El problema no es estar solo.
Hay mucha gente que es feliz estando sola.
El problema somos los que estamos solos y empezamos a creer
que estamos así porque hacemos mal las cosas.

El problema somos los que nos vamos viendo tentados a pensar
que ser sinceros es de gente tonta,
que no se debe hablar con el corazón,
que eso rara vez enamora,
que somos demasiado blandos,
que no pasa nada por estar sin hablar unas horas,
que echar de menos es raro,
que es de gente que no tiene vida, que no se distrae con otras cosas.

El problema somos los que nos exigimos demasiado
y siempre nos estamos poniendo notas
y la asignatura a la que más valor le damos
es a la de la opinión que de nosotros creemos que tienen otras personas.

El problema no es estar solos.
El problema somos los que pensamos
que eso significa que nadie nos soporta,
los que no sabemos ver más allá
con lo listos que somos para otras cosas.

Lo bueno es que al final así encontramos
a la persona que de verdad nos valora,
a la que sabe apreciar nuestras torpezas
y sabe ver que fingimos cuando hacemos como que no nos importa.

Es verdad que es un problema no saber estar solo,
pero peor aún es estar con la persona errónea,
peor es estar con alguien con quien no poder hablar con el corazón,
algo que puede despertar admiración, pero que desde luego no enamora,
peor es no echar de menos,
tener una vida vacía, pero con una actividad cada hora.

Es fácil hacer que alguien nos necesite.
Lo malo es que eso puede llegar y hacerlo mejor
cualquier otra persona.

Por eso lo mejor es ser uno mismo
para que la persona con la que estemos no pueda encontrar nunca
lo mismo en otra.

Y es que el problema somos los que escondemos nuestros tesoros
para que nos aprecien los que valoran las cosas tontas.
Menos mal que al fin y al cabo esos nunca nos interesarán
porque en el fondo sabemos que siempre nos hemos puesto buena nota.

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