Pero no tengas miedo
de ser lo que siempre has sido sola
conmigo.
Yo soy yo.
Nadie me ha tenido nunca miedo.
Sé tú misma,
que yo casi nunca me enamoro solo de lo que veo.
No tengas miedo de enfadarte conmigo por la mañana,
de quejarte si no te entiendo,
de protestar encima de que voy a buscarte al fin del mundo
porque vengo algo nervioso y con un poco de mareo.

Sé tú misma.
No tengas miedo,
que no solo quiero que me quieras y me admires,
lo quiero todo de ti, quiero también que me odies sin motivo,
que de repente sin saber por qué
no quieras que volvamos a vernos.
Quiero que explores todas las partes de ti,
que recorras todos los rincones de tu cuerpo.
Lo quiero todo de ti,
quiero que den su opinión todos tus sentimientos.
Y así cuando me quieras
no me importará que hable mal de mí uno de ellos.
Y así cuando me odies
sabré a cuál acudir para que no nos enfademos.

Por eso, conmigo sé tú misma,
ponte de mal humor sin miedo,
que yo sabré a qué hacer caso cada vez,
encontraré el mejor camino para que sepas que te quiero.
Saca lo peor de ti,
si eso harías si no estuviera yo en medio.
Atraviésame con la mirada,
que ya encontraré yo una manera
de abrazarte sin cuerpo.

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Lo que escuece no es que nos dejen,
es que la persona se queje de las cosas que hemos hecho mal.
Dan ganas en esos momentos
de contraatacar,
de decir que la otra persona también ha tenido errores.
Posiblemente más.
Pero entonces caemos en la cuenta
de que eso es lo peor al final:
que no nos dejan porque nos hayamos equivocado,
sino porque no nos querían en verdad.
Por eso no sirve de nada
sacar todo lo malo y protestar,
intentar convencer a la otra persona
de que no es justo porque ella ha hecho más cosas mal.
No. Como mucho podríamos quejarnos
de que no haya sabido aguantar.
Pero si no ha sabido no es porque sea mala persona,
sino simplemente porque no llegó a querernos de verdad.
Si lo hubiera hecho,
por ningún motivo nos habría querido dejar.
Casi, por mucho que escueza, habría que agradecer
que se haya tomado la molestia de explicarnos por qué se va.
Pero lo mejor siempre, cuando se crea que el motivo es injusto,
es dejar que la persona se vaya. Y ya está.

Sé que en el lugar que sea
estarás orgullosa de mí por olvidarte
Elvira Sastre

¿Te acuerdas de que te dije
que no pasaba nada por que lo dejáramos,
que todos los amores se superan?
Pues sí, lo superé. Supongo que tú también,
aunque hayas tenido como yo muchas noches de impaciencia.
Al final hasta me alegré
de haberme dado a tiempo cuenta.
Me alegré, sí,
quererte era llevar la vida a cuestas
y cuanto más cargada de tristeza estaba
más me creía que podía con ella.

¿Te acuerdas de que te dije
que no hacía falta enfadarse,
que era mejor acabar de buenas,
y que aunque al principio nos costó dejar de querernos
pronto nuestros labios se convirtieron en piel demasiado seca?
Pues sí, fue lo mejor
y creo que para olvidarse poco a poco no hay mejor manera.

¿Te acuerdas de que te dije
que pronto encontraríamos a alguien cada uno
que de verdad mereciera la pena?
Pues yo la encontré, sí,
y me enteré de que tú encontraste a alguien también,
aunque al principio nadie quería que lo supiera.
Y ya todo pasó
y ya solo me acuerdo de ti por algunas fechas.

Pero ¿sabes en lo que no caí entonces?
En que si pude superar nuestro amor
es porque de verdad todos los amores se superan.
Por eso ahora he perdido esa forma de querer
en la que me siento más fuerte que la vida y la llevo a cuestas.
No sé si será bueno o malo,
pero como te quise a ti ya no creo que quiera,
con ese empeño irreflexivo de que todo salga bien
que es capaz de llevarse por delante a la imprescindible tristeza.

¿Celos? Ja, ja.
Esto no son celos.
Esto es que estoy enamorado de ti,
que hasta te echo de menos cuando parpadeo.
Esto es que el miedo de perderte
bloquea lo que sé del mundo cuando estás lejos.
Esto es que temo que alguien descubra en ti
lo que me hizo a mí seguir viviendo.
Es que temo que mirando a otro
te asuste lo mucho que te quiero.

¿Celos? No sé si serán celos.
No es que me importe que hables con uno
ni que él te intente dar un beso,
lo que me importa es haberte conocido tan tarde
cuando ya todo parece poco tiempo,
cuando ya tengo demasiado amor guardado
y la prisa me obliga a sacarlo poco hecho.

¿Celos? Sí, creo que así los llaman,
pero en verdad son pizcas crudas de amor eterno,
que tiene que adaptarse a mis sentidos,
que tiene que aceptar que existe el tiempo.

¿Celos? Sí, seguramente celos.
Celos de que el amor en ti no se desborde,
de que sean demasiado largos tus parpadeos.
Celos de estar lejos de ti a veces
y que no se te note en la voz ni un poco de miedo.

¿Celos? Sí, celos.
Celos de que a veces me hagas plantearme
si es normal lo mucho que te quiero.