Aprender a convivir con los sentimientos,
ser compañeros de cuerpo.
Que ellos entiendan que nos cuesta entender sus horarios.
Que nosotros entendamos que ellos ya llevan muchos años viviendo.
Que sepan que hacemos ruido
porque así es como nos entendemos.
Que dejemos de protestar
por tener que estar siempre limpiando lo que manchan ellos.
Llevarnos bien,
leer mucho para saber cómo se han comportado en otros cuerpos.
Tener paciencia porque en el fondo
ellos no han cambiado, siguen siendo como niños pequeños.
Que entiendan que, aunque somos capaces
de equilibrarlos y contenerlos,
no nos es siempre fácil,
no es siempre posible estar atentos.

Si la convivencia de por sí es difícil,
cómo no lo va a ser con los sentimientos.
Tengamos paciencia.
Dejémosles más espacio que el que nos dejan ellos.
Que si sabemos manejarlos,
si aprendemos a entenderlos,
al final caeremos en la cuenta
de que no hay mejores compañeros.

Me gustaría darte la oportunidad
de verte a ti mismo a través de mis ojos
Frida Kahlo

Que por un día me vieras como yo te veo.
Mucha gente lo sueña.
Yo lo sueño.
Que por un día
pudieras verlo
y me dijeras si lo que sientes por mí
es lo mismo que yo siento.
Que se acabaran de una vez
los tequieros
y esas palabras que nunca
consiguen arrastrar consigo verdaderos sentimientos.
Que vieras lo que es un día para mí sin ti
y fuera igual de triste que cuando tú me echas de menos.

Si por un día me vieras como yo te veo,
se acabaría el miedo a estar solo en el mundo,
se acabarían los celos,
se acabaría pensar
que amar es solo encontrar a una persona con la que la vida duela menos.
Se acabaría suponer
que solo me quieres porque soy bueno.

Si por un día comprobaras que me ves
como yo te veo…
Se demostraría que el amor
es la única manera de ser el mismo en otro cuerpo,
de estar en dos sitios a la vez,
de verse desde fuera sin dejar de estar dentro,
la única manera
de ser por una vez dos contra uno contra el tiempo.

¿Y ahora
cómo le explico a mi corazón
que no estoy solo?
¿En qué tipo de soledad
proyectará ahora su tristeza?
¿A quién encontrará
por la noche en las estrellas?
¿Para qué futuro amor
se esforzará en recoger
las más bellas?
¿De qué le servirá
preparar irrepetibles melodías
con las letras?

¿Cómo le digo yo
que todo era al fin por ella,
que ya todo acabó,
que terminó la espera,
que ya no es necesario que se esfuerce,
que esas cosas ya
no merecen la pena,
que ahora no estoy solo ya
que ya no hace falta
que me mueva,
que ahora es su corazón el que me mueve
que ahora quien me mueve
es ella?

Pero ¿cómo le digo yo
que esta vez sí es ella
que no me he vuelto a equivocar
que es perfecta,
que tiene el mismo corazón,
pero con la polaridad opuesta?

¿Cómo convenzo ahora a mi corazón
de que he encontrado al fin a aquella
a quien él pueda mover
sin estar preocupado
de que yo no me mueva?

¿Cómo convencerle
de que es ella
por la que merecerá la pena morir
cuando ella muera?

Lo siento por desaparecer a veces.
A veces
prefiero no estar,
quiero dejar de seguir haciendo daño
y desaparecer sin más.

No pienses que es que no te quiero.
No pienses que es que te voy a dejar.
Es solo que a veces
pierdo el control de todo
y prefiero no molestar.

Como mínimo has hecho
que me vea igual todos los días.
Aún recuerdo los domingos
cuando en el yo de entre semana no me reconocía.
No entendía cómo podía estar
tan distraído con la vida,
cómo podía estar sin recordar que me faltaba algo
durante cinco días.
Era como si fuera otra persona,
como si no fuera yo. No lo entendía.
Me daba rabia dejarme llevar de esa manera
por la alegre e inconsciente rutina.

Pero ahora tú como mínimo has hecho
que me vea igual todos los días
que los domingos no me avergüence
de esa persona que soy entre semana tan distinta
y que entre semana no tema que se acerquen
los estúpidos domingos de ajena melancolía.

