En lo raro del tiempo me encuentro tu mirada
rodeada de otra vida, otros gestos, otros tiempos.
¿Por qué hoy, esta noche de falsas coincidencias?
¿Por qué quiere el destino guardarte en mis recuerdos?
Me miras. Te conozco. Te miro. Me conoces.
¿No apareciste ya en algún otro de mis sueños?
Aquella discoteca. Tu voz insuficiente.
La distancia recuerda que no nos conocemos.
La oscuridad de nuevo a los dos nos acorrala.
El destino no existe… Ni el amor verdadero.
¿Para qué desperTar con tu imagen en mi cama
si seguro que aún sigues con copas de otros versos?
¿Para qué lamentar eSta espera de tenerte
si por las mañanas se me olvida que te espero?
Y tú, disimulando, ¿por qué no te me acercas
y me cambias la espera por un saco de besos?
Y yo, disimulando que estás en todas partes,
¿por qué no me termino la poesía y me acerco?
Es difícil amar y es difícil ser maldito.
Es difícil querer sin saber decir te quiero.
Y el saber que nunca te amaré desde más cerca
me reconcilia ausente con la palabra “lejos”.
Y ahora que esta noche me ha vuelto a recordarte,
deduzco que la casualidad no es un misterio
que en el mundo, al fin y al cabo, somos poca gente
y el mundo, al fin y al cabo, es bastante pequeño,
y si te he vuelto a ver esta noche donde siempre
no es porque cada noche llores por mí en silencio,
sino porque desde la tierra se ven pocos ángeles
y esta noche me he vuelto a quedar mirando al cielo

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