Hoy es el último día de mi vida.

Siempre asumí que sería
el día de mi muerte,
pero ahora comprendo
que morir es una tontería.
Y no es que se muera de amor.
Es que la vida se acaba
pero se sigue viviendo
y ese es un castigo
que jamás asumí que llegaría.
Si hubiera muerto, al menos,
no tendría que observar
cómo ella se va,
cómo se va lejos,
y cómo yo me quedo
con la misma vida que antes
pero con una vida menos.

Cada vez que me siento solo
debería pensar que hay gente como yo,
pero cuando me siento solo me siento solo,
y no lo pienso.
Cada vez que me siento solo
debería pensar que tengo a mucha gente,
pero me siento solo,
y no estoy solo.
Cada vez que me siento solo
debería pensar en los que de verdad están solos,
pero yo me siento solo.
Y no estoy solo.
Cada vez que me siento solo,
cada vez que me siento distinto,
debería  pensar que, por muy raro que sea,
seguro que hay otros tan raros como yo.
Seguro.
Pero me siento solo,
y estas palabras probablemente sean
la única manera que tengo ahora
de no sentirme tan solo como me siento.
Tan solo como estoy.
Tan solo como no estoy.

Y de repente ocurre
cuando menos te lo esperas,
cuando ya estaba el final bastante cerca,
cuando uno ya no sabe.
Ocurre
cuando habías empezado
a dudar de tu existencia,
cuando más desconfiabas
del hombre y su presencia en este mundo.
Ocurre de repente. Ocurre.
Y todo el sufrimiento almacenado
se evapora lentamente
en la culpabilidad del tiempo perdido,
del tiempo que se gasta tontamente:
algo que tantas veces
ocurre.

Con la cantidad de parejas
que hay por ahí
amándose,
recordándome que estoy solo,
y lo único que me entristece
es que tú no estás aquí.

Que tú no estás aquí
y que no puedo hacer nada,
que no puedo cerrar los ojos
y esperar a que aparezcas.
Que elegí estar solo,
aunque no elegí estar sin ti.
No elegí estar sin ti, no,
pero pensé que era mejor quedarme solo.

Y ahora, mientras muchas parejas se aman
y yo estoy solo porque quise, solo,
ahora,
solo me siento triste
porque tú no estás aquí.

Porque el cielo cae a veces por los lados
y deja abierto un hueco en la penumbra,
porque el día cae y se arrugan las persianas
y se arruga y no puede respirar la luna.

Porque el tiempo queda a veces atascado
en un sueño que no sigue a las estrellas,
porque no es verdad que exista cualquier cosa
y no es verdad que para ti fue siempre ella.

Porque el cielo cae a veces por los lados
y deja un hueco abierto en el cariño,
porque cae a veces todo y todo sigue
y acaba siendo igual que era al principio.

22.12.2009

A veces me siento tan pequeño
que siento que la vida me pasa por encima.
A veces siento que muchos no conocen
cosas que yo he conocido en la vida.
A veces siento que todos son felices
y no se preocupan como yo por tonterías.
A veces me siento el único que tarda
tanto tiempo en dormirse cada día.
Me siento pequeño y siento
que estoy malgastando mi vida,
que empleo más tiempo en darle vueltas
que en vivirla.
Y siento que si todo fuera un cuento
yo sería un mal protagonista.

Y entonces me parece todo inaccesible:
ser mejor, o ser al menos el que fui un día,
sonreír como entonces,
cumplir con las expectativas.

A veces me siento tan pequeño,
tan pequeño entre las cosas de la vida
que me encuentro entre las hierbas de tristeza
como una desorientada hormiga.
A veces me siento tan pequeño
que el único consuelo que me anima
es por lo menos sospechar que todo el mundo
se habrá sentido así algún día.

—¿Por qué no tienes trabajo
—me preguntas con sorpresa—
con lo listo que tú eres
y teniendo dos carreras?

Buena pregunta me haces.
Te daré buena respuesta:

De nada sirve tener
una gran inteligencia
si el gafe todos los días
está llamando a mi puerta.

Para volver en mi contra
el que tenga dos carreras
soy capaz de convertirme
de mujer en una media.

Negocio que toco se hunde,
empresa en que empiezo quiebra.
Si empiezo un trabajo un día
ese día habrá huelga.

Si empezara de dentista
no habría quien me entendiera
porque hablaría entre dientes
y manejando otra lengua.

Si quisiera ser banquero
en Rota tendría oferta
para que así trabajando
en Banca Rota estuviera.

Si me hiciera futbolista
tan bien se me da la quiebra
que quebraría rodillas
pudiendo quebrar caderas.

Si me hiciera concursante
cualquier concurso al que fuera
a concurso de acreedores
pasaría en mi presencia.

Si empezara a escribir libros
solo serían novelas
pues la gente pagaría
lo que fuera por no ve(r)las.

Si mandara mi currículo
a un restaurante cualquiera
se quedarían sin curry
por dejarme el culo fuera.

Y si me hiciera arqueólogo
y a buscar ruinas partiera
la única que hallaría
sería la de mi empresa.

¿Comprendes ahora tú
que preguntas con sorpresa
por qué por el bien de todos
estoy en huelga perpetua?

Haría el bien trabajando
para que nadie muriera
en alguna funeraria,
pero los muertos me aterran.