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(No hay dolor que un buen pecho no resista
No hay pena que no quepa en un recuerdo
No hay mal que en un suspiro no se vaya
No hay días que no acaben con el tiempo)
A una madre, de un hijo que pierde a su padre
¿Por qué lloras? No hay nada que no pase.
Acabarás cambiando ese dolor por un beso.
Acabarán brillando las estrellas. No llores.
Desde allí te saludan las almas que murieron.
El amor no se acaba. Era mentira.
Lo único que se acaba son los cuerpos.
Pero a la noche no le importa, sigue apagando
todos los días, para que te quieran, el cielo.
¿Por qué lloras? Hay cosas que no vuelven,
pero mira a esa viuda sonriendo.
Se puso en las heridas de la muerte
tiritas de recuerdos.
Lo sé. Hay muchas veces que es terrible
vivir ciertos momentos
y no hay rincón del alma que no hayas recorrido
para buscar un poco de consuelo.
¿Por qué lloras? ¿No ves nada que tenga
un poco de sentido para ti, un destello
de esperanza en la vida al que agarrarte,
algún verso de amor, de esos que paran el tiempo?
Sí. ¿Para qué parar el tiempo ahora
si lo mejor es que siga corriendo?
Te digo que la vida da sorpresas
y todo lo que quita lo acaba reponiendo.
¿Por qué lloras? Verás qué pronto te llama un ángel
y te cumple un deseo.
Verás qué pronto llega una mirada
y se posa en alguno de tus sueños.
¿Lo ves? Ya son suspiros las lágrimas de antes.
Pronto serán bellísimos recuerdos.
Y luego acabarán siendo palabras que den
a quien como tú llore, aliento.
Dame un abrazo. No es tan malo llorar a veces.
Nadie nos prometió una vida sin sufrimiento.
Y aunque nadie nos dijo nunca por qué morimos,
tampoco nos contó por qué nacemos.
Ahora dame la mano y miremos los dos juntos
aquella estrella que ayer no brillaba en el cielo.
Quizá entiendas que los mismos por los que se sufre tanto
son los que nos dan luego la mano y el consuelo.
Todo lo que hice fue
para ver si me querías
y ¡ya ves! me querías y ahora siento
que por mi culpa te perdí.
He sido siempre
torpe en el amor
como el niño que rompe su juguete
torpe en el amor
si es que alguna vez he sido algo,
si es que era amor.
He sido siempre
un fantasma volando por el tiempo
creyendo saber que no sabe nada
intentando demostrarte que eras todo
lo que quería para mí.
Y te has cansado
porque a nadie le gusta el torpe abrazo
del que no sabe cuidar lo que más quiere
y torpemente
lo va dejando partir.
Ya sé que lo he hecho mal.
No lo repitas.
Ya sé que ayer te prometí
que siempre te querría.
Ya sé que no es posible
dejar de querer en solo un día.
Cómo no voy a saberlo,
con lo mal que lo hago todo en la vida,
con lo triste que me siento
cuando no encuentro la forma de cumplir lo que de verdad te prometía,
cuando hago parecer como si no quisiera
para que no parezca que me puede la melancolía.
Cómo no lo voy a saber,
con lo mucho que te quiero
y con la cantidad de días
que me va a costar olvidarte
y dejar de quererte para toda la vida.
Algunos…muchos dicen…dirán que la vida es un camino,
un río que fluye, una esperanza
Yo…ahora, no creo moverme,
no percibo el horizonte
Si el mundo de verdad es un camino
yo estoy quieto
y no hay nada más terrible
que ver al resto quietos a mi lado
haciendo que se mueven,
mirándome de lejos desde cerca,
andando hacia ninguna parte
con la vista perdida
en un horizonte
al que algunos…muchos dicen…dirán que han llegado.
el antiguo poeta
Salió el poeta al fin de su madriguera
con los ojos ardiendo de poesía.
Buscó a los otros.
Nadie respondía a aquellos nombres.
Se le derramaron en la mano los versos que traía,
como agua en la arena,
como ruido en la melodía.
Cruzó las calles que rimaban
y aquellas que habían perdido la rima en las alcantarillas
Se fueron enfriando los caminos de sus ojos,
la melancolía.
Le secaron la lengua las palabras del polvo,
la triste decepción del que no entiende la poesía.
Cantó en las escasas farolas
que aún conservaban encendidas sus bombillas.
Pero no volvió
a la madriguera
ni a escribir en aquel cuaderno de lo que él había llamado poesía
No volvió a firmar en verso
y tiró en cada papelera
como los trozos de una tarjeta de crédito,
cada una de sus rimas
Y siguió para siempre recorriendo calles,
asumiendo lo que había,
asumiendo que después de todo los poetas eran otros
y no era poesía
lo que por las noches con estúpidas y ridículas palabras
en hojas demasiado blancas escribía.