Creía que contigo iba a ser distinto
que no íbamos a discutir,
que no me ibas a poner celoso
ni yo te iba a poner celosa a ti.
Creía que podríamos estar lejos
y no tener que dudar ni pensar mal ni sufrir.
Creía que contigo me iba a enamorar de otra manera.
Creía que esta vez eras tú por fin.

Y no es distinto porque eres lo mismo que he querido siempre,
pero lo es porque contigo soy feliz.
No es distinto porque contigo también hay discusiones,
pero lo es porque ahora acaban antes de empezar a discutir.
No es distinto porque sigo poniéndome celoso,
pero ahora del idiota que antes de conocerte fui.
No es distinto porque sigo dudando cuando estás lejos,
pero la duda ahora es por qué no me fui detrás de ti.
No es distinto porque de ti también estoy enamorado,
pero lo es porque esta vez lo he hecho sin desenamorarme de mí.
No es distinto porque tampoco eres tú la definitiva,
pero no lo eres porque no quiero relacionar contigo nada que contenga la palabra fin.
Y no es distinto porque con otras siempre quise también que continuara;
lo que no sabía es que ya entonces quería que continuara junto a ti.

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¿Celos? Ja, ja.
Esto no son celos.
Esto es que estoy enamorado de ti,
que hasta te echo de menos cuando parpadeo.
Esto es que el miedo de perderte
bloquea lo que sé del mundo cuando estás lejos.
Esto es que temo que alguien descubra en ti
lo que me hizo a mí seguir viviendo.
Es que temo que mirando a otro
te asuste lo mucho que te quiero.

¿Celos? No sé si serán celos.
No es que me importe que hables con uno
ni que él te intente dar un beso,
lo que me importa es haberte conocido tan tarde
cuando ya todo parece poco tiempo,
cuando ya tengo demasiado amor guardado
y la prisa me obliga a sacarlo poco hecho.

¿Celos? Sí, creo que así los llaman,
pero en verdad son pizcas crudas de amor eterno,
que tiene que adaptarse a mis sentidos,
que tiene que aceptar que existe el tiempo.

¿Celos? Sí, seguramente celos.
Celos de que el amor en ti no se desborde,
de que sean demasiado largos tus parpadeos.
Celos de estar lejos de ti a veces
y que no se te note en la voz ni un poco de miedo.

¿Celos? Sí, celos.
Celos de que a veces me hagas plantearme
si es normal lo mucho que te quiero.

Ya apagaron las luces de las calles
que paseaban cogidas de mi mano.
Yo sigo paseando a veces solo
buscando algún recuerdo en el asfalto.

Ya apagaron las luces de las calles
el triste amanecer del que ya ha amado,
el triste corazón que añoró un beso
que jamás, en verdad, le habían dado.

Ya apagaron las luces de las calles
por las que yo iba siempre enamorado,
por donde iba pensando que era amor
lo que solo era andar por el asfalto.

Ya apagaron las luces de esas calles…
Ni siquiera sé ya por dónde ando.
Ni siquiera me saben a recuerdos
las lágrimas de ayer que voy pisando.