Me llegó el alma una noche
con una de sus orgullosas preguntas:
¿No te dije hace ya tiempo
que pronto te amaría alguna,
que esperaras tranquilo
que vendría una a besarte con ternura?

Yo le respondí con ese tono amargo
con el que se le habla al alma cuando es inoportuna.
¿Y no te dije yo que sí,
que no había prisa alguna,
que esperaríamos a que viniera
la que supiera lo que hacer con las heridas que no se curan?
Pero es que tú no entendías
que para mí la espera era una tortura,
que tú eres espíritu y te pones triste
pero yo soy también cuerpo y me duele si me arrugan,
que a ti te pone melancólica,
pero a mí me puede volver loco la luna,
que los sueños para ti son algo más
pero a mí si no se cumplen me derrumban
y que a ti el tiempo te da igual
pero a mí la muerte me asusta.

El alma respondió: Sí, es verdad,
tu dolor no se puede comparar con mi amargura.
Yo soy aire y me atraviesan
los rayos de la luna.
Y es verdad que seguiré viva
cuando tu sonrisa deje de esconder las heridas que no se curan.
Pero tienes que saber
que quizás es mejor vivir sólo lo que la vida dura,
que es mejor saber por qué duelen las cosas cuando duelen,
algo que mi tristeza no tiene claro casi nunca,
que tú te irás y yo me quedaré, sí,
pero me quedaré sin ti, viviré desde entonces a oscuras
y no podré soñar ya para ti
los sueños que te preparo cada noche para que no sufras,
los que te preparaba, no sé si acertadamente,
para que tu espera no fuera una tortura,
los que preparé para celebrar
que llegara ella y te besara con esa ternura
cuando yo empezaba a estar ya inquieta
porque no encontrabas a ninguna,
porque ninguna parecía entender
esa brusca dulzura tuya,
cuando el tiempo pasaba y tú no querías estar más solo
y yo no sabía ya cómo hacer para disimular mi angustia.
No digas que no entiendo tu dolor
porque a mí tu muerte, quizás no me duele como a ti,
pero también me asusta.

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Si esta noche pudiera decirte lo que siento,
llamarte por teléfono y susurrarte al oído
palabras tan lejanas como tu amor del mío,
no estaría escribiendo estos versos que te escribo.

Es verdad que el amor dura solo un segundo
pero su espera es tan lenta… como el olvido.
Y en una de esas noches largas en que lo espero
he deseado tenerte como el día de aquel beso,
en que antes que nosotros, nuestros labios primero,
conocieron lo más profundo de sus secretos.

Y yo aquí ahora, solo, asumiendo que olvidaste
que, escondido en aquel beso, el amor se derramaba,
empiezo a darme cuenta de que nunca lo supiste,
que no lo comprendiste, que no es que lo olvidaras.

Te creíste una más, otro rollo de entre tantos.
No sabías que a veces los hombres también nos enamoramos.
Si esta noche pudiera decírtelo al oído,
decirte que te quiero, jurar que no te olvido,
hacerte comprender que después de tanto tiempo
mis labios aún te esperan cada noche intranquilos.

Si esta noche llamarte tuviera algún sentido
no estaría escribiendo estos versos que te escribo.

Lo sé. Debí decírtelo después de aquel beso
pero a veces el amor tarda en hacer efecto.
Si ya es muy tarde, créeme que lo comprendo,
comprendo que lo dudes, que no creas que lo siento…
La verdad es que a veces yo tampoco me lo creo.

Si pudiera llamarte y decirte lo que siento…
Si fuera tan fácil hablar como escribir versos…

Sé que ya no me quieres, si acaso me has querido,
sé que me dirás que no si hablo contigo.
Solo soy para ti el que te besó en aquel sitio,
al que besaste aquella noche después de haber bebido.

Y ni el día después, ni tras tanto tiempo perdido
te habrían importado estos versos que te escribo.
Por eso, aunque esta noche me atreviera a llamarte,
no te llamaría, para no enamorarme
como la noche aquella en la que me besaste
y al oído con tu dulce voz me susurraste.

¡Bah! ¡Para qué engañarme!
Si para no enamorarme te escribo y no te llamo
es porque todavía estoy enamorado
y al escribirte intento que la espera dure menos,
la espera de tu amor, porque te quiero.

Vale la pena esperar

No me pidas que te ayude.
No me llames egoísta por no estar contigo ahora.
Lo mismo que tú sientes
lo llevo yo sintiendo mucho tiempo.
Nunca te lo había dicho
porque yo no sé decir las cosas,
porque yo espero a que alguien llegue
a desvelar mis sentimientos,
a hacerme comprender que en este mundo
vale la pena callarse
porque así es como se escucha,
porque así es como se espera
al que un día llega y nos descubre,
al que un día llega y nos enseña
que el mundo no es tan malo,
que lo que uno lleva sintiendo mucho tiempo
es porque aún no había encontrado
a los que de verdad merecen la pena en este mundo,
con los que no hace falta hablar
para que comprendan nuestros sentimientos,
a los que tristemente esperan
a que nosotros también lleguemos un día a ellos.