Como las olas, que a golpes van
acercándose a mis chanclas
y las rozan poco a poco
y las arrastran luego lentamente
hasta acercarlas a otras olas
para expulsarlas después.
Como las olas,
que tras ese jugueteo con mis chanclas
finalmente las engullen
y las van llevando adentro
más y más lejos de la orilla
hasta hacerlas desaparecer.
Como las olas,
que aunque empujan hacia fuera
engullen hacia dentro.
Como las olas.
Así es el amor.
Y yo
como unas chanclas en la orilla,
aceptando que me arrastren,
con la sola resistencia
de unos surcos en la arena,
de unos surcos que son solo
caricias que enseguida
las olas borrarán.

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