Se te oía un silbido en el corazón.
¿O era un lamento?
No era el indicio de una enfermedad.
Se notaba en el silbido un sentimiento.

¿Era grave? No lo sé.
No te dije nada, pero te abracé y te di un beso.
Yo también sé lo que es estar con la persona más querida
y aun así sentir tristeza y miedo.

Ahora pienso en ti y recuerdo con qué pena
el silbido se me metió por el cuerpo,
con esa pena tan vacía
que da el dolor ajeno,
ese dolor que recuerda que hay cosas inevitables
por mucho que otra persona vaya a nuestro lado y la abracemos.

El silbido en tu corazón me hizo recordar
la incertidumbre que todos tenemos
por cosas que al final seguramente no sean nada,
pero que ni un fuerte abrazo consigue a veces que las olvidemos.