No sé lo que tendré en el corazón,
pero parecen cuerdas,
cuerdas que al rasgarse
me susurran melodías.

No sé lo que tendré en el corazón,
pero hay palabras
que al oírlas hacen que me vibren las pestañas.

No sé lo que tendré en el corazón,
pero hay cosas invisibles
que despedazan mis pupilas.

No sé lo que tendré en el corazón
ni si tendrán otros lo mismo,
pero a veces, cuando alguien lee algún verso mío,
puedo sentir como mía su tristeza,
como si en el corazón tuviera
la tristeza de todas las personas,
como si en el corazón tuviera las cuerdas que encendieron
la música que distinguió al hombre de la nada
y le dio la tristeza suficiente
para empezar a plantearse su existencia.

No sé lo que tendré en el corazón,
pero sé que hay versos que sin duda
se parecen a lo que tengo.

Hay recuerdos que se van yendo poco a poco.
Y hay recuerdos que mueren de repente.
Se sabe así que no van a volver nunca,
pero no se sabe bien adónde van cuando se mueren.

Hay recuerdos que se matan,
pocos, porque los recuerdos saben bien cómo defenderse,
pero hay recuerdos que se matan
y no vuelven.
Y no vuelven… ¿o sí?
Vuelven como fantasmas, ahora con sabor a muerte,
con sabor a que la vida no es ya la misma
a que falta algo aunque ya no se recuerde.

Hay recuerdos que no se van yendo poco a poco
y dejan un vacío en el pasado cuando mueren,
un vacío donde deberían quedar los recuerdos
que expliquen por qué duele la vida cuando duele.

Dejemos que los recuerdos duelan
para saber mirar de frente
para entender que por matar el pasado
el amor no va a dejar de acercarse a la muerte.
Recuerdos que, si son peores,
darán más sentido al amor nuevo que llegue.
Y, si son mejores…, si son mejores ayudarán a comprender
que la vida sabe mejor que uno lo que uno quiere.

Los recuerdos deben irse yendo poco a poco.
Si dejamos que se alejen,
tendremos tiempo para encontrar
el lugar que ocupa su sombra en el presente.

Poesías y lágrimas en zapoteco

Aquí presento algunos fragmentos de poemas de Poesías y lágrimas traducidos por @DizhSa al zapoteco, lengua de México (¡Gracias!):

Quety xi nadiru maru joz Masque chunialiu, tyen quën liu duzhru ybana gal rzhiby

No hay nada mejor
que estar contigo
porque contigo
es menos triste tener miedo …


 

Galruan na zicy chi rtyug buny bzhugnani, gal Nguni na rbeguan buny xi xteni, as rdyenyi steiby. Ndiebaga

Llorar es como cortarse las uñas
La tristeza es deshacerse de cosas
que luego siempre vuelven a crecer. No hay duda …


 

Locni queity nazacdi queity rbezdi rcaz buny orgai Zezag rcaz buny.

Lo malo es que no se deja de querer en un momento.
Se sigue queriendo.


 

Lidyizyu gunyu yzeiny lai laztua chindilaza nu tu ycazna.

Solo tú eres capaz de hacer que en el fondo de mi alma
pueda llegarme a creer que alguien me quiera.


 

Rcaza liu Queity rcazdya gacbia zu zhi Cwez gana loo rata zhi. Nazhi al rcaza liu, zicybaza queityru chuzhi gana loo

Te quiero
y no me importa saber
que algún día dejaré de verte para siempre.
Hoy ya te quiero
como si nunca más te fuera a volver a ver.


 

Mas rzuniëng liu Zezag ru guet zienydan gwel ni bzalrëng liu Par chistiu queity rzacngalnedyui

Aunque te pisaban,
tú seguías poniéndote debajo.
Tantas veces te tiraban
que levantarte ya no te costaba trabajo.


 

Bal gatya, chiru a? Queity ycazu naa zicy queity nu Zac gaxliu. Bcaz naa mas queity nuzac gaxliu

Y si me muero, ¿qué?
No me quieras como si el mundo fuera bueno,
quiéreme aunque el mundo sea malo.


 

Nii rawa chat ni rliu queity rzalodi. Xmoda runya xjab cwiaxneza galambany chiru queity salodi zicy.

Por eso doy besos que parece que no empiezan.
Es mi manera de concentrarme para resolver la vida
y que así no empiece, y que así no muera

 

 

 

 

 

Sigues diciendo que me conformo contigo,
que me merezco algo más,
que no eres lo que siempre he querido,
que no me ves disfrutar.
Yo sonrío.
No sé por qué lo dirás.
Será porque aún no has llegado
a mirarme por detrás,
y ver mi maquinaria
y ver lo bien que me haces funcionar.
Será porque aún no he sabido
explicarte bien qué considero que es amar.
No es estar feliz todos los días,
es estar feliz cuando hace falta estar.
No es estar con la persona perfecta,
es estar con ella como si fuera normal.
Es estar por primera vez con alguien
y saber que no me va a dejar.
Es poder equivocarme
y tener las oportunidades exactas para rectificar.

Si me ves cara de conformarme
quizás es porque ya le había cogido el gusto a llorar
y tú estropeas mis ganas de tristeza,
pero yo creo que podré vivir también a gusto con tu felicidad.

