NANA DE LA PRINCESA

Se dormirá la princesa. Se dormirá
entre almohadas de nubes
y sábanas de mar;
entre cisnes que nadan
en lagos de cristal.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
entre estrellas fugaces
y sueños de coral.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y sus labios juguetones
se irán a otro lugar.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y soñará con un príncipe
que siempre la amará.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
en un colchón de plumas
y de felicidad.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y el príncipe entonces
dejará de cantar

Ya bosteza la princesa.
Ya bosteza
su boquita de cereza.

Ya bosteza la princesa.
Ya bosteza.
Dejémosla que se duerma…

Ya no llora la rosa.
Ya no lloran
sus pupilas rojas.

Ya no llora la rosa.
Ya no llora.
Dejémosla que ría ahora…

Ya navega lentamente
el cisne por la fuente.
Ya no siente.

Ya se aleja dulcemente
el cisne por la fuente.
Dejémosle que se aleje…

¡Enamórate, rosa!
Ya estoy enamorada.
Si en verdad lo estuvieras,
no estarías tan blanca.

Yo he visto rosas rojas
amantes del amor
y por enamoradas
ése era su color.

¡Ay! No me digas eso,
que yo por el amor
me puse así de blanca,
pues di hasta mi color.

En el vidrio angustioso de los fanales
Pablo García Baena

¡No metáis a la rosa en el fanal!
¡No metáis a la rosa!
¡Mirad a la princesa
tan dulce y tan hermosa
y con tanta libertad!

¡No metáis a la rosa en el fanal!
¡No metáis a la rosa!

No daré nunca mi flor
a quien no quiera
guardarla en su corazón
y para siempre tenerla.

No daré nunca mi flor
–me decía la princesa–
a quien no me dé su amor
con las manos bien abiertas.

Yo no te pido tu flor
–le respondí a la princesa–
sino el amor
que se agazapa tras ella.

Yo no te pido tu flor
pero si me lo pidieras
en mi dulce corazón
la guardaría eterna.

¡Ay! Pues toma tú mi flor,
mi virgen flor de princesa,
pues tu verdadero amor
me ha prometido quererla.

Sangrando me dio su flor,
su flor me dio la princesa
y la metí en mi corazón
para siempre ya tenerla.

Sangrando en mi corazón
la flor de la princesa
riega mi sangre de amor
y juguetea por mis venas.

¡Oh, virgen flor
de la princesa!
¡Oh, virgen flor
de felicidad eterna!

La rosa estaba segura
en el jardín junto al viento
porque éste no le arrancaba
sus inmaculados pétalos.

Le dijo el viento a la rosa.
Le dijo a la rosa el viento:
Si no me lo pides, nunca,
nunca arrancaré tus pétalos.
¿Por qué querría arrancarte
esos adornos tan bellos?
¿Para qué querría ya
si no son tuyos tenerlos?

Segura estaba la rosa
en el jardín junto al viento
porque él la respetaba
y respetaba sus pétalos.

Cisne, cisne, ¿por qué lloras?
¿Cómo no voy a llorar
si no hay quien conmigo rime
como con los demás?

Pues para que tú no llores,
dulcisne voy a inventar.
¿y qué es dulcisne poeta?
¿Y qué es dulcisne Juan?

Es la lágrima más dulce
que una princesa jamás
ha llorado por el príncipe
que nunca la amará.

Le dijo: Tú sueña siempre,
que soñar no cuesta nada,
y ella le dijo que nunca,
que nunca nunca soñaba.

Que eran deseos sus sueños
y sus noches esperanza.

Él le respondió que entonces
siempre siempre deseara.

Ella le regaló un beso
que duró hasta la mañana.
Le dijo: Ojalá esta noche
nunca nunca se acabara,
y se apretujó en su pecho
a su derecha acostada.

Le dijo que siempre siempre
dormiría en su cama.

Eran sus deseos sueños
y sus noches esperanza.