Si por algo merece la pena escribir
es por los que están solos,
por los que sienten,
por los que aún tienen la incertidumbre
de si es verdad
que un día todo se entiende.
Por los que están hartos
de la gente,
por los que son raros,
por la gente a la que divierten,
por los que aún siguen suspirando
porque se creen diferentes,
por los que nunca escribirían
porque es deprimente.

Si por algo merece la pena escribir
es porque a veces
uno querría comprender tan bien la vida
como los que nunca quieren.

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Puedo inventar poemas.
Y me salen bien. Son bonitos.
Pero no se pueden comparar
con los que te escribo a ti. Son muy distintos.
Porque contigo es como si le dieras una patada a un balón
y la estallaras porque por un hueco la válvula se había salido.
Tú tocas el alma de mis cosas.
Es como si me mantearas cuando escribo.
Es como verlo todo estando muerto,
pero seguir vivo.
Es como no entender nada al escribir,
pero entenderlo todo cuando ya está escrito,
como sumergirme en las profundidades del amor
y no entender qué he hecho hasta que no he salido.
Contigo es más sencillo encontrar
el camino que he creído tomar cada vez que he escrito.
Contigo sé mucho mejor lo que me pasa.
Sé quién he intentado ser siempre,
contigo.

Se puede poner la cara con forma de sonrisa
sin estar sonriendo.
Se puede abrir los brazos y apretar
sin estar dando un abrazo.
Se puede estar leyendo un libro bueno
y no querer seguir leyendo,
respirar sin oler,
dejarse llevar,
dar patadas al aire
y sentirse solo rodeado de palabras, de libros,
de historias que no quieres que sucedan,
pero que ya ves que van sucediendo
a tu alrededor,
y que eres el eje que no gira,
pero el eje de otro mundo,
de otra soledad,
de otra vida.
Y puedes poner cara en forma de sonrisa
sin estar sonriendo,
y, aun así, sonreír.
Pero eso nadie lo ve
y, por eso, nadie te sigue leyendo.

A veces querer es la opción más fácil.
No nos llevamos bien, pero te quiero.
Ahora no nos apetece besarnos,
pero eso ya lo hablaremos luego,
que ahora no me apetece estar
un mes echándote de menos.

A veces querer es la opción más fácil.
¿Qué más da que nuestra relación sea peor que la de ellos?
Hemos conseguido aprender a aparentar
que nos queremos,
lo que sea para que no nos vuelvan a recriminar
que seguimos solteros.

A veces querer es la opción más fácil
y no importa lo que digan los recuerdos.
Ellos conocen como nosotros nuestro miedo a estar solos
y a ser distintos al resto.

A veces querer es la opción más fácil
en este mundo en el que demasiados tequieros
se dicen por temor a estar
vergonzosamente solteros

Tú te acuestas y me dejas así solo
en las horas en las que más sabes que pienso.
Y se pasean mundos por mi cuarto
y hasta toco la vida y solo yo la entiendo.
A veces llego hasta a olvidarme de ti.
Lo siento.
Pero es que llego a olvidar hasta que existo.
Escribo mucho y leo.
Y tú dormida como si no pasara nada,
como si no estuviera soltando versos tristes por el techo.
Al día siguiente te despiertas
y mis versos y yo disimulamos y nos posamos por el suelo,
como juguetes que cobran vida por las noches
y por el día vuelven a convertirse en juegos.

Treinta y uno.
Empiezo a pensar
que voy a ser siempre así,
que va a ser siempre así.
Que no se cambia
aunque se madura.
Tendré que empezar a vivir con lo que ya tengo,
dejar de confiar en que algún día seré mejor,
en que todo era un entrenamiento.

Llevo viviendo desde que empecé.
Es difícil de creer
pero quizás en lo que se cambia es en eso,
en entender por fin que no se cambia,
en aceptar por fin las cosas que tenemos
como nuestra personalidad.
Empezar a ver que somos una figura
como el resto,
que no estamos tan difuminados
como sugieren nuestros pensamientos,
que hay gente que nos ve,
que hay gente que piensa en nosotros
y para los que somos los otros en sus miedos,
que hay quienes probablemente nos tengan envidia
porque nos ven igual que les vemos nosotros a ellos:
desde fuera, sin entender
que todos empezamos a vivir desde el comienzo,
que todos nos preparamos mucho para no cambiar nunca
aunque un día cambiemos
en la forma de entenderlo todo,
de saber que somos algo y que somos ciertos.

