¿Es este el primer domingo
en que estoy triste pero feliz?
Es la primera vez, al menos,
en la que me hace gracia tenerme que arrepentir.
Ya sabía cuando troceé mi corazón
que me iba a sentir muchos domingos así.
Por fin lo acepto.
Por fin empiezo a entender por qué crea tanta adicción vivir.
No es por estar feliz los domingos,
es por saber estar así también feliz:
triste, pero satisfecho,
sin ganas de seguir viviendo, pero sin ganas de morir,
en una de esas grietas necesarias
para que cuando haga falta
la vida sepa por dónde se tiene que partir.

¿Es este mi primer domingo alegre?
No…, pero sí.