Así me quedé,
con la sonrisa hueca del que llora emocionado.
Así me quedé,
con las lágrimas vacías del que recuerda el pasado.
Así me quedé
después de aquellos años.

Así me quedé.
Me quedé riendo.
Así me quedé.
Me quedé llorando.
Como el que nota una flor
que le está brotando.

Así me quedé,
llorando pero riendo,
riendo pero llorando.
Con la tristeza de un poeta
y con la alegría empezando.

Si hubiera sido ayer, quizás aún,
pero hoy ya no, no sé qué me ha pasado.
El amor se acaba. Era verdad
que se puede quedar para siempre olvidado.

Si hubiera sido mañana, todavía,
pero hoy no, de repente hoy te he odiado
y cuando menos quería saber de ti,
justo, después de tanto, me has llamado.

Si hubiera sido luego, quizás, no sé,
en tu ausencia te habría perdonado
pero en este preciso instante
tu voz me lo ha recordado.

Si hubiera sido ayer, quizás, aún
me quedara algo de amor desorientado.
Si hubiera sido mañana, todavía
podría haberlo recuperado.

Pero hoy no. No es ni tarde ni pronto.
Tu corazón simplemente ha llegado
cuando no tenía que llegar y eso es todo
lo que bastaba para apartarte de mi lado.

Por las noches ya no cantan
los pájaros en mi cuarto.
Se oyen los coches que pían
de vez en cuando.
Por las calles de mi cama
no pasan flores ni carros.
Solo pasan transeúntes
de vez en cuando.
Yo los oigo mientras sueño
y los sueño mientras paso
por las calles que me crecen
en el cráneo.
Y los mezclo con fantasmas
de cascabeles y nardos.
Yo quisiera oler las flores
de esos campos.
Se me cansan las pestañas,
se me cansan de andar años,
No me basta con mi calle
¡quiero arrancarme el asfalto!
Oigo el ruido por las noches
de la ciudad bostezando.
Tiene una señal que dice
¡Prohibido besar mis labios!
Por la calle de mi cama
pasan pétalos llorando
cada dos en una moto
sin el casco.
No me basta con mi calle
¡Yo quiero probar el pasto!
Quiero ser antes, no ahora,
¡quiero lijarme las manos!
Por la calle de mi cama
sigue quedando algún árbol.
Se me van cayendo almohadas
mientras ando.
En la calle de mi cama
siempre me acabo acostando
bajo sábanas de trigo
sobre colchones de asfalto.
Y me duermo, sí, me duermo
y horas después me levanto
cubierto entero de polvo
como un libro, amordazado.

Me crece el pecho en sueños
y sin temor a nada te amenazo:
te mordería con dientes de besos
si no me contuvieran los párpados.

La furia de ser hombre me embravece:
te cojo de la mano y te la arranco
De tu muñeca fértil van cayendo
noches, sangre y mis labios.

No cabe el corazón por la muñeca
Me salto tus mejillas y las abro
Y al despertarme en ellas miro al techo:
quiero soñar algún día sin párpados.

No debí haberte escrito de amor tantas poesías.
El eco de sus lágrimas retumba aún en mi alma.

Si no hubiera cantado las noches en tu ausencia
hoy no me acordaría de que un día te amaba.

Lo sé, se fueron muchas, muchas que deberían
haberte camuflado en un amor de esperanza.

Pero yo ya no espero ni volver a tenerte
aunque una vez fuiste todo lo que esperaba.

Para no haber perdido mi corazón por siempre,
no debí haberte dado mi amor en mis palabras.

Y no debí volver a leerlas una noche
con el alma indefensa en el eco de las lágrimas.

Es tu mano la mano que me dan otras chicas,
son tus ojos los ojos detrás de sus miradas.

Es tu voz el susurro que vuela y me estremece
cuando otras al oído dulcemente me hablan.

Y estás en mis poesías y estás en mis recuerdos
y estás en las sonrisas que veo en otras caras.

