¿De verdad me quieres?
Si soy el viento
que a veces tiene fuerza,
pero luego se calma
y nadie sabe dónde está.

¿De verdad me quieres?
Si soy el fuego
que abrasa con sus llamas,
pero requiere para eso
algo que quemar.

¿De verdad me quieres?
Si soy el agua
que limpia y que refresca,
pero si no se controla
lo inunda todo y puede ahogar.

¿De verdad me quieres?
Si soy la música
que un día calla
y estridente te recuerda
el silencio que antes
no te hacía llorar.

¿De verdad me quieres?
Si soy la extraña visión de la vida,
el que te llevará a un mundo fantástico
del que solo yo
te podré sacar.

¿De verdad me quieres?
Si soy el amor que te amará siempre,
sabiendo que no siempre
le será posible amar.

¡De verdad me quieres!
Porque el viento, el fuego, el agua,
la música, mi extraña visión de la vida,
mi amor terrible,
no hacen más que intentar asustarte
y tú no te vas.

A una muchacha quizás muerta

Déjenme recordarla
José Ángel Buesa

Hoy te cogería de las manos suavemente
y te besaría como aquellas veces.
Olvidémonos de las promesas que no se cumplieron
Hoy hace justo cuatro años que sonó un “te quiero”.
Recordemos solamente ese instante
como si no hubiera pasado nada después ni nada antes.
Recordemos nuestros ojos en aquel momento,
sin un rasgo de dolor ni una gota de lamento.
Dejemos a un lado las noches absurdas
de dos almas que se quieren y no están juntas.
Recordemos. Solamente recordemos.
Cada uno en su cuarto o donde estemos.
Y así, otra vez, unidos por aquel te quiero,
quizás volvamos a encender la llama del amor verdadero
y, aunque sea de otros, porque ya no podemos amarnos,
quizás otra vez volvamos a enamorarnos.

No es nada raro. En la vida las cosas pasan:
la gente muere, los amores fracasan.
Y, a pesar de todo, el corazón sigue palpitando
como si no se diera cuenta de lo que está pasando.
Y seguimos sufriendo sin sentido
lo que debió caer en su momento en el olvido.
No hay nada que evite que estas cosas sucedan.
Los olores más amargos son los que se quedan,
como una lágrima en la tinta de un te quiero perdido,
como el olor de la tarde en que asumí
que ya te habías ido.

(Van pasando los años…)
Para los recuerdos lo lejos es imposible.
El tiempo llama a gritos pero no hay manera
de volver al otro lado.
La vida está partida
en momentos del pasado.
Los que se fueron no vuelven
y los que vuelven es que en verdad nunca se marcharon.
Los latidos lo marcan:
Silencio. Latido. Silencio.
Eso da igual para los que nunca se enamoraron.
Silencio. Mujer. Silencio.
Pasado. Latido. Pasado.
En la mano una sombra. Un temor en el pecho.
Ojalá nunca me hubieran besado.
Todo. Latido. Todo.
Todo termina acabando.
Como la vida, como las fotos de mi cuarto,
como las cosas que un día veo
y al siguiente creo que he soñado.
Los recuerdos están tan lejos…
Nadie ha logrado alcanzarlos.
Pero se siguen viendo, se siguen viendo
allí al otro lado
y siguen sonando y siguen oliendo
y siguen teniendo algo que contarnos,
siguen teniendo sabor a vida,
sabor a poder recuperarlos.

Silencio. Latido. Silencio.
Giro la cabeza. Cierro los ojos. Ando.
Me pongo la mano en el corazón.
Noto que me falta algo.
Son más largos los latidos
del que no está enamorado,
del que no tiene la vida partida
en mil pedazos,
del que no tiene millones de recuerdos
y trata de alcanzarlos.

La vida es Silencio. Latido. Silencio. Silencio. Silencio…
El silencio acaba siendo cada vez más largo,
hasta que ni siquiera los recuerdos
son capaces ya de despertarnos.

Todos maduraron.
Yo me divertí durante demasiado tiempo.
Huí de los reclamos de la vida
pero la vida no se cansó de seguir pidiendo.
Todo lo que fui tragando
no pensé que se fuera a quedar dentro.
Ahora parece que voy madurando
y voy entendiendo de qué va esto.

