No hay nada más terrible para mí
que un viaje.
Y entonces ahora pienso:
¿Para qué inventaron
los vuelos, las esperas,
las ganas de llegar muy lejos,
el ansia de llegar a conocer personas
que solo conoceré
porque quisieron ellos.
¡No más viajes, por favor!
Que voy sintiendo
que mi alma no da más de sí
en este mundo tan pequeño.

Tengo miles, miles, miles.
Tengo miles de versos a mis espaldas.
Versos que me acorralan.
Versos que me miran.
Versos que me estremecen.
Versos que me olvidan.
Versos que renacen.
Versos que me horripilan.

Tengo miles de versos a mis espaldas
y cientos de poesías.
Y todos se pueden encerrar
dentro de tus pupilas.

Yo sigo aquí,
el que no encontró pareja,
el que sigue saliendo cada finde,
el que no sienta la cabeza.

Yo sigo aquí,
al que llamas cada vez que lo dejas,
el que no será nunca tu novio
porque a ninguno de los dos nos interesa.

Yo sigo aquí
con la sonrisa siempre abierta,
el que está bien… porque siempre está bien,
el que siempre tiene historias que te alegran.

Yo sigo aquí, como siempre,
y ahora querrías que estuviera más cerca,
pero yo sigo aquí,
porque nunca me he movido; aunque no lo parezca.

Hoy es el último día de mi vida.

Siempre asumí que sería
el día de mi muerte,
pero ahora comprendo
que morir es una tontería.
Y no es que se muera de amor.
Es que la vida se acaba
pero se sigue viviendo
y ese es un castigo
que jamás asumí que llegaría.
Si hubiera muerto, al menos,
no tendría que observar
cómo ella se va,
cómo se va lejos,
y cómo yo me quedo
con la misma vida que antes
pero con una vida menos.

Cada vez que me siento solo
debería pensar que hay gente como yo,
pero cuando me siento solo me siento solo,
y no lo pienso.
Cada vez que me siento solo
debería pensar que tengo a mucha gente,
pero me siento solo,
y no estoy solo.
Cada vez que me siento solo
debería pensar en los que de verdad están solos,
pero yo me siento solo.
Y no estoy solo.
Cada vez que me siento solo,
cada vez que me siento distinto,
debería  pensar que, por muy raro que sea,
seguro que hay otros tan raros como yo.
Seguro.
Pero me siento solo,
y estas palabras probablemente sean
la única manera que tengo ahora
de no sentirme tan solo como me siento.
Tan solo como estoy.
Tan solo como no estoy.

Y de repente ocurre
cuando menos te lo esperas,
cuando ya estaba el final bastante cerca,
cuando uno ya no sabe.
Ocurre
cuando habías empezado
a dudar de tu existencia,
cuando más desconfiabas
del hombre y su presencia en este mundo.
Ocurre de repente. Ocurre.
Y todo el sufrimiento almacenado
se evapora lentamente
en la culpabilidad del tiempo perdido,
del tiempo que se gasta tontamente:
algo que tantas veces
ocurre.

Con la cantidad de parejas
que hay por ahí
amándose,
recordándome que estoy solo,
y lo único que me entristece
es que tú no estás aquí.

Que tú no estás aquí
y que no puedo hacer nada,
que no puedo cerrar los ojos
y esperar a que aparezcas.
Que elegí estar solo,
aunque no elegí estar sin ti.
No elegí estar sin ti, no,
pero pensé que era mejor quedarme solo.

Y ahora, mientras muchas parejas se aman
y yo estoy solo porque quise, solo,
ahora,
solo me siento triste
porque tú no estás aquí.