Mi novio no me hace nada
si antes no apaga la luz
(Mi novio es bobo de Nacho Vegas y Free Reega)

Acércate.
Ven a darme un beso,
pero apaga la luz antes,
no vayas a ver mis sentimientos.

Que no te asuste mi tristeza,
aún soy capaz de querer, creo.
Por si acaso no mires, no toques,
quizás tampoco a ti te guste que sea demasiado bueno.

Apaga la luz, que me da vergüenza
que veas mis defectos,
que levantes mi corazón
y veas escondidos debajo demasiados recuerdos.

Ven a darme un beso, sí,
pero apaga la luz primero.
Y cierra los ojos.
No mires muy dentro.

O quizás, antes de que te asustes,
mejor no vengas a darme un beso,
que siento que ni apagando la luz
te apetecerán mis sentimientos.

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Se te oía un silbido en el corazón.
¿O era un lamento?
No era el indicio de una enfermedad.
Se notaba en el silbido un sentimiento.

¿Era grave? No lo sé.
No te dije nada, pero te abracé y te di un beso.
Yo también sé lo que es estar con la persona más querida
y aun así sentir tristeza y miedo.

Ahora pienso en ti y recuerdo con qué pena
el silbido se me metió por el cuerpo,
con esa pena tan vacía
que da el dolor ajeno,
ese dolor que recuerda que hay cosas inevitables
por mucho que otra persona vaya a nuestro lado y la abracemos.

El silbido en tu corazón me hizo recordar
la incertidumbre que todos tenemos
por cosas que al final seguramente no sean nada,
pero que ni un fuerte abrazo consigue a veces que las olvidemos.

Todo eran sonrisas
hasta que ella vino
con sus ojos enormes
a mirarlo todo,
a enseñarme que la vida
no es solo lo que tengo alrededor.

Todo eran sonrisas
hasta que ella vino
a sacarme las lágrimas
que escondía en mi interior.

Todo eran sonrisas;
no hay más que ver las fotos.

Sí. Todo eran sonrisas
hasta que ella vino aquella noche
a empeorarme a mejor.

Y con este quejarme escribiendo
de que todo es en vano,
con estos paradójicos poemas
que no hacen más que dejar claro
que las cosas más bonitas
son las que se nos escapan de las manos,
no para cambiar el mundo
ni para mejorarlo
no para hacer que sea menos triste
ni para sentirnos más humanos,
no para que el mundo sea mejor,
sino para que siga siendo felizmente extraño.

Con este quejarme escribiendo
de la inanidad en la que vagamos,
con este quejarme escribiendo
sigo demostrando
que no importa lo vano que sea todo
que no importa que sea todo vano.
Lo que importa es que seguimos aquí
y que eso no tiene por qué ser malo.