En mi cama, despierto, te vigilo, dormido,
te sueño y aún hay alguien que tira de las sábanas.

No debí haberte escrito de amor esas poesías.
No creí que el amor como los sueños se acaba.

No pensé que no sólo acabaría contigo
sino que para siempre con todas se acababa.

Y ya porque te amé no puedo volver a amarte
ni puedo amar a las demás, porque te amaba.

el antiguo poeta

Salió el poeta al fin de su madriguera
con los ojos ardiendo de poesía.
Buscó a los otros.
Nadie respondía a aquellos nombres.
Se le derramaron en la mano los versos que traía,
como agua en la arena,
como ruido en la melodía.
Cruzó las calles que rimaban
y aquellas que habían perdido la rima en las alcantarillas
Se fueron enfriando los caminos de sus ojos,
la melancolía.
Le secaron la lengua las palabras del polvo,
la triste decepción del que no entiende la poesía.
Cantó en las escasas farolas
que aún conservaban encendidas sus bombillas.
Pero no volvió
a la madriguera
ni a escribir en aquel cuaderno de lo que él había llamado poesía
No volvió a firmar en verso
y tiró en cada papelera
como los trozos de una tarjeta de crédito,
cada una de sus rimas
Y siguió para siempre recorriendo calles,
asumiendo lo que había,
asumiendo que después de todo los poetas eran otros
y no era poesía
lo que por las noches con estúpidas y ridículas palabras
en hojas demasiado blancas escribía.

No me han hecho las piedras de recuerdos
ni me han dado su piel para que llore.
No me dieron su vida de silencio
para que yo me calle
y nunca me enamore.

No le dieron su amor al movimiento
para escapar a un mundo sin colores
ni para ser el sol que está en el cielo
y se queda sentado
lejos de las flores.

No, no me dieron su sangre de desiertos
ni una vida enterrada en los temores.
No me han hecho las piedras de recuerdos.
Me han hecho de promesas
y de amores.

Calamar que a la mar debes tu vida,
no dejes que la tinta te acorrale,
no dejes que lo oscuro que te sale
camufle tu mirada perseguida.

Calamar que al amar diste tu vida,
no dejes que el recuerdo te apuñale,
pues no existe en el mundo quien te iguale
al amar, calamar amoricida.

Calamar, calamar, la tinta es triste,
la negra soledad no es el secreto,
no creas en la oscura mar que viste.

Calamar, calamar, no estés tan quieto,
ve a buscar a la amada que perdiste
pues te amará otra vez, te lo prometo.

Ya no hay nada en el amor que sepa a nuevo
Todo lo fueron alumbrando las estrellas
y ese es el horrible problema que tienen
todas las cosas bellas.

Cuando quise darme cuenta
de por qué ya nunca amaba
esperé a ver si pasaba
de largo la tormenta.

Y a la luz de las estrellas
amé todas las poesías.
Pero me cansé de ellas…
sobre todo de las que más me conmovían.

Y así me pasó con cada cosa,
con cada palabra de amor que me dijiste
Y así me pasó con cada pétalo de rosa
y con las lágrimas que ya
no me ponen nunca triste.

Cuando el cielo vuelve al cauce del deseo
y las estrellas solo son piedras en el fondo.
Cuando el corazón navega con la soledad del viento
y aunque navega entre las flores, navega solo.
Entonces, no hay corazón que alumbre el cielo,
no hay mirada que se gire y diga todo,
no hay recuerdo que aún parezca verdadero,
no hay silencio de cristal que no esté roto.

Y uno empieza a comprender que en la vida
los ángeles solo son ángeles cuando están lejos
y una estrella que titila
puede llevar muerta mucho tiempo.

Y el cielo vuelve al cauce del deseo
y, a veces, el deseo se convierte en certidumbre
y, poco a poco, van perdiendo los secretos
su belleza cuando el viento los descubre.