Los espíritus tocan
a los que son casi transparentes.
Los cogen por detrás
y ellos los sienten
Les gustaría ser como ellos:
casi transparentes.
Les gustaría sentir lo que ellos sienten.
Tienen el alma a flote
y el corazón en los dientes.
Son personas especiales
y tienen a Dios presente.
Sus manos son cálidas,
sus ojos diferentes.
Tienen la piel muy clara
son casi transparentes.

Porque ya olvidé mis recuerdos
y comprendí que no eran nada
Porque ya lo entregué todo
y me quedé hasta sin ganas
Porque ya he amado antes
No quiero enamorarme

Porque ya tuve mi tiempo
y ya no hay nada que me valga
Porque ya pertenecí a alguien
y me vendió en una subasta
Porque ya he amado antes
No quiero enamorarme

Porque sé que nada vuelve
y tú no fuiste el primero en encender la llama
Porque sé que no es posible
que te ame como amaba
Porque ya he amado antes
No quiero enamorarme

Pero tú me diste algo
que me dejó destrozada
Me demostraste que nunca
había estado enamorada

Y como no había amado antes
no dudé en enamorarme

Incomprendido en el mar
como una piedra más.
Alejado del cielo
y, bajo el cielo, solo.
Solo bajo el mar.

Incomprendido en el mar
como una estrella más.
Reflejado en el agua
y, en el agua, llorando
lágrimas de sal.

Incomprendido en el mar
como un suspiro más.
Volando por la brisa
y, en la brisa, cantando
sin poder amar.
Incomprendido en el mar
como un náufrago más.
Olvidado en las olas.
Ellas la secuestraron.
Nunca volverá.

Incomprendido en el mar
como agua.
Nada más.

Me gusta la gramática.
Y por eso me gusta la poesía.
O al revés.
Me gustan las palabras milimétricas,
las que con precisión miden
la longitud de la garganta,
el tamaño de mi corazón,
la nitidez de los matices,
las deícticas terribles diferencias
entre los pronombres «tú» y «yo».

Me gusta la poesía.
Y por eso me gusta la gramática.
O al revés.
Me gusta controlar
todos los rasgos que se esconden
detrás de los símbolos escuálidos
a quienes confío mi alma,
a quienes dejo mis recuerdos
como unos padres a su hijo
en su primer día de guardería, fuera de casa.

Por eso me gusta la gramática.
Por eso me gusta la poesía.
Porque cuanto más froto mi tiempo sobre ellas
más nítido veo el reflejo
de lo que se esconde en su interior,
en mi interior,
en mi gramatical ternura,
en las minúsculas sintáctico-semánticas partículas
de mi poético y a simple vista inexistente
instinto de amor.
O al revés:
amor por el instinto
de los poéticos sintagmas
que me permiten disfrutar de la tristeza de ser yo.

Fíjate qué tontería:
comprar un aguacate en un supermercado.
No podría haber nada más insulso,
nada más liviano.
Pero al paso de los días
hasta eso puede volverse terriblemente amargo.
¿Por qué me habré acordado justo de eso?
No lo sé.
Quizás algo que haya visto me lo ha recordado.
Lo cierto es que cualquier situación,
cualquier pequeña estupidez del pasado
recuerda amargamente
lo imposible que es aprovecharlo,
y devuelve esa terrible sensación
de ver que realmente al final
ni un aguacate se puede conservar para siempre en la mano.

Vendrá el mar a llevarse mis poesías.
Me arrastrarán las olas a la arena.
Seré el perdido náufrago que duerme
en un barco de tierra.

Me hablarán las medusas que se mueren
como yo me moría en la galerna.
Me herirán sus tentáculos de lluvia
en mi alma sin isla y sin botella.

Seré el perdido náufrago que mira
cómo el mar le arrebata sus poemas
e intenta en su impotencia reescribirlos
con el dedo en la arena.

Seré un náufrago
moribundo en la arena
recuperando espíritus de versos
que borrarán las mismas olas cuando vuelvan.

