Todos maduraron.
Yo me divertí durante demasiado tiempo.
Huí de los reclamos de la vida
pero la vida no se cansó de seguir pidiendo.
Todo lo que fui tragando
no pensé que se fuera a quedar dentro.
Ahora parece que voy madurando
y voy entendiendo de qué va esto.

Todos maduraron demasiado pronto
o acaso es que yo fui el más lento.
Cuando descubrí la farsa de mi alegría
ya tenía muchas lágrimas al descubierto.
Me había dado cuenta de que la vida puede ser muy triste
si en vez de tener sueños tenemos sueño
y acabamos madurando como todos
y caemos del árbol sin recuerdos.
Todos maduraron demasiado pronto
dejando de un lado sus sueños,
cansados de una vida que no apetece,
mirando hacia atrás y viéndome riendo,
viendo al que maduró el último,
al que maduró más lento,
al que sigue ilusionado con cosas imposibles
y sigue confundiendo la vida con los sueños.