Seguiremos juntos, pues,
que al final todos nos parecemos.
Serán distintas las hormonas,
pero es fácil
afinar cualquier instrumento.

No importa que cada uno tenga el suyo,
siempre es mejor
si se comparte el peso.

Cuando estemos bien
reiremos juntos
y cuando estemos mal
nos besaremos.

Prometo por primera vez
no estropearlo todo
con mis razonables sentimientos.
Prometo dejarme querer.
Prometo hablar también despierto.

Seguiremos juntos, pues,
¿para qué seguir buscando
lo que ya tenemos,
lo que no puede ser mejor
porque es perfecto?

No importa que se marchiten
los adjetivos con el tiempo.

No importa que los adjetivos
no tengan sentido
en una esfera donde todos al final
nos parecemos,
en la que no hay nada mejor
que estar contigo
porque contigo
es menos triste tener miedo,
en la que todos sois iguales
pero tú eres distinta de ellos.
Una esfera
en la que no hacen falta adjetivos,
en la que basta un pronombre y un verbo.

Seguiremos juntos, pues.
Juntos, pues, seguiremos.

Y yo que decía
que el amor son solo hormonas,
que no hay enamorados,
que el amor es una droga.

Y ahora ya comprendo
que sí, son solo hormonas,
pero amar es encontrar
algún día a la persona
con quien las hormonas concuerden,
con la que encajen todas.

Y puede que esa unión,
sea tan solo una cuestión de hormonas,
pero también la música son solo
golpes en cuerdas
que despiertan notas.

Lo esencial es que la unión
despierta en el mundo cosas
que no sería posible
que despertaran solas.