Estamos solos
y yo sé que no
pero estamos solos
Lo sé desde que ella apareció
y dejé de pensar que estaba solo
pero se fue
y ahora estoy solo
y yo sé que no
pero estoy definitivamente solo.
Estamos solos
y yo sé que no
pero estamos solos
Lo sé desde que ella apareció
y dejé de pensar que estaba solo
pero se fue
y ahora estoy solo
y yo sé que no
pero estoy definitivamente solo.
No es que quiera decir que no a mi alma
pero es que ya van siendo demasiadas cosas tristes.
Volver a amar me trae un raro recuerdo
de poesías de amor y noches grises.
No es que quiera decir que no al silencio
pero es que creo oír lo que el silencio dice.
Es que creo que hay algo en estas noches
que en la oscuridad de los latidos se repite.
No es que quiera decir que no a los sueños.
No es que quiera olvidar que un día quise.
Porque sé que quise y acepté que se acabara
y no me arrepiento de nada de lo que hice.
No es que quiera decir que no por ella,
pero el olvido y el corazón nunca coinciden,
y esta noche quería hablar de amor
sin acabar como siempre escribiendo cosas tristes.
Y por eso le quiero decir que no a mi alma.
No porque esta noche ya no la necesite,
sino porque a veces me gustaría poder amar
y escribir a la vez cosas felices.
Tengo que graparlo en mi cabeza
(Leiva – Los cantantes: Tengo que grabarlo en mi cabeza)
Ya no sé dónde ponérmelo
No sé dónde grapármelo
No te enamores, no, no te enamores
que siempre alguien va a pasarlo mal
cuando entras con tus cosas en sus noches.
¡Cuántas veces me lo tengo que decir!
Para ti no es bonito el amor, no es bonito
dedícate a otra cosa
y deja que sean otros
los que paseen juntos los domingos.
Deja a las que te quisieron que quieran bien
que tengan relaciones normales
que lo pasen mal si lo tienen que pasar mal
pero que no sea porque tú insistes en querer
y no sabes
No puedo amarte. Tiene estas cosas la vida.
Cosas tan tristes como el tiempo.
Más tristes que las propias lágrimas,
tan tristes como las lágrimas que se lloran hacia dentro.
Son pequeñas cosas que nos hacen separarnos:
una fecha, un amor, una palabra, un momento.
Cosas tan estúpidas como una estrella
tapada por una nube en una noche de invierno,
tan estúpidas como que amándonos
no nos amemos,
tan estúpidas como el que pasa por el mundo
derrochando los recuerdos.
Cosas como despedirse de alguien a quien no volveremos a ver
con un “hasta luego”,
cosas tan estúpidas como llorar
cuando alguien ya está muerto.
Y es triste pero tiene estas cosas la vida,
cosas como soñar con gente que jamás conoceremos,
cosas como enamorarnos, como amar en secreto,
cosas como escribir un diario
y jamás volver a leerlo.
No puedo amarte. No puedes amarme.
¿Por qué la vida deja entonces que nos amemos?
Somos como el barco de vela
en un mar donde nunca soplará el viento.
Y acabaremos enamorándonos de otros,
encontrando incluso nuestro amor verdadero
y este amor solo lo recordarán
estos estúpidos versos.
Y no pasará nada. Tendremos hijos,
seremos felices allá donde acabemos.
Lo único es que jamás podremos amarnos
porque tiene estas cosas la vida. Y no hay remedio.
¿Por qué lloras? No hay nada que no pase.
Acabarás cambiando ese dolor por un beso.
Acabarán brillando las estrellas. No llores.
Desde allí te saludan las almas que murieron.
El amor no se acaba. Era mentira.
Lo único que se acaba son los cuerpos.
Pero a la noche no le importa, sigue apagando
todos los días, para que te quieran, el cielo.
¿Por qué lloras? Hay cosas que no vuelven,
pero mira a esa viuda sonriendo.
Se puso en las heridas de la muerte
tiritas de recuerdos.
Lo sé. Hay muchas veces que es terrible
vivir ciertos momentos
y no hay rincón del alma que no hayas recorrido
para buscar un poco de consuelo.
¿Por qué lloras? ¿No ves nada que tenga
un poco de sentido para ti, un destello
de esperanza en la vida al que agarrarte,
algún verso de amor, de esos que paran el tiempo?
Sí. ¿Para qué parar el tiempo ahora
si lo mejor es que siga corriendo?
Te digo que la vida da sorpresas
y todo lo que quita lo acaba reponiendo.
¿Por qué lloras? Verás qué pronto te llama un ángel
y te cumple un deseo.
