Llueve en una noche muy oscura.
Parece que el cielo también tenía ganas de llorar.
Los dos lloramos tristes de ausencia.
Él por la luna, que, con sus propias nubes,
ha tapado.
Yo por tu alma, que, con mis palabras,
he destrozado.

Llueve en una noche muy oscura,
y en la ventana me confunden
con un reflejo del cielo.

¡Qué pequeño soy
cuando no valgo para nada!
¿Por qué entonces no desaparezco?
Si soy el umbral
entre la muerte y el nacimiento.
¿Por qué sigo aquí?
Si soy lo justo para sentir
que sobro y que molesto
y que es mejor para todos
si desaparezco.

¡Qué pequeño soy!
¡Qué pequeño!
¡Qué ganas de desaparecer!
Pero es que no valgo ni para eso.
Tan pequeño soy
que no me puede caber nada dentro,
pero algo tiene que haber
para que yo pueda sentirme tan pequeño.

Y ese algo es la esencia de todo,
la esencia que solo ven los pequeños,
los que podrían llegar a desaparecer por los demás,
los que asumen siempre que la culpa es de ellos,
los que consiguen que a pesar de todo,
el mundo siga pareciendo bueno,
los que hacen que tanta gente se sienta grande
gracias a que ellos son tan pequeños.

Time for heroes
The Libertines

Ya es hora de que venga un héroe
alguien en quien creer,
alguien que nos oriente.
Ya es hora de que venga un héroe
con principios verdaderos,
alguien que no se deje influir por la opinión de la gente.
Ya es hora de que venga el que demuestre
que es posible ser feliz,
que se puede,
que ser bueno es la mejor opción
para afrontar la muerte,
que al que es bueno no le importa
que otros sean diferentes,
que al que es bueno de verdad
no le importa sentirse diferente.
Ya es hora, sí,
ya es hora de que venga un héroe,
uno verdadero que haya escuchado a los demás
y sepa adónde llevan realmente las corrientes,
que sepa que el pasado
si no se mira bien nos hace débiles.
Ya es hora de que alguien ilumine
a los que agachan la voz entre los gritos de la gente.
Ya es hora de que venga
y que despierte
a quien se durmió pensando
que mejor era callar para siempre.
Ya es hora de que venga y diga
lo que otros no se atreven.
Ya es hora de que venga…
perdón,
ya es hora de que vuelva a venir
un héroe.

A una muchacha quizás muerta

Déjenme recordarla
José Ángel Buesa

Hoy te cogería de las manos suavemente
y te besaría como aquellas veces.
Olvidémonos de las promesas que no se cumplieron
Hoy hace justo cuatro años que sonó un “te quiero”.
Recordemos solamente ese instante
como si no hubiera pasado nada después ni nada antes.
Recordemos nuestros ojos en aquel momento,
sin un rasgo de dolor ni una gota de lamento.
Dejemos a un lado las noches absurdas
de dos almas que se quieren y no están juntas.
Recordemos. Solamente recordemos.
Cada uno en su cuarto o donde estemos.
Y así, otra vez, unidos por aquel te quiero,
quizás volvamos a encender la llama del amor verdadero
y, aunque sea de otros, porque ya no podemos amarnos,
quizás otra vez volvamos a enamorarnos.

No es nada raro. En la vida las cosas pasan:
la gente muere, los amores fracasan.
Y, a pesar de todo, el corazón sigue palpitando
como si no se diera cuenta de lo que está pasando.
Y seguimos sufriendo sin sentido
lo que debió caer en su momento en el olvido.
No hay nada que evite que estas cosas sucedan.
Los olores más amargos son los que se quedan,
como una lágrima en la tinta de un te quiero perdido,
como el olor de la tarde en que asumí
que ya te habías ido.

Y yo que decía
que el amor son solo hormonas,
que no hay enamorados,
que el amor es una droga.

Y ahora ya comprendo
que sí, son solo hormonas,
pero amar es encontrar
algún día a la persona
con quien las hormonas concuerden,
con la que encajen todas.