Mi novio no me hace nada
si antes no apaga la luz
(Mi novio es bobo de Nacho Vegas y Free Reega)

Acércate.
Ven a darme un beso,
pero apaga la luz antes,
no vayas a ver mis sentimientos.

Que no te asuste mi tristeza,
aún soy capaz de querer, creo.
Por si acaso no mires, no toques,
quizás tampoco a ti te guste que sea demasiado bueno.

Apaga la luz, que me da vergüenza
que veas mis defectos,
que levantes mi corazón
y veas escondidos debajo demasiados recuerdos.

Ven a darme un beso, sí,
pero apaga la luz primero.
Y cierra los ojos.
No mires muy dentro.

O quizás, antes de que te asustes,
mejor no vengas a darme un beso,
que siento que ni apagando la luz
te apetecerán mis sentimientos.

NANA DE LA PRINCESA

Se dormirá la princesa. Se dormirá
entre almohadas de nubes
y sábanas de mar;
entre cisnes que nadan
en lagos de cristal.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
entre estrellas fugaces
y sueños de coral.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y sus labios juguetones
se irán a otro lugar.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y soñará con un príncipe
que siempre la amará.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
en un colchón de plumas
y de felicidad.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y el príncipe entonces
dejará de cantar

Ya bosteza la princesa.
Ya bosteza
su boquita de cereza.

Ya bosteza la princesa.
Ya bosteza.
Dejémosla que se duerma…

Ya no llora la rosa.
Ya no lloran
sus pupilas rojas.

Ya no llora la rosa.
Ya no llora.
Dejémosla que ría ahora…

Ya navega lentamente
el cisne por la fuente.
Ya no siente.

Ya se aleja dulcemente
el cisne por la fuente.
Dejémosle que se aleje…

¿Cómo se puede vencer
a la terrible idea de que se va a morir?
De muchas formas:

Cantando,
con la extraña felicidad
de saber que se está vivo
y no saber por qué.
Con esa sonrisilla maliciosa
del que cree que no merece lo que tiene
pero disfruta con ello.

Escribiendo, leyendo.
Comprobando que todos tuvieron la muerte al fondo
y la vencieron,
dejándose caer en lo bonito que es hacer cosas
sin ningún motivo,
porque sí,
porque estamos vivos.

Riendo, sobre todo riendo,
como el loco que se ríe
atravesado por flechas.
Así se ve lo poco que importa cualquier idea
y más la idea de la muerte,
que es la única que ya no sabremos si era cierta,
y si lo sabemos
querrá decir que la muerte
solo es un paso
de un lado a otro
donde ya no haremos caso
a las locas ideas
inventadas por el hombre
para hacer más épica la vida,
aunque ello haya implicado
temer a la muerte.

¿Cómo vencer a la muerte?
Cantando, riendo,
sabiendo que no se pierde nada.
Y si se siente que se pierde
es porque todo lo que aparenta ser un final
suena a derrota.

Yo la venzo escribiendo
porque así se ve más claramente
que todo no es más que palabras en un papel
y que el precio de disfrutar de la vida
es ser conscientes de que se muere
y el precio de amar
es que el final sea siempre triste y duela.

Si hemos decidido ser así
aceptemos lo que venga
riendo
porque al fin y al cabo ya se sabe
que los más tristes finales
son los que han tenido las historias más bonitas,
los que demuestran
que da igual cuándo llegue
porque por el mismo precio
nos dan la posibilidad de vencer cualquier dolor
y de completar con recuerdos
las historias que se acaban demasiado pronto.

Se te oía un silbido en el corazón.
¿O era un lamento?
No era el indicio de una enfermedad.
Se notaba en el silbido un sentimiento.

¿Era grave? No lo sé.
No te dije nada, pero te abracé y te di un beso.
Yo también sé lo que es estar con la persona más querida
y aun así sentir tristeza y miedo.

Ahora pienso en ti y recuerdo con qué pena
el silbido se me metió por el cuerpo,
con esa pena tan vacía
que da el dolor ajeno,
ese dolor que recuerda que hay cosas inevitables
por mucho que otra persona vaya a nuestro lado y la abracemos.

El silbido en tu corazón me hizo recordar
la incertidumbre que todos tenemos
por cosas que al final seguramente no sean nada,
pero que ni un fuerte abrazo consigue a veces que las olvidemos.