Dicen que el amor puede a la distancia,
que puede al tiempo.
¿Es que entonces
nuestro amor no es verdadero?
Siento que cada día que pasa
estás menos cerca, pero igual de lejos:
Siento que se me acaban las formas
de decirte que te quiero,
cosa que jamás me pasaba
cuando estábamos juntos con las formas de darte besos.
Siento que tú también te cansas
de que haya pantallas siempre en medio.
Siento que los días empiezan a ser normales
y que empiezo a estar cómoda en ellos.
Empiezo a recordar cómo sobreviví
los días antes de que me arrancaras los recuerdos.
Siento que no vuelves
y que cada vez duran más los días que nos vemos.
Siento que tu nombre empieza a recordarme a ti
en vez de acariciarte como antes al momento.
¿Es que acaso nuestro amor
no es verdadero?

Sí lo es.
Hemos vencido a la distancia y al tiempo.
Me ves menos cerca
porque me he subido a las estrellas a lanzarte besos.
Ya no encuentras formas de decirme que me quieres
porque solo hay una forma: cada vez que te veo.
No me cansa que haya pantallas entre medias.
Tu corazón se notaba igual con las costillas en medio.
Los días te empiezan a parecer normales
porque uno también se acostumbra a lo perfecto,
a lo perfectos que siguen siendo los días
ahora que sabemos arrancar malos recuerdos.
Y no duran más porque sean aburridos
sino porque en las estrellas pasa más despacio el tiempo.
Por eso mi nombre llega a veces tarde.
Pero es que aquí no hay que hacer caso a lo que vemos.
La distancia está haciendo que entendamos
que las palabras vuelan más despacio que los sentimientos
y que intentar entenderlo todo con palabras
hace que siempre nos sintamos lejos.

¿Aún no sabes si nuestro amor
es verdadero?
Yo lo que no sé es cómo alguien puede saber lo que eso es
sin haber estado cerca de ti y lejos.
Cerca de ti el tiempo no importa porque está parado
y lejos de ti lo acelero yo con mis sentimientos.
La distancia es igual de pequeña a tu lado
que lejos de ti, porque te quiero
y cuando se quiere el corazón late tan fuerte
que no hay costilla ni pantalla ni distancia que pueda detenerlo
que le impida ocupar
el mundo entero.
Y así no tiene que volver nunca a tu lado
porque siempre te tuvo dentro.

¿Estaríamos mejor cerca? Sí, seguramente,
pero no seríamos conscientes, quizás,
de lo mucho que nos queremos.

No creo que sea que la sigo echando de menos.
Es más bien
la satisfacción de saber
que no todo acabó tan mal como dijimos.

Ese megusta sin venir a cuento…
Yo que la conozco
noté en ello un guiño,
una reconciliación en la distancia,
de esas que no sirven para querer volver,
pero sí para saber que no fue tan malo todo.
Como una reconciliación hacia atrás,
como un juego que se traen nuestros recuerdos entre manos,
al margen de nosotros.

Por eso sentí esa satisfacción,
la satisfacción de saber que ya todo pasó
y que ya por fin no es triste echar de menos.

Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
mis hojas ya habrían volado a tus oídos.
Si fuera tan fácil amar como sentir miedo,
mi amor ya sería temblando tu primer hijo.
La voz es la más triste agotadora de manos,
portavoz de la vergüenza del amor prohibido.
Si fuera tan fácil amarte en tus mejillas,
no olerían tan mal las noches que paso contigo.
Los sueños de mi esperanza son sueños terribles.
Mi amor es así: solo me duermo cuando escribo.
Si fuera tan fácil acostarme en tus pestañas,
no harían mis besos de triste papel su camino.
Van cayendo noches de la pasión de mi alma,
cada vez me quedan menos frases con sentido.
No importa que busque entre mis hojas versos tuyos.
No importa. Los ojos se me caen cuando te miro.
No importa que afine mi voz tu dulce paso.
No importa. La lengua se me seca si suspiro.
Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
sería esta una hoja en blanco y tú el amor mío
y yo la fuente que lanza versos verdaderos
al desnudo pecho de tu mar. Como un río.