He dicho muchas cosas.
He hablado del amor.
He creído capturar sentimientos
y algunas veces al leerlos hasta he sentido un poco de emoción.
Me he ido librando de las penas.
Eso, si me he acordado de que al escribir se me calma un poco la voz.
Pero no he sabido condenar palabras al olvido,
para que no me recordaran inútilmente lo que ya acabó.

Ahora, en estos tiempos en que todo encaja,
cuando por fin escribir no es solo vaciar el corazón,
cuando no hay tema que me asuste,
cuando puedo llorar sin tenerme que pedir luego perdón.
Ahora siento al escribir una emoción parecida
a la que sentía al leer los versos más tristes que la vida me arrancó.
Y veo que no era tristeza, que no era pena
ni dolor,
que hay un sentimiento de existencia
más profundo al fondo del corazón.
Es un sentimiento que tienen las personas más felices,
pero también las personas que están tan tristes como llegué a estarlo yo.
Ese sentimiento puede parecer malo o bueno
dependiendo de la situación,
dependiendo de si no saber para qué estamos
se toma como la respuesta que se guarda un malvado dios
o si lo tomamos en cambio como un interesante y libre
signo de interrogación.
Lo malo es que a veces no podemos elegir cómo mirarlo.
Pero sí podemos elegir nuestra reacción;
igual que cuando nos hacen una pregunta
podemos contestar… o no.

Lo bonito es saber que hay un secreto
al fondo del corazón
y que somos capaces de verlo
si somos capaces de ver más allá del dolor.
Porque las cosas nos pueden doler mucho,
puede ser incluso injusto que a nosotros nos pasen tantas desgracias y a otros no,
pero sentir ese dolor demuestra
que estamos en disposición
de ser felices si entendemos que a cualquier pregunta del mundo
se puede responder que sí, pero también que no,
y que decir que no no siempre es malo
por mucho que la pregunta nos la haga el corazón.

Yo he dicho muchas cosas,
hasta he hablado mal del amor
y he sufrido posiblemente demasiado
porque hay penas a las que hasta que no estuve a tu lado no supe decirles NO.
No entendía que decirle no a la muerte, a los recuerdos,
a algunos versos, a la vida que ya se acabó
no es olvidarlos para siempre,
es dejarlos como estaban
cuando la muerte se los llevó,
igual que el que vive lejos de alguien querido
y aunque lo nota no sufre
porque no sabe en verdad que hace ya tiempo que murió.
La vida, pase lo que pase, es siempre vida mientras dura
y a cualquier cosa que demuestre lo contrario basta con decirle: NO.

En esos días en que siento
que el amor no sirve para nada,
que la muerte no sirve para nada,
que nada sirve para nada,
que vivimos por error,
que tal vez nuestra vida
es un espejo en nuestros ojos.

En esos días en que siento
que ni tú me sirves para nada,
que la gente muere porque sí,
y que no importa.
En esos días…

En esos días pienso
que quizás lo mejor es olvidarse
y tratar de distraerse
en esta vida que no importa cuándo acabe
porque morir no sirve para nada,
en esta vida en la que amar mientras
empieza a parecerme
una aburrida distracción
que no lleva a ninguna parte
aunque a veces consiga
que llegue a pensar que tal vez
hay algo que no entiendo
y es eso por lo que quizás
puede ser que merezca la pena seguir viviendo.

¿Crees que nos ha unido la tristeza?
Yo creo que todo el mundo está triste. No es eso.
Es más bien la manera que tenemos de entender
la tristeza de la gente como fallo nuestro.
Es más bien la necesidad de que alguien entienda también nuestra pena
y sepa detectar cuál es el motivo verdadero.
No es lo triste de la vida.
No es que todos acabemos muriendo.
Es la angustia de sentirse queridos,
pero siempre encontrar un motivo por el que no deberían querernos.
Es la sensación de que otros siempre merecen más,
de que nosotros solo estamos fingiendo.

Por eso estamos juntos.
Por eso nos entendemos,
porque sabemos distinguir la cara del culpable
de la cara que ponen los que asumen la culpa del mundo al ser tan buenos,
porque los dos llevamos años entrenando solos
para seguir adelante a pesar de nuestros muchos defectos,
porque los dos sabemos al fin y al cabo
cómo querer a alguien aunque no haya ningún motivo para hacerlo,
porque los dos nos manejamos bien entre las penas,
porque a los dos el mundo nos parece un fallo nuestro,
porque a los dos nos da la sensación de que este amor
es nuestro primer acierto.

