Alejandro Romero
VI. TROVADORES DEL DESTINO

¿Y cómo hacer
para juntar tu cuerpo
con mi cuerpo
sin provocar un páramo exiliado
entre la perdición y las mortajas?

No lo sé.

Lo que sí sé es que,
si pudiera,
juntaría tu cuerpo con mi cuerpo
para obtener retazos
de aquel pasado antaño
inmarcesible
en el que éramos dos simples trovadores
del destino.

Seguro que escribirle una poesía
no tendrá ya ningún sentido ahora.
Quizá ella piense en mí de vez en cuando,
pero solo será seguro si se siente sola.

Quizá en este momento una poesía
le haga creer de nuevo en las historias
que quisimos creernos para no aceptar
que en el amor no importa lo que quieran dos personas.

O puede que tal vez una poesía
le haga pensar que siempre al fin y al cabo quedan cosas
bonitas que se guardan y que hacen
que no siempre un final suponga una derrota.

No sé, quizá, tal vez,
no tendrá ya ningún sentido ahora,
pero tal vez, quizá, no sé,
sonría de repente y luego siga con sus cosas.

Rimas para una princesa

II

¿Cómo podrán salir
de tu boca tan dulces palabras?
Al mirarte a los ojos comprendo
que salen de tu alma.

X

Si soñar fuera vivir
siempre estaría soñando
porque en mis sueños estás
continuamente a mi lado.

XXX

Preguntaste con miedo:
¿Sabes por qué hay estrellas en el cielo?
Y yo sin responderte
te di un beso
y te dije al oído:
Tal vez sea
porque Dios quiere vernos
cuando nos besamos
y queremos.

Preguntaste con miedo:
¿Tú crees que existe un Dios en el cielo?
Y yo sin responderte
te di un beso
y te dije al oído:
Qué más da que no exista
un Dios en el cielo,
si, aunque no nos vea,
nos queremos.

Hace un tiempo me vería como un loco,
como un loco que no teme a la distancia,
como un loco de amor
al que no le importa nada,
que perdió la cabeza
y desperdició su vida por su amada.

Pero ahora sé que no es de locos,
no es de locos enfrentarse a la distancia,
no es de locos cuando al otro lado espera
a la que esperó locamente mi esperanza.

Ahora sé que no es de locos.
Ahora sé que no hay distancia
que no pueda recorrer el amor
cuando deja un día, por fin, de ser loca esperanza.

Ya sé que lo he hecho mal.
No lo repitas.
Ya sé que ayer te prometí
que siempre te querría.
Ya sé que no es posible
dejar de querer en solo un día.

Cómo no voy a saberlo,
con lo mal que lo hago todo en la vida,
con lo triste que me siento
cuando no encuentro la forma de cumplir lo que de verdad te prometía,
cuando hago parecer como si no quisiera
para que no parezca que me puede la melancolía.

Cómo no lo voy a saber,
con lo mucho que te quiero
y con la cantidad de días
que me va a costar olvidarte
y dejar de quererte para toda la vida.

Pesaba menos. ¡Dios mío!
Pesaba menos después de escribir esa poesía.
Como si hubiera perdido alma,
como si se me hubieran caído trozos de melancolía.
Pesaba menos. ¡Dios mío! Pesaba menos.
Como si las palabras pesaran, como si pesara la vida,
como si se me hubiera escapado tristeza
en miligramos de poesía.

Podría ponerme a contar
los días que nos quedan para vernos,
pero prefiero olvidarte y dejar
que pase el tiempo.

Podría hundirme y dejar que tus recuerdos
me impidan recordar
cómo era todo antes de conocernos,
pero prefiero olvidarte y comprender
que estás muy lejos.

Podría pararme a pensar que la vida
no es más que el proceso de irnos deshaciendo,
pero prefiero pensar que cada día
tengo la oportunidad de inventarme algo nuevo.

Podría volver al exacto lugar
donde te di el primer beso
y recordar aquellas cosas que tenías
y que me hacían ponerme tan contento,
pero prefiero pensar que, aunque muy pocos,
conseguí encontrarte algún defecto.

Podría seguir con la ilusión de que no encuentres trabajo
para que no tardáramos mucho en volver a vernos,
pero prefiero que lo encuentres pronto
para asumir cuanto antes que no te volveré a ver en mucho tiempo.

Podría incluso sentirme mal
por pensar todo esto,
pero sé que en el amor no es necesario
hacer siempre lo correcto.

Por eso, no te enfades. No te entristezcas
ni pienses que ya no te quiero.
Olvídame unos meses,
camufla mis recuerdos.
Verás como después de todo,
si volvemos a vernos
nos parecerá a los dos
que no ha pasado el tiempo.

Y nos habremos evitado
noches de silencio,
preocupaciones inútiles,
besos que no es verdad que lleguen al momento,
odiarnos sin motivo,
esperarnos los dos quietos,
creer que por querernos nuestras vidas siguen,
pero casi no poder vivir
porque nos queremos.

Olvidémonos ahora,
que si volvemos a vernos,
si volvemos a estar juntos,
ya habrá tiempo para que recordemos.

¡Qué lejos se va!
¡Qué lejos!
Como si la vida en la distancia me obligara
a no echarla de menos.

¡Qué pronto se va!
¡Qué pronto!
Como si no fuera posible en un mes
darse cuenta de todo…

¡Qué triste se va!
¡Qué triste!
Como si me hubiera querido tanto
como yo la quise.
Como si la vida pudiera decidir
cuándo debe la gente despedirse.