¡Qué cerca está aún el día en que te fuiste
y tú qué lejos!
¡Qué cerca está tu mano de la mía
y tú qué lejos!
¡Qué cerca estás tú todavía
pero qué lejos… qué lejos!
¡Qué tremendamente asimétrico
es el tiempo!
¡Qué cerca está aún el día en que te fuiste
y tú qué lejos!
¡Qué cerca está tu mano de la mía
y tú qué lejos!
¡Qué cerca estás tú todavía
pero qué lejos… qué lejos!
¡Qué tremendamente asimétrico
es el tiempo!
¿De verdad me quieres?
Si soy el viento
que a veces tiene fuerza,
pero luego se calma
y nadie sabe dónde está.
¿De verdad me quieres?
Si soy el fuego
que abrasa con sus llamas,
pero requiere para eso
algo que quemar.
¿De verdad me quieres?
Si soy el agua
que limpia y que refresca,
pero si no se controla
lo inunda todo y puede ahogar.
¿De verdad me quieres?
Si soy la música
que un día calla
y estridente te recuerda
el silencio que antes
no te hacía llorar.
¿De verdad me quieres?
Si soy la extraña visión de la vida,
el que te llevará a un mundo fantástico
del que solo yo
te podré sacar.
¿De verdad me quieres?
Si soy el amor que te amará siempre,
sabiendo que no siempre
le será posible amar.
¡De verdad me quieres!
Porque el viento, el fuego, el agua,
la música, mi extraña visión de la vida,
mi amor terrible,
no hacen más que intentar asustarte
y tú no te vas.
El sol saluda a la noche
que cuidadosamente lo tapa
con su colcha de fina plata
y luego se mete en su bote.
Un bote que pronto partirá
para llegar al mar
y ahí volver a nacer
el sol que tanto ilumina
de luz, abrigo y amor
porque la madre del sol, la noche
enseña a su hijo amado
cómo amar sin recibir
más que el reflejo del agua.
Madrid, 29 de diciembre de 1997.
Aquellas tristes súplicas de tu corazón,
¿qué son ahora sino signos de interrogación?
Ha llegado el momento.
¿Por qué te cojo de la mano?
¿No sabe todo el mundo ya
que es peor dejar que ser dejado?
La decisión es mía
sé que quedaré yo como el malo.
No importa. Tú llorarás y yo disimularé
que por dentro me quedo destrozado.
Ha llegado el momento.
No es que no me hayas gustado,
es que el amor es terrible:
todo sale peor si estás enamorado.
Sí. La decisión fue mía.
Y si la tomé, sería por algo.
Pero ahora ya no estás y me parece
haber retrocedido a aquellos años.
No sé si me arrepiento…
Cada beso me recuerda que te alejé yo de mi lado.
Tú en cambio no te habrás arrepentido nunca,
cada beso desde entonces te habrá reconfortado.
Por eso, tú eres tan feliz ahora
y yo en cambio a veces tengo días raros.
Y aun así, al verme habrá a quien le complazca
que el destino se vengue y deje solos
a quienes vamos por ahí dejando a otros destrozados.
Después de haber amado tanto
parece como si tuviera pinchazos en el alma
y siento la pereza del sudor
que he perdido en mis lágrimas.
Parece que el corazón
también por el amor se cansa:
horas de carrera loca,
kilómetros de esperanza.
Después de tanto amor me quedan
suspiros sin sabor, la voz cansada
y dos labios como uñas
que ya no sienten nada.
Las estrellas se entrometen,
la luna últimamente está pesada.
Las poesías como las rosas
huelen a piedra quemada.
Pero existe algo
más allá de mi cansada alma
porque a pesar de todo siento
ganas de volver a temer la madrugada.
Llueve en una noche muy oscura.
Parece que el cielo también tenía ganas de llorar.
Los dos lloramos tristes de ausencia.
Él por la luna, que, con sus propias nubes,
ha tapado.
Yo por tu alma, que, con mis palabras,
he destrozado.
Llueve en una noche muy oscura,
y en la ventana me confunden
con un reflejo del cielo.
¡Qué pequeño soy
cuando no valgo para nada!
¿Por qué entonces no desaparezco?
Si soy el umbral
entre la muerte y el nacimiento.
¿Por qué sigo aquí?
Si soy lo justo para sentir
que sobro y que molesto
y que es mejor para todos
si desaparezco.
¡Qué pequeño soy!
¡Qué pequeño!
¡Qué ganas de desaparecer!
Pero es que no valgo ni para eso.
Tan pequeño soy
que no me puede caber nada dentro,
pero algo tiene que haber
para que yo pueda sentirme tan pequeño.
Y ese algo es la esencia de todo,
la esencia que solo ven los pequeños,
los que podrían llegar a desaparecer por los demás,
los que asumen siempre que la culpa es de ellos,
los que consiguen que a pesar de todo,
el mundo siga pareciendo bueno,
los que hacen que tanta gente se sienta grande
gracias a que ellos son tan pequeños.
Déjenme recordarla
José Ángel Buesa
Hoy te cogería de las manos suavemente
y te besaría como aquellas veces.
Olvidémonos de las promesas que no se cumplieron
Hoy hace justo cuatro años que sonó un “te quiero”.
Recordemos solamente ese instante
como si no hubiera pasado nada después ni nada antes.
Recordemos nuestros ojos en aquel momento,
sin un rasgo de dolor ni una gota de lamento.
Dejemos a un lado las noches absurdas
de dos almas que se quieren y no están juntas.
Recordemos. Solamente recordemos.
Cada uno en su cuarto o donde estemos.
Y así, otra vez, unidos por aquel te quiero,
quizás volvamos a encender la llama del amor verdadero
y, aunque sea de otros, porque ya no podemos amarnos,
quizás otra vez volvamos a enamorarnos.
No es nada raro. En la vida las cosas pasan:
la gente muere, los amores fracasan.
Y, a pesar de todo, el corazón sigue palpitando
como si no se diera cuenta de lo que está pasando.
Y seguimos sufriendo sin sentido
lo que debió caer en su momento en el olvido.
No hay nada que evite que estas cosas sucedan.
Los olores más amargos son los que se quedan,
como una lágrima en la tinta de un te quiero perdido,
como el olor de la tarde en que asumí
que ya te habías ido.
Y yo que decía
que el amor son solo hormonas,
que no hay enamorados,
que el amor es una droga.
Y ahora ya comprendo
que sí, son solo hormonas,
pero amar es encontrar
algún día a la persona
con quien las hormonas concuerden,
con la que encajen todas.
Y puede que esa unión,
sea tan solo una cuestión de hormonas,
pero también la música son solo
golpes en cuerdas
que despiertan notas.
Lo esencial es que la unión
despierta en el mundo cosas
que no sería posible
que despertaran solas.
El amor como la muerte
aletean acechantes en el aire
¡Qué poco amor cabe en la muerte!
¡Cuánta muerte cabe en el amor!