Me pongo triste y luego pienso por qué
y encuentro una razón siempre.
Hay veces que tengo que recurrir al amor,
otras recurro a la muerte
y en los momentos más felices
recurro al misterio que sigue sin resolverse.
¿Cómo empezó todo?
¿Qué hay más allá de todo lo que ha llegado a conocerse?
¿Dónde estamos? ¿Qué es estar?
¿Qué es ser consciente?
¿Por qué sentimos que nuestra pena es tan grande
si somos tan pequeños y el espacio se muestra tan indiferente?

Me pongo triste y no me importa saber
que la tristeza es uno de los procesos que mi cuerpo tiene;
le sigo buscando una explicación,
sigo confiando en el poder de la mente.
Me cuesta asumir
que, siendo la tristeza algo tan fuerte,
no pueda explicar que da igual el tamaño del espacio
porque es solo el escenario, el recipiente
de cosas que no tienen tamaño
por mucho que pesen,
de palabras que no tienen forma,
pero se sienten.
Sigo pensando que si no sabemos dónde están los límites de todo
es porque quizás no los tiene
y no hay que intentar ir más allá,
hay que buscar lo transparente,
lo que se roza cuando se está triste,
pero se encaja en las penas del presente
sin pensar que las cosas más tristes que nos pasan
seguramente sean los gritos de lo que existe pero aún no se comprende
y que da igual dónde estemos,
lo grande que sea lo que nos envuelve.
Podría no existir nada
y aun así existirían esos pequeños sentimientos transparentes.

Nos ponemos tristes y al final es
por lo mismo siempre,
porque nos asusta pensar
que somos más poderosos que lo que dice nuestra mente,
que somos el único medio que existe
para que pueda manifestarse lo transparente.

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Me pongo triste los martes.
Será una enfermedad. No sé lo que me pasa.
Tal vez alguna me dejó ese día…
pero la verdad es que no recuerdo que ninguna me dejara.
Siempre fui yo el que no supo entender
que con ser felices bastaba.
Tal vez murió alguien un martes
o quizás es el día en que recuerdo que odio las semanas,
en que recuerdo que el tiempo va pasando
y nosotros como tontos lo ordenamos como si no nos importara.
Tal vez los martes tengo más sueño que otros días.
Hasta he llegado al absurdo de pensar que hubo una Marta.

Me pongo triste los martes. No sé.
Y además sobre las 8. Es una cosa muy rara.
Me entra como agobio por el pecho
y siento que estoy malgastando mi vida haga lo que haga.

Menos mal que ahora tú los martes sabes
que tienes que estar a las 8 puntual en mi casa.
Tú que eres la única que sabe convivir
con las tristes cosas que no sé por qué me pasan.