Creía que contigo iba a ser distinto
que no íbamos a discutir,
que no me ibas a poner celoso
ni yo te iba a poner celosa a ti.
Creía que podríamos estar lejos
y no tener que dudar ni pensar mal ni sufrir.
Creía que contigo me iba a enamorar de otra manera.
Creía que esta vez eras tú por fin.

Y no es distinto porque eres lo mismo que he querido siempre,
pero lo es porque contigo soy feliz.
No es distinto porque contigo también hay discusiones,
pero lo es porque ahora acaban antes de empezar a discutir.
No es distinto porque sigo poniéndome celoso,
pero ahora del idiota que antes de conocerte fui.
No es distinto porque sigo dudando cuando estás lejos,
pero la duda ahora es por qué no me fui detrás de ti.
No es distinto porque de ti también estoy enamorado,
pero lo es porque esta vez lo he hecho sin desenamorarme de mí.
No es distinto porque tampoco eres tú la definitiva,
pero no lo eres porque no quiero relacionar contigo nada que contenga la palabra fin.
Y no es distinto porque con otras siempre quise también que continuara;
lo que no sabía es que ya entonces quería que continuara junto a ti.

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¡Qué cerca está aún el día en que te fuiste
y tú qué lejos!

¡Qué cerca está tu mano de la mía
y tú qué lejos!

¡Qué cerca estás tú todavía
pero qué lejos… qué lejos!

¡Qué tremendamente asimétrico
es el tiempo!

No hay nada más terrible para mí
que un viaje.
Y entonces ahora pienso:
¿Para qué inventaron
los vuelos, las esperas,
las ganas de llegar muy lejos,
el ansia de llegar a conocer personas
que solo conoceré
porque quisieron ellos.
¡No más viajes, por favor!
Que voy sintiendo
que mi alma no da más de sí
en este mundo tan pequeño.