Creo que por primera vez
lo hice bien desde el principio.
Me empecé por enamorar de tus defectos,
los mejores que conozco,
los más divertidos y los más tristes,
y luego ya fue todo fácil.
Cuando menos te quiero
pienso en lo que me gustabas
cuando solo eras defectos
cuando eras mi preciosidad defectuosa,
mi alma gemela,
la muestra
de que lo que más le preocupa a uno desde siempre
es lo que más y mejor enamora luego
al que por fin llega
y te quiere de verdad,
la muestra de que los defectos
son en lo que más gusta parecerse
porque son lo más triste y divertido
que uno tiene.

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Entre el corazón y la garganta,
en esa parte donde tanto duele guardar cosas
porque no hay donde dejarlas.
Ahí se quedan los últimos tequieros,
los últimos impulsos necesarios para dar un beso.
Por eso duelen más que los demás.
Porque aprietan
y uno no sabe si expulsarlos
como triste aire que cree que tiene un sitio adonde ir
o tragarlos
y esconderlos en el cuarto
donde los sentimientos saltan ilusionados
cada vez que oyen pasos fuera.

Entre el corazón y la garganta,
en esa parte que no está preparada
para guardar cosas para siempre,
en esa parte que no se ha adaptado
a la condición del ser humano de amar a medias.

Hay voces de niños que me recuerdan algo,
quizás que la vida no es tan lineal como decían…
Tal vez no es verdad que se cambia,
solo se pesa más
y se va más despacio,
aunque se cae más deprisa.

Esas voces de niño no me recuerdan nada,
porque no son de niño.
Son mis sueños,
que ponen esa voz
para ver si de una vez me doy cuenta
de que no se cambia,
que se puede seguir luchando por lo que uno quería,
cuando la voz se pone grave
y parece que se cae más deprisa,
aunque se va más despacio.

¿Cómo puedo odiarte tanto a veces?
¿Qué le pasa a mi cuerpo?

¿Seré como el que aparta la cara
cuando le van a dar un beso?

¿Qué quiere mi cuerpo
cuando esquiva
tristemente tus te quieros?

¿Qué me pasa por la mente
para preferir el silencio?

¿Qué defecto albergaré en la sangre
para poder odiar
y amar en un momento?

¿Qué terribles reacciones químicas
me remueven por dentro?

¿Cómo puedo odiarte tanto a veces
y amarte tanto
cuando estoy contento?

¿Seré yo mismo o seré otra persona
cuando te odio
y cuando te quiero?

¿Quién será el verdadero yo?
¿Cuál será el verdadero sentimiento?

¿Será que no es verdad
que te amo siempre?

¿Es que solo puedo amarte
por momentos?

No quiero odiarte tanto a veces.
Ni siquiera cuando te odio
quiero hacerlo.

Tal vez el amor
me devuelve al revés el eco.
Tal vez cuando más te odio
es cuando más te quiero.

Tal vez no entiendo nada
y el que entiende sea mi cuerpo
y sabe que hace falta odiarte a veces
para saber siempre lo mucho que te quiero.

esas frases que nadie como yo te dirá
José Ángel Buesa

Me pasa con todo.
No solo con el amor.
No es que me moleste el éxito de otros,
es que siento que yo podría hacer lo mismo, pero mejor.

Ese mismo beso te lo habría dado cogiéndote la mano
y haciendo que te retumbara el corazón.

Esa palabra tan bonita
te la habría dicho mucho antes yo
y hasta te habría explicado su origen
y la habría rodeado de versos con mi voz.

Ese anillo… Buah, ese anillo.
Yo te habría dado uno menos caro, pero con más valor.

Y eso es lo que me pasa con todo.
Y no solo con el amor.
Y todo porque no me cabe en la cabeza
que para cada uno es distinto lo mejor.

Que a ti te intimida que te cojan tan pronto de la mano
y te duele cuando te retumba el corazón.

Y no te gusta que te digan que te quieren con poemas
porque al recitar es verdad que cambia un poco la voz.

Que para ti cualquier anillo que él te hubiera dado
a pesar de su precio habría tenido el mismo valor.