¿Crees que nos ha unido la tristeza? No exactamente.
Nos ha unido el haber sabido convivir con ella tanto tiempo.

Ya no.
Con lo fácil que era hacerlo bien.
¿Fácil?
Pero si es que yo no soy así.
¿Por qué cambia tanto querer?
¿Cambia o saca lo que soy?
No es fácil hacerlo bien.
Es imposible.
Siendo como soy.
Siendo como somos.
Por eso hay que encontrar a la persona
con quien no importe hacerlo mal
si es que queremos querer
si es que queremos hacer bien
lo que de manera irremediable se hace mal.

Me das el tiempo que te sobra
y yo a ti el tiempo que no existe.
Lo que no es posible lo convierto en verso,
pero a ti demasiadas cosas te parecen imposibles.
Hay cosas que te digo y te da igual no comprenderlas.
Yo investigo si no entiendo lo que dices.
Hay demasiadas cosas que me has hecho aprender de la vida,
debería empezar otra vez a vivir para entender bien cómo vives.
Y aun así dices que no sabes si soy yo lo que buscas
y yo creo que es porque no consigo darte todo lo que pides.
Tal vez si a mí no me sobrara tanto tiempo,
si no supiera que las cosas más bonitas son las que parece que no existen,
si no inventara tantos sentimientos
para entenderme cada vez que estoy triste,
si no quisiera saber tanto de la vida,
si no tratara de creerme siempre todo lo que me dicen.
Tal vez
si volviera a aprender a reírme,
si me parara a pensar por qué te quiero realmente,
si pudiera distinguir lo que necesitas de lo que creo que me pides,
tal vez entonces te faltaría tiempo para darme,
o tal vez yo sabría que no eres tú por la que merece la pena
inventar cosas que no existen.

Y ya está.
Hemos pasado
la esquina más difícil de pasar.
Hemos aprendido
que decir las cosas
también es importante para amar.
Ya solo nos queda
dejar la vida pasar
que si yo me quedo pensativo
no dudes ni un segundo en protestar,
que si tú te quedas sin respuestas,
yo me quede sin ganas de preguntar,
que no queramos entenderlo todo
porque eso no es amar:
eso es intentar buscar excusas
para no vivir como los demás,
eso es intentar parar la esfera
sin quererla realmente parar,
eso es quejarse de vivir con algo
sin lo cual no nos podríamos quejar,
eso es creer que un sentimiento
es algo más que un trozo de metal.
Y ya está,
¿para qué queremos mejorar algo
que lo único que hace de esa forma es empeorar?
¿para qué queremos llenar de adornos algo
que está muy bien ya como está,
que ni es nada ni lo es todo,
pero que es algo
y ya está?

Hay personas que llegan así:
poco a poco.
Un día las ves y no pasa nada,
pero ya no vuelves a ver nada del mismo modo.
Hay personas así:
van poniendo una pequeña parte de ellos
en todo.
No irrumpen con fuerza;
pero la felicidad tampoco.
Por eso, cuando uno se enamora de ellos
no se produce ningún trastorno.
El corazón hacía tiempo
que ya lo tenía preparado todo.

Hay personas a las que se quiere así,
como si fueran una parte de nosotros,
como si hubieran estado siempre ahí,
como si nos hubieran seguido para saber cómo somos.

Y es una persona así
la que hace un tiempo me besó poco a poco,
la que me puso una parte de ella
en todo,
la que me hizo feliz porque me enseñó
que para serlo no hace falta convertirse en otro,
que todos podemos ser felices
si una de esas personas nos coge de la mano y nos enseña cómo.

Si es que hasta le has dado sentido
a mi tristeza pasada.
Para llegar a esto
me tocó sufrir.
Tenía que ver todo lo que no quería
para saber que no es un capricho quererte a ti.
Tenía que ver lo triste que puede llegar a ser todo
para que no pareciera un enamoramiento loco quererte así.

Incluso a mi tristeza futura le has dado sentido.
Cualquier pena será ya una tontería para mí.
No hay nada que pueda entristecer a la persona
a la que le ha salido bien hasta sufrir.