Hay vidas en las que uno se despierta torpe.
Debe ser lo que me ha pasado a mí.
Siento que a diferencia de otros
yo no he aprendido bien a vivir.

Sigo con las mismas dudas de siempre,
el mismo extraño anhelo de sobrevivir,
incluso me enamoro con más fuerza que entonces,
como si esta vez no fuera como siempre a sufrir.

Hay días en los que uno se despierta torpe
como si hubiera perdido habilidades al dormir.
Hay días en los que uno piensa demasiadas cosas
y hasta tiene peor letra al escribir.

Son vidas en las que uno se tropieza con las cosas
como si las hubieran puesto aposta ahí.
Son días en los que uno se queja
de todo lo que ha sido siempre así.

Entonces uno siente que la vida puede
seguir consistiendo simplemente en vivir
y que el que cambia es en verdad uno:
que hay días que no asume su manera de existir.

Como las olas, que a golpes van
acercándose a mis chanclas
y las rozan poco a poco
y las arrastran luego lentamente
hasta acercarlas a otras olas
para expulsarlas después.
Como las olas,
que tras ese jugueteo con mis chanclas
finalmente las engullen
y las van llevando adentro
más y más lejos de la orilla
hasta hacerlas desaparecer.
Como las olas,
que aunque empujan hacia fuera
engullen hacia dentro.
Como las olas.
Así es el amor.
Y yo
como unas chanclas en la orilla,
aceptando que me arrastren,
con la sola resistencia
de unos surcos en la arena,
de unos surcos que son solo
caricias que enseguida
las olas borrarán.

Tengo frío. El día está gris y tengo frío.
El otoño se acaba y se acerca ya el invierno.
Los pájaros también se refugian en sus nidos.

Hace frío. No tienen la culpa mis recuerdos.
El día está muy gris y es normal que tenga frío.

Ya temía yo que con ella terminara
igual que con las otras… hundiéndome en lo mismo.

Todos dicen que soy un cabrón con las mujeres
y yo, por demostrar que no, amo sin sentido.

Le prometí un amor tan eterno como a todas
y lo eterno duró lo que cada una me quiso.

No sé lo que pretendo. Pensaba que era bueno.
Creí que los poetas amábamos distinto.

Al menos la previne. sabía que algún día
terminaría con las demás en el olvido.

¡Pero estaba seguro de que tú eras la perfecta!
¿Por qué no puedes ser tú mi amor definitivo?

Mañana, cuando vuelva a mirarte, o pasado,
te miraré quizás con mis ojos de asesino

y tú sabrás que he vuelto a caer en lo de siempre,
que he intentado demostrar otra vez que soy distinto.

Te juro que las cosas que dije desde dentro
eran verdad… te amaba… yo nunca te he mentido.

Seguramente no me creas pero, aun breve,
mi amor hacia ti ha sido el más puro que he sentido,

por eso deseé que tú fueras la perfecta,
no quise condenarte a ti también al olvido.

Pero mi corazón aún recuerda aquella herida
y ve en todas las chicas a aquella que se la hizo.

Yo nunca te he mentido, no sé decir mentiras…
o quizás sí y es falso todo esto que te escribo…

Tengo frío, sí, tienen la culpa mis recuerdos;
son ellos los que siempre deciden mi destino.

Son ellos los que sacan el frío de mi alma.
Ahora sólo es vaho lo que fueron mis suspiros.

Tengo frío. Da igual que haga frío fuera, siento
que tengo yo la culpa de todo y que es el frío

el dolor que me deja intentar amar sin miedo
y el dolor que siento cuando me quedo vacío.

Y así es con todo.
Lo que un día me emociona,
enseguida lo convierto en polvo.
Es imposible que así
llegue algún día a ser otro.
Es imposible que así
encuentre una respuesta
que lo explique todo.
En cuanto algo me emociona
lo razono.
Y así es con todo.
Y así paso por la vida,
de un episodio en otro
sin llegar realmente en ninguno
a ver el fondo.