No me sale querer como decís que debo.
¿No es posible encontrar alguien con quien poder querer normal?
¿De verdad es necesario hacerse el interesante,
saber manejar los tiempos,
no dar un beso aunque nos apetezca besar?

No me sale querer así.
A mí que me escriban nunca me viene mal
y no me agobia que me quieran ver todos los días,
puedo dejar cualquier cosa a medias o esforzarme en acabarla antes con tal de quedar.

Ya lo sé. Querer es cosa de dos personas
y hay que saberse adaptar.
Pero sé que existe la persona
con la misma forma que yo de querer de verdad.

Tampoco era por medio del amor.
Ahora lo entiendo.

Nada hay que explique
hacia dónde vamos,
por qué nos movemos.

Por eso da igual
cómo nos coloquemos,
el camino que emprendamos,
desde dónde sople el viento.
Tampoco si fuera posible importaría
que nos quedáramos quietos.

Pero yo sigo aún sin entender
a qué viene pues este remordimiento
que pesa como una bola de plomo
y me presiona el pecho,
este peso que me instiga
a quedarme quieto
a sentir que a pesar de todo
a pesar de mis defectos
a pesar de que sigo sin saber por qué me quieres
a pesar de lo mucho que te quiero,
un peso horrible me obliga a responderte
sin saber ni siquiera
a lo que estoy respondiendo.

Un peso que me obliga a quedarme junto a ti,
un extraño presentimiento,
un anhelo de que otro como yo
sufra mis mismos sentimientos,
una extraña ansia de que tú y yo
aumentemos la cadena de eslabones en movimiento,
de seres que preguntan dónde,
de seres que preguntan cuánto tiempo,
de seres que preguntan por qué
sin saber siquiera
si alguien les está oyendo,
de seres que cumplen una misión,
sin siquiera saber si la están cumpliendo,
de seres que no saben
si preguntar es algo,
porque las preguntas en verdad
las han inventado ellos.

Estar o no estar.
¡Qué triste es saber
que es mejor no estar!
¡Qué triste es sentir
que era mejor no haber estado!

Estar y no estar.
Yo, aunque es mejor no estar,
quiero que se me recuerde
por haber estado
cuando ya no esté.

El tiempo es la más cruel manera
de saber que falta algo,
que falta algo
y que es imposible reponerlo.

El tiempo es la mirada que se calla
pero mira sospechosa sabiendo lo que ha hecho.

El tiempo está en el punto en el que aún parece que se puede,
aunque es imposible, vencerlo.

Es el tiempo
y no hay nada que hacer:
hemos construido la vida sobre sus cimientos.
Se le puede dar la vuelta a todo,
pero entonces faltará lo que aún tenemos.

Es lo triste de tener,
es lo triste de los sentimientos,
que solo les damos sentido
si duran algún tiempo.

Si entendiéramos que en verdad no duran nada,
que solo ocupan un momento,
sabríamos que amar no tiene dirección
y que el tiempo es solo
una forma de darle una historia a nuestros sentimientos,
y que, por eso, como cualquier  historia,
la vida tiene momentos malos y momentos buenos.

Solo tú eres capaz
de hacer que no importe
que el alma duela.

Solo tú eres capaz
de explicarme por qué
la vida es tan bonita aunque al final se muera.

Solo tú,
porque tú sabes de tristeza,
porque tú sabes que tener miedo no es malo,
que no es malo huir a veces ni siquiera.

Solo tú eres capaz de reconciliarme con las cosas
que nunca he enseñado porque me daba vergüenza.

Solo tú eres capaz de hacer que en el fondo de mi alma
pueda llegarme a creer que alguien me quiera.

Y así ya el miedo
no da tanta vergüenza.
Y que acabe un día no importa
porque solo un día contigo ya mereció la pena.

Ya apagaron las luces de las calles
que paseaban cogidas de mi mano.
Yo sigo paseando a veces solo
buscando algún recuerdo en el asfalto.

Ya apagaron las luces de las calles
el triste amanecer del que ya ha amado,
el triste corazón que añoró un beso
que jamás, en verdad, le habían dado.

Ya apagaron las luces de las calles
por las que yo iba siempre enamorado,
por donde iba pensando que era amor
lo que solo era andar por el asfalto.

Ya apagaron las luces de esas calles…
Ni siquiera sé ya por dónde ando.
Ni siquiera me saben a recuerdos
las lágrimas de ayer que voy pisando.

Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
mis hojas ya habrían volado a tus oídos.
Si fuera tan fácil amar como sentir miedo,
mi amor ya sería temblando tu primer hijo.
La voz es la más triste agotadora de manos,
portavoz de la vergüenza del amor prohibido.
Si fuera tan fácil amarte en tus mejillas,
no olerían tan mal las noches que paso contigo.
Los sueños de mi esperanza son sueños terribles.
Mi amor es así: solo me duermo cuando escribo.
Si fuera tan fácil acostarme en tus pestañas,
no harían mis besos de triste papel su camino.
Van cayendo noches de la pasión de mi alma,
cada vez me quedan menos frases con sentido.
No importa que busque entre mis hojas versos tuyos.
No importa. Los ojos se me caen cuando te miro.
No importa que afine mi voz tu dulce paso.
No importa. La lengua se me seca si suspiro.
Si fuera tan fácil hablar como escribir versos,
sería esta una hoja en blanco y tú el amor mío
y yo la fuente que lanza versos verdaderos
al desnudo pecho de tu mar. Como un río.

La inspiración excesiva que acorrala
en un rincón mudo a las letras.
La muerte que pica en la espalda
en un punto al que uno no llega.
Esa esperanza imposible
que juguetea
incluso con las mentes más brillantes
que lo han intentado en la Tierra.
Eso
o lo que sea.
No sé qué es la vida,
Y aun rescatando algún día a las letras,
aunque consiga rascarme la muerte,
aunque me ría de la humanidad entera,
no sé qué es la vida,
no creo que nunca lo sepa
y, por eso, me siento el más triste de todos los hombres
y, por eso, me importa tan poco la tristeza.

Desde el pasado me miró
Todos me miraron:
¿Qué fue de las estrellas
que por las noches nos guiaron?
¿Es que ya no muere nadie?
¿Ya nadie llora desolado?
¿Ya nadie echa de menos?
¿Qué fue de las rosas, de los ojos enamorados?
¿Qué fue de los cuerpos de mujer imaginados?
¿Qué fue de los suspiros de amor,
de los bellos versos claros?
¿Qué fue del cielo azul
y del mar alborotado?

Desde el presente les grité.
Todos me escucharon:
Las estrellas siguen ahí,
pero ya no las utilizamos;
sigue habiendo muertos,
pero ya son demasiados.
Hay demasiadas cosas para recordar,
demasiado pasado,
demasiadas cosas que añorar,
demasiados ojos enamorados.
Los suspiros no se escuchan:
vuelan demasiado bajo.
Las rosas apenas crecen
en el asfalto.

¿Y el amor?
¿Cómo entonces podéis conservarlo?
En la nevera a veces,
a veces en el rincón de un cuarto.

¿Y la poesía?
La poesía anda perdida en los armarios.

¿Y los poetas?
Los poetas como todo, somos demasiados.
Solo algunos, muy pocos,
logran demostrarlo.

Desde el pasado les grité.
Todos lloraron.
Desde el presente lloré.
Todos me miraron.