Cuando me quedé pensando
creías que pensaba en ti.

Y no pensaba en ti.
Creías que lo hacía,
pero no pensaba en ti.

No pensaba en ti
porque no piensa
quien tiene el corazón a flote.

No pensaba en ti
porque pensar en ti es poco
comparado con todo lo que quiero
hacer contigo.

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No hay nada más terrible para mí
que un viaje.
Y entonces ahora pienso:
¿Para qué inventaron
los vuelos, las esperas,
las ganas de llegar muy lejos,
el ansia de llegar a conocer personas
que solo conoceré
porque quisieron ellos.
¡No más viajes, por favor!
Que voy sintiendo
que mi alma no da más de sí
en este mundo tan pequeño.