Treinta y uno y sigo aquí,
igual de bueno,
o igual de malo, no lo sé,
el caso es que con la figura al fin cerrada en el espejo.
Por fin levanto el brazo izquierdo y no parece
que esté levantando el derecho.

A veces se me atascan las penas
y quiero llorarlas pero no salen.
Y entonces parece que no se puede hacer ya nada
para que la tristeza acabe.

A veces se me atascan los versos
y quiero escribirlos pero no caen.
Y entonces parece que nunca caerán
y que habrá poesías siempre que me amarguen.

Es mejor ahí dejarlo todo,
dejar que todo pase.
Ya habrá tiempo para las lágrimas
y para que los versos se levanten.

La tristeza tiene días
con ansia de ser sangre,
de querer tenernos siempre
oliendo como ella a tarde.

Por eso hay que ignorarla,
que no nos amenace,
que asusta, sí, estar triste,
pero es raro que al tiempo no se pase.

Pero si soy capaz de saber que te pasa algo
aunque me escribas exactamente lo mismo que otros días.
Cómo quieres que no note en tus ojos
que te he dicho algo que no debía.

Si soy capaz de detectar manchas
en el vaho que dejas en la ventanilla del coche.
Cómo quieres que no note en tus ojos
que un «para siempre» excluye irremediablemente algunas noches.

Si soy capaz de morirme
para estar seguro de empezar de nuevo.
Cómo quieres que no agache los ojos
y torture, hasta encontrar al culpable, a mis sentimientos.

Soy capaz de todo.
No te calles, por favor, ni empieces a mirar de lado.
Mírame a los ojos y dime qué te pasa
que haré lo que haga falta para solucionarlo.

¡Cómo explicarte que estar triste
no quiere decir que no te quiera!
¡Cómo convencerte de que mi miedo a perder
no significa que vivir no merezca la pena!

Lo sé; mis manos tiemblan
como todo lo inestable tiembla.
Lo sé. Soy capaz de llenar
el beso más bonito de tristeza.

Pero no. No es la misma tristeza de los otros;
mi tristeza no está llena de experiencias.
Mi tristeza está llena de días para ti
que me hacen querer explicarte por qué se empieza…
por qué se empieza… por qué todo empieza a ser
sabiendo lo probable que es que muera,
por qué queremos crear algo bonito
sabiendo que cuanto más lo sea
irremediablemente acabará
de una más brutal manera.

Si pudiera convencerte
de lo mucho que demuestra que te quiero mi tristeza.
Si supieras lo que estoy haciendo.
Si supieras que así busco cómo hacer que el amor no muera.
Si supieras que por eso me tiemblan las manos,
que por eso doy besos que parece que no empiezan.

Sé que es difícil de entender,
pero yo haré que lo entiendas.
Haré que entiendas que estar triste
no quiere decir que no te quiera,
es solo mi manera de concentrarme para resolver la vida
para que así no empiece y así no muera.
Si estar triste es la forma de estar juntos para siempre,
soportaré temblando por ti
hasta la tristeza que da siempre todo lo que empieza.

Me gustaría darte la oportunidad
de verte a ti mismo a través de mis ojos
Frida Kahlo

Que por un día me vieras como yo te veo.
Mucha gente lo sueña.
Yo lo sueño.
Que por un día
pudieras verlo
y me dijeras si lo que sientes por mí
es lo mismo que yo siento.
Que se acabaran de una vez
los tequieros
y esas palabras que nunca
consiguen arrastrar consigo verdaderos sentimientos.
Que vieras lo que es un día para mí sin ti
y fuera igual de triste que cuando tú me echas de menos.

Si por un día me vieras como yo te veo,
se acabaría el miedo a estar solo en el mundo,
se acabarían los celos,
se acabaría pensar
que amar es solo encontrar a una persona con la que la vida duela menos.
Se acabaría suponer
que solo me quieres porque soy bueno.

Si por un día comprobaras que me ves
como yo te veo…
Se demostraría que el amor
es la única manera de ser el mismo en otro cuerpo,
de estar en dos sitios a la vez,
de verse desde fuera sin dejar de estar dentro,
la única manera
de ser por una vez dos contra uno contra el tiempo.