Claro que era eso. No le dabas a algunas cosas
la misma importancia que yo.
Y por eso a mí me importó tanto que te fueras con otro
pero a ti no.
Por eso yo sigo siendo uno
y tú eres ahora dos.

Porque tú entendiste que cada uno tiene su manera
de entender lo que es mejor.
Y yo no entendí que no siempre es lo mejor lo que uno quiere,
pero él sí lo entendió.

Llegaste tú
y trajiste la respuesta,
pero no entiendo.
¿Por qué el amor?
¿Qué tiene el amor
que no tenga
una tarde de reflexión?
¿Qué tiene el amor
que no tenga
la ilusión de aprender algo?
¿Tendrá eso
de hacernos inmortales
en cadena?
¿Tendrá eso de no estar solos
en la espera?
¿Tendrá eso de entender
cómo funciona nuestro cuerpo
encontrando en otro
el mismo funcionamiento?
¿Tendrá esa conexión química
que uno solo nunca encuentra?

¿Por qué el amor?
Me da rabia,
pero ahora que has venido,
no te vayas
que veo
una nueva forma
de enfocar las cosas.

Ahora que has venido,
no te vayas.
Déjame entenderlo todo
por medio del amor.
Aunque sé que hay mucha gente
que ni por amor
ha comprendido.

Ya apagaron las luces de las calles
que paseaban cogidas de mi mano.
Yo sigo paseando a veces solo
buscando algún recuerdo en el asfalto.

Ya apagaron las luces de las calles
el triste amanecer del que ya ha amado,
el triste corazón que añoró un beso
que jamás, en verdad, le habían dado.

Ya apagaron las luces de las calles
por las que yo iba siempre enamorado,
por donde iba pensando que era amor
lo que solo era andar por el asfalto.

Ya apagaron las luces de esas calles…
Ni siquiera sé ya por dónde ando.
Ni siquiera me saben a recuerdos
las lágrimas de ayer que voy pisando.

Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
mis hojas ya habrían volado a tus oídos.
Si fuera tan fácil amar como sentir miedo,
mi amor ya sería temblando tu primer hijo.
La voz es la más triste agotadora de manos,
portavoz de la vergüenza del amor prohibido.
Si fuera tan fácil amarte en tus mejillas,
no olerían tan mal las noches que paso contigo.
Los sueños de mi esperanza son sueños terribles.
Mi amor es así: solo me duermo cuando escribo.
Si fuera tan fácil acostarme en tus pestañas,
no harían mis besos de triste papel su camino.
Van cayendo noches de la pasión de mi alma,
cada vez me quedan menos frases con sentido.
No importa que busque entre mis hojas versos tuyos.
No importa. Los ojos se me caen cuando te miro.
No importa que afine mi voz tu dulce paso.
No importa. La lengua se me seca si suspiro.
Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
sería esta una hoja en blanco y tú el amor mío
y yo la fuente que lanza versos verdaderos
al desnudo pecho de tu mar. Como un río.

Dominamos la física.
Tiramos un calcetín
y cae justo
donde queremos que caiga.
Nos sentamos en el lugar exacto de una silla
con el centro justo
entre nalga y nalga.

Dominamos la física.
Aparcamos sin problemas muchas veces,
le damos la velocidad precisa
a las cosas que hace falta.
Nos aprendemos de memoria
largas listas de palabras.

Dominamos sin duda la física.
No hay más que observar una pantalla.
Encendemos la luz cuando queremos.
Nos secamos con una toalla.
Nos tapamos si hace frío
y nos bronceamos en la playa.
Hacemos rimas consonantes
y el oído disfruta al escucharlas.
Incluso hacemos canciones con la boca
y sacamos ritmos
de los objetos con menos gracia.

Dominamos la física. No hay duda.
Y muchas ciencias más. También la magia.
Sí. Controlamos muchas cosas;
hasta el más inútil es capaz de controlarlas.
Pero aún hay algo que nos falta dominar,
después de tanta noche a ello dedicada.
Todos lo sabemos:
nos falta, sin duda, dominar el corazón,
pero ahí nadie se salva.