Nunca, nunca otros besos te besarán así
Sara Hübner

¡Cuánta gente advierte a quien le deja
que no encontrará un amor tan grande en otros!
Habla su corazón enrabietado
de que le dejen solo.

¡Cuánta gente amenaza al despedirse
con irse para siempre!
Pero se deja, simulando olvido,
el corazón por si vuelve.

¡Cuánta gente termina convencida
de que solo su amor fue el verdadero!
Y puede ser verdad,
pero lo cierto
es que da igual si fue el mejor:
el que realmente gana es siempre el tiempo.

¡Ay! ¡A cuántos encandila el tiempo!
¡Con qué facilidad se curan muchos solo con vivir!
El tiempo nos sabe decir siempre
exactamente lo que queremos oír.

Pero más valdría detenerse.
Comprender que solo ama el que sabe esperar,
al que no le importa haber desperdiciado amor con otros
porque eso no era realmente amar.

¿De verdad me quieres?
Si soy el viento
que a veces tiene fuerza,
pero luego se calma
y nadie sabe dónde está.

¿De verdad me quieres?
Si soy el fuego
que abrasa con sus llamas,
pero requiere para eso
algo que quemar.

¿De verdad me quieres?
Si soy el agua
que limpia y que refresca,
pero si no se controla
lo inunda todo y puede ahogar.

¿De verdad me quieres?
Si soy la música
que un día calla
y estridente te recuerda
el silencio que antes
no te hacía llorar.

¿De verdad me quieres?
Si soy la extraña visión de la vida,
el que te llevará a un mundo fantástico
del que solo yo
te podré sacar.

¿De verdad me quieres?
Si soy el amor que te amará siempre,
sabiendo que no siempre
le será posible amar.

¡De verdad me quieres!
Porque el viento, el fuego, el agua,
la música, mi extraña visión de la vida,
mi amor terrible,
no hacen más que intentar asustarte
y tú no te vas.

Como el niño que llora
en su cumpleaños.
Bien dicho.
Como el que consigue lo que quiere
y aún siente que le falta todo.
Así estoy.
Así voy desplazándome
de una época en la que me convencí
de que lo mejor era estar solo
a una época en la que no entiendo
cómo pude estar solo tanto tiempo.

Y así estoy, bien dicho.
Como el niño al que la desazón se come
cuando por fin consigue
todo lo que quiere,
como si se perdiera todo con ello,
como si restara.
Como si el día más feliz fuera el más triste
y amar no fuera sino el comienzo
de empezar a tener miedo de perder.

Aquellas tristes súplicas de tu corazón,
¿qué son ahora sino signos de interrogación?

Ha llegado el momento.
¿Por qué te cojo de la mano?
¿No sabe todo el mundo ya
que es peor dejar que ser dejado?

La decisión es mía
sé que quedaré yo como el malo.
No importa. Tú llorarás y yo disimularé
que por dentro me quedo destrozado.

Ha llegado el momento.
No es que no me hayas gustado,
es que el amor es terrible:
todo sale peor si estás enamorado.

Sí. La decisión fue mía.
Y si la tomé, sería por algo.
Pero ahora ya no estás y me parece
haber retrocedido a aquellos años.

No sé si me arrepiento…
Cada beso me recuerda que te alejé yo de mi lado.
Tú en cambio no te habrás arrepentido nunca,
cada beso desde entonces te habrá reconfortado.

Por eso, tú eres tan feliz ahora
y yo en cambio a veces tengo días raros.
Y aun así, al verme habrá a quien le complazca
que el destino se vengue y deje solos
a quienes vamos por ahí dejando a otros destrozados.

Que el amor sea eterno
es lo mismo que escribir cien veces seguidas
tu nombre en mi cuaderno.

«Amémonos siempre».
¿Para qué?
Si a mí me bastó con aquel noviembre.

«Que se detenga el mundo…»
Y yo te pregunto:
¿de qué nos sirve estar juntos,
si no nos empujan hacia el final los segundos?
¿de qué nos sirve, si en lo eterno
solo recordarán nuestro amor
la muerte y mi cuaderno?
¿de qué, si ya duró para siempre
el beso que te arrebaté en aquel infinito noviembre?

Hagamos, en fin, si quieres,
que el amor sea eterno
pero, por favor,
que parezca durar lo mismo que duró
aquel invierno.

Llueve en una noche muy oscura.
Parece que el cielo también tenía ganas de llorar.
Los dos lloramos tristes de ausencia.
Él por la luna, que, con sus propias nubes,
ha tapado.
Yo por tu alma, que, con mis palabras,
he destrozado.

Llueve en una noche muy oscura,
y en la ventana me confunden
con un reflejo del cielo.