Podría ser feliz, lo sé.
Podría ser feliz y verte hoy.
Podría ser igual que todos.
Pero no lo soy.

Podría ser mi vida una comedia,
tan solo poniendo mis recuerdos al revés.
Podría ser mi vida una alegría,
pero no lo es.

Podría serme el viento favorable
si supiera dónde me tengo que poner.
Podría ser mi vida algo agradable,
pero, por algún motivo,
ni quiero ni lo puede ser.

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Hay personas que llegan así:
poco a poco.
Un día las ves y no pasa nada,
pero ya no vuelves a ver nada del mismo modo.
Hay personas así:
van poniendo una pequeña parte de ellos
en todo.
No irrumpen con fuerza;
pero la felicidad tampoco.
Por eso, cuando uno se enamora de ellos
no se produce ningún trastorno.
El corazón hacía tiempo
que ya lo tenía preparado todo.

Hay personas a las que se quiere así,
como si fueran una parte de nosotros,
como si hubieran estado siempre ahí,
como si nos hubieran seguido para saber cómo somos.

Y es una persona así
la que hace un tiempo me besó poco a poco,
la que me puso una parte de ella
en todo,
la que me hizo feliz porque me enseñó
que para serlo no hace falta convertirse en otro,
que todos podemos ser felices
si una de esas personas nos coge de la mano y nos enseña cómo.

Como el niño que llora
en su cumpleaños.
Bien dicho.
Como el que consigue lo que quiere
y aún siente que le falta todo.
Así estoy.
Así voy desplazándome
de una época en la que me convencí
de que lo mejor era estar solo
a una época en la que no entiendo
cómo pude estar solo tanto tiempo.

Y así estoy, bien dicho.
Como el niño al que la desazón se come
cuando por fin consigue
todo lo que quiere,
como si se perdiera todo con ello,
como si restara.
Como si el día más feliz fuera el más triste
y amar no fuera sino el comienzo
de empezar a tener miedo de perder.

Y con este quejarme escribiendo
de que todo es en vano,
con estos paradójicos poemas
que no hacen más que dejar claro
que las cosas más bonitas
son las que se nos escapan de las manos,
no para cambiar el mundo
ni para mejorarlo
no para hacer que sea menos triste
ni para sentirnos más humanos,
no para que el mundo sea mejor,
sino para que siga siendo felizmente extraño.

Con este quejarme escribiendo
de la inanidad en la que vagamos,
con este quejarme escribiendo
sigo demostrando
que no importa lo vano que sea todo
que no importa que sea todo vano.
Lo que importa es que seguimos aquí
y que eso no tiene por qué ser malo.