Verás qué pronto llega una mirada
y se posa en alguno de tus sueños.
Lo ves. Ya son suspiros las lágrimas de antes.
Pronto serán bellísimos recuerdos.
Y luego acabarán siendo palabras que den
a quien como tú llore, aliento.
Dame un abrazo. No es tan malo llorar a veces.
Nadie nos prometió una vida sin sufrimiento.
Y aunque nadie nos dijo nunca por qué morimos,
tampoco nos contó por qué nacemos.
Ahora dame la mano y miremos los dos juntos
aquella estrella que ayer no brillaba en el cielo.
Quizá entiendas que los mismos por los que se sufre tanto
son los que nos dan luego la mano y el consuelo.
A veces no estaría mal soñar lo que uno quisiera
y despertar también en el momento justo.
A veces no estaría mal soñar que al tiempo
se le diera la vuelta
y que así los poetas que leemos nos leyeran.
Y que así Bécquer leyera a Alberti,
así a Lorca Lope de Vega.
A veces no estaría mal soñar lo que uno quisiera.
Que me leyera Homero
y que aprendiera
el español como una lengua muerta
y despertarse justo
cuando todo el mundo entendiera
que hay cosas en el tiempo que resisten
aunque se les dé la vuelta.
(A veces no estaría mal considerar
a la poesía como un reloj de arena
con la misma arena siempre
por mucho que se gire y se le dé la vuelta.)
Yo no he venido
a crear
ideas nuevas,
sino a cantar
lo que no les dio tiempo
a otros poetas.
Ya sé que es difícil quererme.
No lo voy a negar; no tengo tanto morro.
Ya sé que fui yo el que muchas veces decidí
acabar para siempre con todo.
Ya sé que es difícil quererme.
No hay más que ver que sigo solo.
Y que aunque es verdad que algunas me quisieron,
la que no se fue por un motivo, ya me encargué yo de que se fuera por otro.
Ya sé que es difícil quererme.
Ya sé que a veces debería dar menos y así exigir poco.
Ya sé que no sirve de nada
que algunas todavía me recuerden aunque estén con otros.
Ya lo sé. Ya sé que soy difícil.
Ya sé que no es bueno estar conmigo en el fondo.
Ya sé que a veces hago daño
y que prometo demasiadas cosas cuando me enamoro.
Ahora lo sé mejor que nunca.
Ahora que por fin encontré con quien dejar de hacer el tonto.
Ahora que los dos nos queríamos.
Ahora es cuando más difícil es todo.
A veces la vida se rompe en pedazos,
en pedazos terribles de ignorantes lágrimas,
y hay muchas palabras, muchos amigos,
pero solo el tiempo parece capaz de consolarlas.
A veces la vida lo destruye todo,
todo, sí, pero deja la nostalgia,
deja el pensamiento, los recuerdos, la tristeza,
deja el amargo sabor del mañana.
A veces la vida se queda vacía
y solo el alma puede rellenarla,
pero el alma está llena de dolor y de amargura,
de pedazos de terribles e ignorantes lágrimas.
(Van pasando los años…)
Para los recuerdos lo lejos es imposible.
El tiempo llama a gritos pero no hay manera
de volver al otro lado.
La vida está partida
en momentos del pasado.
Los que se fueron no vuelven
y los que vuelven es que en verdad nunca se marcharon.
Los latidos lo marcan:
Silencio. Latido. Silencio.
Eso da igual para los que nunca se enamoraron.
Silencio. Mujer. Silencio.
Pasado. Latido. Pasado.
En el pecho una sombra. Un temblor en las manos.
Ojalá nunca me hubieran besado.
Todo. Latido. Todo.
Todo termina acabando.
Como la vida, como las fotos de mi cuarto,
como las cosas que un día veo
y al siguiente creo que he soñado.
Los recuerdos están tan lejos…
Nadie ha logrado alcanzarlos.
Pero se siguen viendo, se siguen viendo
allí al otro lado
y siguen sonando y siguen oliendo
y siguen teniendo algo que contarnos,
siguen teniendo sabor a vida,
sabor a poder recuperarlos.
Silencio. Latido. Silencio.
Giro la cabeza. Cierro los ojos. Ando.
Me pongo la mano en el corazón.
Noto que me falta algo.
Son más largos los latidos
del que no está enamorado,
del que no tiene la vida partida
en mil pedazos,
del que no tiene millones de recuerdos
y trata de alcanzarlos.
La vida es Silencio. Latido. Silencio. Silencio. Silencio…
El silencio acaba siendo cada vez más largo,
hasta que ni siquiera los recuerdos
son capaces ya de despertarnos.