Por las noches ya no cantan
los pájaros en mi cuarto.
Se oyen los coches que pían
de vez en cuando.
Por las calles de mi cama
no pasan flores ni carros.
Solo pasan transeúntes
de vez en cuando.
Yo los oigo mientras sueño
y los sueño mientras paso
por las calles que me crecen
en el cráneo.
Y los mezclo con fantasmas
de cascabeles y nardos.
Yo quisiera oler las flores
de esos campos.
Se me cansan las pestañas,
se me cansan de andar años,
No me basta con mi calle
¡quiero arrancarme el asfalto!
Oigo el ruido por las noches
de la ciudad bostezando.
Tiene una señal que dice
¡Prohibido besar mis labios!
Por la calle de mi cama
pasan pétalos llorando
cada dos en una moto
sin el casco.
No me basta con mi calle
¡Yo quiero probar el pasto!
Quiero ser antes, no ahora,
¡quiero lijarme las manos!
Por la calle de mi cama
sigue quedando algún árbol.
Se me van cayendo almohadas
mientras ando.
En la calle de mi cama
siempre me acabo acostando
bajo sábanas de trigo
sobre colchones de asfalto.
Y me duermo, sí, me duermo
y horas después me levanto
cubierto entero de polvo
como un libro, amordazado.

el antiguo poeta

Salió el poeta al fin de su madriguera
con los ojos ardiendo de poesía.
Buscó a los otros.
Nadie respondía a aquellos nombres.
Se le derramaron en la mano los versos que traía,
como agua en la arena,
como ruido en la melodía.
Cruzó las calles que rimaban
y aquellas que habían perdido la rima en las alcantarillas
Se fueron enfriando los caminos de sus ojos,
la melancolía.
Le secaron la lengua las palabras del polvo,
la triste decepción del que no entiende la poesía.
Cantó en las escasas farolas
que aún conservaban encendidas sus bombillas.
Pero no volvió
a la madriguera
ni a escribir en aquel cuaderno de lo que él había llamado poesía
No volvió a firmar en verso
y tiró en cada papelera
como los trozos de una tarjeta de crédito,
cada una de sus rimas
Y siguió para siempre recorriendo calles,
asumiendo lo que había,
asumiendo que después de todo los poetas eran otros
y no era poesía
lo que por las noches con estúpidas y ridículas palabras
en hojas demasiado blancas escribía.

Ya no hay nada en el amor que sepa a nuevo
Todo lo fueron alumbrando las estrellas
y ese es el horrible problema que tienen
todas las cosas bellas.

Cuando quise darme cuenta
de por qué ya nunca amaba
esperé a ver si pasaba
de largo la tormenta.

Y a la luz de las estrellas
amé todas las poesías.
Pero me cansé de ellas…
sobre todo de las que más me conmovían.

Y así me pasó con cada cosa,
con cada palabra de amor que me dijiste
Y así me pasó con cada pétalo de rosa
y con las lágrimas que ya
no me ponen nunca triste.