Ya sé que en el fondo era eso
y que nunca se pudo,
y que el beso en tu boca y la mía
quizás se entretuvo.

Ya sé que el amor era eso,
si es que acaso lo hubo,
y que a veces quererse no basta
y que a veces quererse no es justo.

Ya sé que fui yo el que estaba
a tu lado aquel día, el que tuvo
tu mano agarrada algún tiempo,
quizás demasiados segundos.

También sé que te fuiste enfadada
y que mi mano no te sostuvo,
pero el amor solo aguanta si es cierto
y mi alma aguantó
lo que pudo.

Me gustaría darte la oportunidad
de verte a ti mismo a través de mis ojos
Frida Kahlo

Que por un día me vieras como yo te veo.
Mucha gente lo sueña.
Yo lo sueño.
Que por un día
pudieras verlo
y me dijeras si lo que sientes por mí
es lo mismo que yo siento.
Que se acabaran de una vez
los tequieros
y esas palabras que nunca
consiguen arrastrar consigo verdaderos sentimientos.
Que vieras lo que es un día para mí sin ti
y fuera igual de triste que cuando tú me echas de menos.

Si por un día me vieras como yo te veo,
se acabaría el miedo a estar solo en el mundo,
se acabarían los celos,
se acabaría pensar
que amar es solo encontrar a una persona con la que la vida duela menos.
Se acabaría suponer
que solo me quieres porque soy bueno.

Si por un día comprobaras que me ves
como yo te veo…
Se demostraría que el amor
es la única manera de ser el mismo en otro cuerpo,
de estar en dos sitios a la vez,
de verse desde fuera sin dejar de estar dentro,
la única manera
de ser por una vez dos contra uno contra el tiempo.

Me esperabas en tu cuarto
viendo en la noche llover.
Tu alma era una rosa
temblorosa y ya sin fe.
Le regalaste a la luna
tus lágrimas de mujer
y le dijiste vencida:
«Yo nunca le olvidaré».
La tristeza más profunda
se escondió bajo tu piel.

Al otro lado del cielo
yo te esperaba sin fe.
Intentaba distraerme
escribiendo en un papel;
pero al verlo tan intacto
me recordaba a tu piel
y escribí sumido en llanto:
«Yo nunca la olvidaré».
Las palabras empapadas
se escurrían del papel.

Tristísima noche aquella.
Tristísimo cielo aquel.
Los dos dijimos a un tiempo:
«Nunca te volveré a ver».
Y la luna apagó sus pupilas
y dijo: «Nunca os olvidaré».