Y puede que esa unión,
sea tan solo una cuestión de hormonas,
pero también la música son solo
golpes en cuerdas
que despiertan notas.

Lo esencial es que la unión
despierta en el mundo cosas
que no sería posible
que despertaran solas.

Voy rebotando por los versos
como el borracho que rebota por las calles,
ritmo sediento, rimas penosas
y mañana…
palabras resacosas.

Voy rebotando por las calles
como el poeta que rebota por los versos,
whisky sin nombre, copas de prosa
y mañana…
el recuerdo de alguna chica hermosa.

Porque estoy triste te escribo y porque quiero pensar
cosas tristes esta noche, porque ya no puedo más:
una carta al infinito que nunca recibirás.

Sí, fue un crimen, no fue justo que te quisiera dejar:
Te marchaste en mil tormentas de silencio y soledad.

Yo te miraba en la sombra, yo te veía partir:
Te alejabas, te alejabas… ¡y te alejabas de mí!

Las lágrimas, los lamentos… Esos vinieron después,
en noches de estrellas negras, que las recuerdo muy bien.

¡Ay las olas de recuerdos de una noche que perdí!
Sensaciones endiabladas se apoderaron de mí.

Y te eché, lo reconozco, te eché porque estaba loco,
porque hay días en los que ni yo mismo me conozco.

Y ahora el viento de tus ojos, que ya nunca serán míos
me trae de la lejanía pensamientos tan sombríos…

¡Ay la dicha de tenerte abrazada junto a mí!
Nosotros que descubrimos lo que nadie imaginó.

En noches de soñolencias yo te lloro porque sí.
En esas noches terribles no me mato porque no,
porque, desgraciadamente, nadie se muere de amor.

De Tras de la huella (cuerpo y alma)
José María Romeu. 1971

Tenías eso que tiene
la gente como yo
una copa de más en la tristeza
y demasiados domingos por la tarde en el corazón.

Tenías los ojos que tiene
la gente como yo
los que miramos de reojo
porque de frente nos deslumbra la decepción.

Tenías esa sonrisa
que aprendí a poner yo
tras la que ocultar tantas veces,
incluso a nosotros mismos, el dolor.

Tenías, sí… tenías eso que tiene
la gente como yo
por eso enseguida, al conocerte, supe
lo que nos faltaba a los dos.

(Van pasando los años…)
Para los recuerdos lo lejos es imposible.
El tiempo llama a gritos pero no hay manera
de volver al otro lado.
La vida está partida
en momentos del pasado.
Los que se fueron no vuelven
y los que vuelven es que en verdad nunca se marcharon.
Los latidos lo marcan:
Silencio. Latido. Silencio.
Eso da igual para los que nunca se enamoraron.
Silencio. Mujer. Silencio.
Pasado. Latido. Pasado.
En la mano una sombra. Un temor en el pecho.
Ojalá nunca me hubieran besado.
Todo. Latido. Todo.
Todo termina acabando.
Como la vida, como las fotos de mi cuarto,
como las cosas que un día veo
y al siguiente creo que he soñado.
Los recuerdos están tan lejos…
Nadie ha logrado alcanzarlos.
Pero se siguen viendo, se siguen viendo
allí al otro lado
y siguen sonando y siguen oliendo
y siguen teniendo algo que contarnos,
siguen teniendo sabor a vida,
sabor a poder recuperarlos.

Silencio. Latido. Silencio.
Giro la cabeza. Cierro los ojos. Ando.
Me pongo la mano en el corazón.
Noto que me falta algo.
Son más largos los latidos
del que no está enamorado,
del que no tiene la vida partida
en mil pedazos,
del que no tiene millones de recuerdos
y trata de alcanzarlos.

La vida es Silencio. Latido. Silencio. Silencio. Silencio…
El silencio acaba siendo cada vez más largo,
hasta que ni siquiera los recuerdos
son capaces ya de despertarnos.