Todos maduraron demasiado pronto
o acaso es que yo fui el más lento.
Cuando descubrí la farsa de mi alegría
ya tenía muchas lágrimas al descubierto.
Me había dado cuenta de que la vida puede ser muy triste
si en vez de tener sueños tenemos sueño
y acabamos madurando como todos
y caemos del árbol sin recuerdos.
Todos maduraron demasiado pronto
dejando de un lado sus sueños,
cansados de una vida que no apetece,
mirando hacia atrás y viéndome riendo,
viendo al que maduró el último,
al que maduró más lento,
al que sigue ilusionado con cosas imposibles
y sigue confundiendo la vida con los sueños.

Vale la pena esperar

No me pidas que te ayude.
No me llames egoísta por no estar contigo ahora.
Lo mismo que tú sientes
lo llevo yo sintiendo mucho tiempo.
Nunca te lo había dicho
porque yo no sé decir las cosas,
porque yo espero a que alguien llegue
a desvelar mis sentimientos,
a hacerme comprender que en este mundo
vale la pena callarse
porque así es como se escucha,
porque así es como se espera
al que un día llega y nos descubre,
al que un día llega y nos enseña
que el mundo no es tan malo,
que lo que uno lleva sintiendo mucho tiempo
es porque aún no había encontrado
a los que de verdad merecen la pena en este mundo,
con los que no hace falta hablar
para que comprendan nuestros sentimientos,
a los que tristemente esperan
a que nosotros también lleguemos un día a ellos.

Hoy te quiero
como si no te fuera a volver a ver.
Y eso es quererte a la desesperada,
como si no hubiera nada más en el mundo,
como si el viento pesara,
como si un día bastara
para saber lo que es la vida.

Hoy te quiero
como si no fuera a volverte a ver,
como habría querido a los que se fueron
sin despedirse,
con esas ganas que a uno se le quedan
de haber sabido el día antes que se irían.

Por eso hoy te quiero
como si no te fuera a volver a ver.
Te quiero en un momento
como no he querido a nadie en una vida.
Te quiero
y no me importa saber
que algún día será cierto
que dejaré de verte para siempre.
Porque hoy ya te quiero
como si nunca más te fuera a volver a ver.

Y con este quejarme escribiendo
de que todo es en vano,
con estos paradójicos poemas
que no hacen más que dejar claro
que las cosas más bonitas
son las que se nos escapan de las manos,
no para cambiar el mundo
ni para mejorarlo
no para hacer que sea menos triste
ni para sentirnos más humanos,
no para que el mundo sea mejor,
sino para que siga siendo felizmente extraño.

Con este quejarme escribiendo
de la inanidad en la que vagamos,
con este quejarme escribiendo
sigo demostrando
que no importa lo vano que sea todo
que no importa que sea todo vano.
Lo que importa es que seguimos aquí
y que eso no tiene por qué ser malo.

Ya, pero ¿por qué eso es
una respuesta?
¿Qué significado tiene
que alguien te quiera?

Sigues sin saber por qué has nacido,
aún te sorprende que la gente muera.
Sabes todavía que no sabes nada
y no encuentras por ahí nadie que sepa.
Sueñas despierto por las noches todavía
y sigues dudando de las estrellas.
Te despiertas cada día esperando algún milagro
antes incluso de acordarte de ella.

Ya, soy consciente de que sigo
sin encontrar la respuesta,
pero la cuestión es que ahora
hago las preguntas de otra manera.
Y aunque sigo no sabiendo nada,
sé al menos que no es solo inexplicable lo que hay ahí fuera,
sé que quizás el amor
es lo que une todo aquello para lo que no hay respuesta.

Estaré así un tiempo distraído.
Por lo menos mientras esté a mi lado ella.

Hoy es el último día de mi vida.

Siempre asumí que sería
el día de mi muerte,
pero ahora comprendo
que morir es una tontería.
Y no es que se muera de amor.
Es que la vida se acaba
pero se sigue viviendo
y ese es un castigo
que jamás asumí que llegaría.
Si hubiera muerto, al menos,
no tendría que observar
cómo ella se va,
cómo se va lejos,
y cómo yo me quedo
con la misma vida que antes
pero con una vida menos.