Puedes seguir diciendo que me conformo contigo,
pero no digas que es porque merezco algo más,
o porque no seas perfecta
o porque no me haces disfrutar.
Es porque merecía menos y me cuesta ir aprendiendo
a no ser siempre el que da más,
a dejar de querer ser perfecto y a aceptar equivocarme
ahora que sé que lo perfecto
es que estás.

 

Quiero hacer contigo
todo lo que la poesía aún no ha escrito
Elvira Sastre

¿No será al revés?
No quiero hacer contigo
nada de lo que a la poesía le queda por escribir.
Quiero que contigo se acaben los versos,
que se vuelvan frases ñoñas
de lo bonito que es vivir.
Que se acabe la poesía entre nosotros,
que vuelvan las preguntas
que se responden solas.
No quiero hacer contigo lo que hace
mi alma con mis sueños
cuando le da por escribir.

Sí, es al revés.
No quiero hacer contigo
lo que le falta por escribir a la poesía.
No quiero más lágrimas secadas a la fuerza.
No quiero más bolígrafos
en una mano que ya solo quiere
agarrarte a ti.

Quiero hacer contigo
lo que siempre me he inventado
en los días en los que lo necesitaba
pero no me apetecía escribir.

Luego estamos los que preferimos imaginar
antes de pensar que no somos nada,
los que creemos que esa extraña sensación
que nos invade todo el cuerpo cuando el verso ataca
es algo,
aunque de momento solo ayude cuando embriaga.

Pero, claro, esos somos los que estamos luego,
los que podríamos huir de una mirada,
los que tocamos el aire y recordamos
lo que éramos cuando solo éramos alma.

Estamos luego porque un día
vale para nosotros como una vida que no acaba,
porque al escribir en verso hay un segundo
en que entendemos toda la existencia humana.

Estamos luego porque al comparar la vida
con un segundo de convertirse en solo alma
nos es difícil entender
a los que ansían una vida tan horriblemente larga.

Estamos luego porque no nos importa estar luego,
porque aún nos corroe la curiosidad humana
de saber por qué no es posible
capturar esos segundos y ser más tiempo almas.

Estamos luego porque buscamos el amor perfecto,
porque sabemos que la manera más parecida de prolongar esos segundos
es cuando se ama.

Es difícil de ver,
pero está en todo.
Para subir más
hace falta haber llegado al fondo.
Para entender de verdad por qué se ama
hace falta haberse sentido muy solo.
Para saber bien por qué se vive
tiene que haberse apagado alguna parte de nosotros.

Es difícil de ver
y, cuando se ve, enfada un poco.
¿No se puede sentir algo bueno
sin que algo malo enseñe cómo?
¿No hay nada bueno que se pueda ver
sin que haga falta que se quede oscuro todo?
Yo sé que he estado triste,
sé que he estado solo,
sé que se apagaron muchas cosas
cuando sentí que lo había perdido todo.

Pero ella no brilla porque esté oscuro,
brillaría igual de todos modos;
ella no brilla porque yo vaya a morir,
no brilla porque el mundo antes de ella fuera otro.
Brilla porque está en lo alto,
aunque con ella esté al mismo nivel todo.
Brilla porque la quiero,
porque a su lado siento que nunca he estado solo.
Brilla y no importa que enciendan
mi vida entera sus ojos.
Brilla. No se apaga.
Y la veo y la toco
y entiendo por qué es difícil de ver
que para amar haya que tocar el fondo.
Brilla. Y no la veo porque esté todo oscuro,
la veo porque brilla a su lado todo.
La veo porque el mundo con ella es bueno
y no hace falta entender qué lo hace así ni cómo.

De las cosas peores de la vida
es que intenta dar lecciones de que no es bueno arriesgar.
Y no es bueno ni malo,
simplemente es una forma de entender las cosas
que a veces sale bien y a veces sale mal.
Igual que todo.
Igual.
La diferencia es que el que arriesga
es más probable que descubra quién es en verdad.

Ya sabes que no siempre soy capaz
de decir lo que siento.
A veces ni delante de un papel
puedo.
No me pidas entonces
que te hable sin miedo,
si tus ojos tienen la forma
que tenían las puertas de mis sueños.

A veces voy a escribir
justamente lo que siento
y de repente se me olvida
como si se me hubiera escapado de dentro,
como si solo por pensarlo
me hubiera librado de ello.

Cómo no se me va a olvidar
cuando te miro y veo
que el amor de repente tiene forma
que no solo en palabras se captan sentimientos.

Cómo pretendes que pueda
decirte lo que siento,
si solo con mirarme tú haces
que se sonroje cualquiera de mis versos,
que las letras corran a esconderse
y que sepan a chicle gastado mis tequieros.

He fracasado en todo.
Y no.
No es el afán de poeta
de que todo me salga mal para regocijo de generaciones venideras.
No. Es lo que siento,
es el fracaso de no haber escrito
ni un solo verso que me explote en la mano,
es el fracaso de no haber sabido estar callado
más de un día.

He fracasado en todo.
¿Para qué me habré preocupado tanto
para conseguir tan poco?
Soy peor de lo que era antes.
Incluso aunque ahora escriba mejor, que es posible,
soy peor en todo.
Como si todo lo que hubiera hecho hasta ahora
no hubiera servido para nada
sino para cansarme
y estar igual que antes,
pero, obviamente, más cansado.

He fracasado en todo. No hay duda.
Y lo peor y misterioso es que sigo intentándolo.
Quizás sea esa la razón por la que nacemos.
Quizás sea esa la razón por la que un día nos vamos.