Ya no sabes a recuerdos.
¿Has besado a otros?
Ya no sabes a tus besos.
Besaba mejor tu foto.

¿Qué ha pasado? ¿Por qué has vuelto?
¿Acaso ya sabes lo que es de verdad un corazón roto?
¿Ya has visto que yo era como era
pero al menos era distinto a otros?

Ahora vuelves, pero ya es difícil
que recordemos exactamente cómo era todo.
Esto no es como montar en bici:
las cosas aquí se olvidan pronto.

Puedo hacer como que no sé
que has besado a otros.
Y podemos colocar de nuevo nuestras cosas,
pero para saber dónde iban habrá que mirar fotos,
para saber que ahí había algo
habrá que mirar si dejó algo una marca en el polvo.

Podemos fingir, en fin, que los besos
siguen sabiendo a nosotros.
Pero siempre notaremos
que estamos actuando, que somos
como dobles de nosotros mismos,
que es un escenario todo.

Así que mejor ve a tu cuarto,
desordena todas mis fotos.
Limpia los surcos que los sueños dejaron
en el polvo.

No olvides que aunque estuvimos tan unidos
nos conocimos de casualidad en el fondo.
Dejemos, pues, que la vida nos enseñe
y volvamos a ser nosotros,
aunque ahora sea cada uno por su lado,
que es exactamente como estábamos
antes de estar a punto de no conocernos por poco.

No estás y el mundo
sigue siendo igual.
Aún no he perdido
Esa tonta convicción
de que la vida
es lo mismo que la muerte.
Te amaré ahora
como cuando te besaba mientras dormías.
Y será lo mismo.
Será lo mismo hasta que asuma
que hay algo que la muerte arranca,
que no es la misma soledad la de estar lejos
que la de estar vivo.
No es la misma soledad la de estar triste
que la de seguir creciendo.
La de seguir creciendo
mientras tú ya sin raíces
vas perdiendo tus colores
y vas tiñendo de tristeza
los besos que te di mientras dormías,
los besos que para mí eran
el más generoso gesto de amor puro.
No estarás y el mundo
seguirá siendo igual
porque el amor para él
es como esos besos que no siente
al recibirlos
el que está dormido.