo
el mismo.

Hate me for all the things I didn’t do for you
Blue October

Ódiame por las pocas cosas
que no he hecho por ti.
Sí, ódiame si quieres por eso.
Ódiame porque te lo prometí,
pero aún no te he bajado todas las estrellas del cielo.
Ódiame porque hay partes del día en que no estoy contigo.
Ódiame porque a veces duermo.
Ódiame porque no siempre apareces tú
en mis sueños.

Pero no me odies
por ser demasiado bueno,
que ya se encarga el mundo
de odiarme por eso.
No me odies porque me preocupe tanto por ti.
No me odies porque a veces tenga celos.
No me odies por meter la pata acordándome de una fecha de más,
por regalarte cosas en días que no debo.
No me odies porque piense tanto en el futuro
y el pasado me parezca lo de menos.

Ódiame si quieres porque no estuve contigo
cuando me fui a comprar un anillo en mal momento.
Ódiame porque a veces me basta con mirarte
y me quedo callado como un tonto y no te contesto.

Pero no me odies por quererte.
No me odies por echarte tanto de menos.
No me odies por decirte demasiado pronto
que te quiero.

Ódiame por las pocas cosas que no he hecho por ti,
por no haber sabido parar el tiempo,
por haber creído que quererte
bastaba para demostrarte que te quiero.

Pero no me odies por querer convencer a tu corazón
cuando ni siquiera puedo controlar mis propios sueños.
No me odies por enamorarme de quien no debía,
que ya me encargo yo de odiarme por eso.

Creo que no tiene nada que ver,
pero yo siempre relaciono vértigo con vertical.
Por eso,
contigo lo que tengo es horizóntigo.
Hay que ver las tonterías que me invento
por echarte de menos aunque estés a mi lado.
Y lo peor es que la palabra existe.
Se puede encontrar por Google.
Pero es que es verdad.
Es que te veo a mi altura,
pero siempre la distancia es demasiada entre los dos.
Y me da horizóntigo.
Y no siento que caigo,
pero me siento en el vacío,
como si no me sujetara el suelo
porque me sujeta verte,
tocarte
estar todos los días contigo.
Y es eso lo que me asusta,
igual que solo se tiene vértigo
si se ve al fondo el suelo.

En inglés horizontigo (como se pronuncie)
es la sensación del que está parado,
pero cree que se mueve su coche al moverse otros.
Yo no sé si me muevo
o te mueves tú,
pero siempre siento que estás lejos.
Y me da horizóntigo.
Y te abrazo
y te aprieto contra mi pecho,
intentando aplastar el vacío
que siempre habrá entre los dos
por no ser uno.

Aprender a convivir con los sentimientos,
ser compañeros de cuerpo.
Que ellos entiendan que nos cuesta entender sus horarios.
Que nosotros entendamos que ellos ya llevan muchos años viviendo.
Que sepan que hacemos ruido
porque así es como nos entendemos.
Que dejemos de protestar
por tener que estar siempre limpiando lo que manchan ellos.
Llevarnos bien,
leer mucho para saber cómo se han comportado en otros cuerpos.
Tener paciencia porque en el fondo
ellos no han cambiado, siguen siendo como niños pequeños.
Que entiendan que, aunque somos capaces
de equilibrarlos y contenerlos,
no nos es siempre fácil,
no es siempre posible estar atentos.

Si la convivencia de por sí es difícil,
cómo no lo va a ser con los sentimientos.
Tengamos paciencia.
Dejémosles más espacio que el que nos dejan ellos.
Que si sabemos manejarlos,
si aprendemos a entenderlos,
al final caeremos en la cuenta
de que no hay mejores compañeros.

tu lengua contra el pasado
Marwan

 Si no nos conocíamos,
¿cómo te puedes llevar tan mal con mi pasado?
¿Cómo puedes hacer
que se retuerza tanto,
si yo nunca he podido con él,
con todas las veces que lo he intentado?

Si no nos conocíamos,
¿o eras aquella que siempre me daba la mano
cuando yo ya no tenía ganas de vivir,
pero notaba que alguien me llevaba arrastrando?

Si no nos conocíamos,
¿cómo puedes saber los puntos débiles de mi pasado?
¿Cómo puedes saber lo que me dijo
para que yo viera al futuro siempre como el malo?

Sí, no nos conocíamos,
pero tú ibas por el camino de al lado,
siempre cerca porque a los dos
aun sin conocernos
nos llevaban al mismo sitio nuestros pasos.

Ya sé que en el fondo era eso
y que nunca se pudo,
y que el beso en tu boca y la mía
quizás se entretuvo.

Ya sé que el amor era eso,
si es que acaso lo hubo,
y que a veces quererse no basta
y que a veces quererse no es justo.

Ya sé que fui yo el que estaba
a tu lado aquel día, el que tuvo
tu mano agarrada algún tiempo,
quizás demasiados segundos.

También sé que te fuiste enfadada
y que mi mano no te sostuvo,
pero el amor solo aguanta si es cierto
y mi alma aguantó
lo que pudo.