Llueve en una noche muy oscura.
Parece que el cielo también tenía ganas de llorar.
Los dos lloramos tristes de ausencia.
Él por la luna, que, con sus propias nubes,
ha tapado.
Yo por tu alma, que, con mis palabras,
he destrozado.

Llueve en una noche muy oscura,
y en la ventana me confunden
con un reflejo del cielo.