Ya no soy el que soy
ya no soy el que quiero
ni el niño listo que nací para ser
ni el hombre tonto en el que me voy convirtiendo.
Voy navegando sin barco
Voy creciendo sin tiempo
Voy sembrando plantas que no nacen
y huyendo por el viento.

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Todo lo que hice fue
para ver si me querías
y ¡ya ves! me querías y ahora siento
que por mi culpa te perdí.
He sido siempre
torpe en el amor
como el niño que rompe su juguete
torpe en el amor
si es que alguna vez he sido algo,
si es que era amor.

He sido siempre
un fantasma volando por el tiempo
creyendo saber que no sabe nada
intentando demostrarte que eras todo
lo que quería para mí.

Y te has cansado
porque a nadie le gusta el torpe abrazo
del que no sabe cuidar lo que más quiere
y torpemente
lo va dejando partir.

Y no puedo, y no puedo
y siento que no puedo.
Siento que la gente se me va.
Siento que la gente
no entiende lo que pasa,
que protesta pero no comprende,
que se queja y después se olvida,
que se conforma con vivir bien
y solo se pregunta lo que les preguntan.

Y no puedo, no puedo,
no puedo dejar de preguntarme
para qué vale todo,
por qué hay tantas cosas que le gustan a la gente
y que a mí me dejan completamente indiferente,
por qué a la gente no le gusta lo que digo,
por qué a veces me parece que están todos contra mí.

Y no puedo, y no puedo,
pero muchas veces me dicen que sí puedo
y muchas veces me olvido de todo y me pongo a vivir,
y me dejo convencer de que se puede.

Pero no se puede,
no se puede vivir con tantas preguntas,
al menos mientras siga habiendo tan pocas respuestas,
escondidas entre millones de respuestas
cada vez más rápidas,
y cada vez más modernas,
pero cada vez más inútiles
y cada vez más lejos de la vida,
o lo que sea este raro espacio
en el que un día nos empezamos a mover.