A veces la vida se rompe en pedazos,
en pedazos terribles de ignorantes lágrimas,
y hay muchas palabras, muchos amigos,
pero solo el tiempo parece capaz de consolarlas.

A veces la vida lo destruye todo,
todo, sí, pero deja la nostalgia,
deja el pensamiento, los recuerdos, la tristeza,
deja el amargo sabor del mañana.

A veces la vida se queda vacía
y solo el alma puede rellenarla,
pero el alma está llena de dolor y de amargura,
de pedazos de terribles e ignorantes lágrimas.

Anuncios

(Van pasando los años…)
Para los recuerdos lo lejos es imposible.
El tiempo llama a gritos pero no hay manera
de volver al otro lado.
La vida está partida
en momentos del pasado.
Los que se fueron no vuelven
y los que vuelven es que en verdad nunca se marcharon.
Los latidos lo marcan:
Silencio. Latido. Silencio.
Eso da igual para los que nunca se enamoraron.
Silencio. Mujer. Silencio.
Pasado. Latido. Pasado.
En el pecho una sombra. Un temblor en las manos.
Ojalá nunca me hubieran besado.
Todo. Latido. Todo.
Todo termina acabando.
Como la vida, como las fotos de mi cuarto,
como las cosas que un día veo
y al siguiente creo que he soñado.
Los recuerdos están tan lejos…
Nadie ha logrado alcanzarlos.
Pero se siguen viendo, se siguen viendo
allí al otro lado
y siguen sonando y siguen oliendo
y siguen teniendo algo que contarnos,
siguen teniendo sabor a vida,
sabor a poder recuperarlos.

Silencio. Latido. Silencio.
Giro la cabeza. Cierro los ojos. Ando.
Me pongo la mano en el corazón.
Noto que me falta algo.
Son más largos los latidos
del que no está enamorado,
del que no tiene la vida partida
en mil pedazos,
del que no tiene millones de recuerdos
y trata de alcanzarlos.

La vida es Silencio. Latido. Silencio. Silencio. Silencio…
El silencio acaba siendo cada vez más largo,
hasta que ni siquiera los recuerdos
son capaces ya de despertarnos.

¿A dónde se fue, Pepe,
la última vez que la viste?
¿Por qué sólo se fue detrás de ella
tu mirada triste…?

¿A dónde se fue, Pepe?
¿Por qué razón no la seguiste
por el camino empedrado de adioses
si estabas tan triste?

¿A dónde se fue, Pepe,
la última vez que la viste?
¿Por qué no quisiste ir a ese lugar?
¿Por qué no quisiste?

No es cansancio, ni es miedo ni es pereza
lo que sientes desde el corazón a la cabeza.
No es flaqueza.
Lo que sientes, Pepe,
lo que sientes es tristeza.

Es amargo sabor por la certeza
de haber dejado ir el amor y su pureza.
No es blandeza.
Lo que sientes, Pepe,
lo que sientes es tristeza.

Tu alma con la muerte no tropieza
ni el aburrimiento de lágrimas la enjaeza.
No bosteza.
Lo que siente, Pepe,
lo que siente es tristeza.

No murió él;
murió el poeta.
Murió el ángel
capaz de distinguir lágrimas entre la lluvia.
Murió el niño.

No murió él;
murió el poeta.
Murió el ángel
que encontraba cisnes en las nubes.
Murió el niño.

¡Llorad!
Porque no murió él,
murió el poeta
que lloraba los días grises.
Murió el niño.

A veces me gustaría dejar de comprender,
igual que los animales,
y que lo bello fuera inútil para mí
como lo son los fuegos artificiales.

Me gustaría a veces no entender,
como le pasa a los ríos,
y así olvidar que los cauces que recorro
estarían sin mí mejor, vacíos.

A veces me gustaría no tener
ojos como, yo qué sé, los mirlos,
no porque ya no quiera luz
sino para no poder ni siquiera abrirlos.

A veces me gustaría no pensar,
ser como una roca,
y así no estremecerme cada vez
que tu mano me hace daño pero no me toca.

Si hubiera sido ella… ¡claro!
pero tampoco fue
ni esta que viene ahora
ni la que se fue con él.

Si hubiera sido ella… ¡tonto!
ella nunca fue
y tú lo sabías entonces
pero no lo querías saber.

Si hubiera sido ella… ahora
ya no tendrías por qué
seguir suspirando por alguien
que nunca fue.

Has vuelto derramando mi vida por el suelo.
Los años que creí que me alejaban de tu lado
me han llevado al mismo sitio del que me fui.
Las poesías me engañaron,
las estrellas señalaron el lugar en donde estabas,
el refugio del amor donde te escondía de mí.
Has sido lo que fuiste y te he amado como siempre
y he vuelto a estremecerme al darte un beso,
y las fotos que en mi cuarto se resistieron a morir
sonríen y me miran tiernamente
probablemente porque saben que nunca me olvidé de ti.
Has vuelto a deshacer mis noches de vacío en lágrimas.
Has echado por tierra todo lo que aprendí para enterrarte.
Atraviesas las murallas que construí en los años,
en los años en los que menos ganas tenía de vivir.
Me has dejado contando los días para verte.
Me has dejado inventando excusas para no besarte,
para no darte los pocos sueños que entonces no te di.
Has vuelto y sé que no debería
reconciliarme con las cosas que odié cuando nos fuimos
ni escuchar los recuerdos que amordacé cuando me fui
ni envainar las armas que prometí usar contra ti cuando volvieras
ni dejar de pensar y seguir.
Has vuelto y debería ser fuerte
como cuando dejé de verte y aprendí a querer yo solo
y aprendí a hablar a otras chicas que no se parecían a ti.
Ya soy otro pero a tu lado vuelvo a ser el mismo
y siento que fueron inútiles las noches en que aprendí a odiarte,
las noches que dedicaba a recordar cómo me hundiste
y me enseñaste que el amor también fracasa, y tiene fin.
Ya soy otro, probablemente otro.
Tú lo sabes. No te importa.
Sea como sea tú eres otra y no te irás hasta que te apoderes de mí.
Por eso has vuelto, porque ahora sabes
que yo tenía razón cuando decía que el amor era eterno,
cuando te prometía que nos querríamos siempre
y tú te quedabas callada porque no sabías qué decir.
Has vuelto y, ¿sabes lo peor de todo?
Que en el fondo de mi alma sé que debería amar de nuevo
que eres la mujer de mi vida y que jamás encontraré a otra
que cumpla los años el nueve de abril,
pero en lo más hondo de mi pecho
un recuerdo abandonado me dice que no vuelva a amarte
como aquella tarde tan rara en la que te pedí
tu corazón para siempre mientras te daba el mío
sin saber que jamás volvería a mí.
Y es en estas noches, en las que sé que has vuelto,
cuando más ganas tengo de volver a tu lado
cuando menos ganas tengo de volver junto a ti.

Perdí la felicidad,
no sé, fue un día,
de repente vi que poco a poco
se me había ido acabando la alegría.

Perdí las ganas de vivir,
no sé, fue una noche,
de repente vi que las estrellas
ya no alumbraban en mi nombre.

Perdí las esperanzas,
no sé, fue una tarde, o dos, o tres, o cuatro.
El futuro fue cerrando las pestañas
al bajar la persiana de mi cuarto.

Y un día, sí, lo sé, aquel día
escuché aquella música, vi esas fotos
y al salir de mi cuarto sonriendo
supe que volvía a ser otro.