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Me voy a vengar escribiéndote.
Te vas a enterar a base de palabras
Vas a ver que no estar conmigo
es perder la oportunidad de entender el alma.

Voy  a desmontar con versos a aquellos
que se atrevan a destruirme al rozarte en la distancia.
Voy a encontrar todas las letras que nos unen
para que inevitablemente sientas que me pronuncias al pronunciarlas.

Me voy a vengar escribiéndote.
Te voy a lanzar tantos versos a la cara
que tendrás que quererme
tendrás que reconocer que no es verdad
que escribir no valga para nada.

Me voy a vengar.
Lo siento, pero voy a hacer trampas.
Ya que el amor no entiende de personas,
tendré que convertirnos en palabras.

Tú lo has querido.
Yo te di todo lo que sé que hacía falta.
Pero te aliaste con la vida.
No sabías que a la vida siempre la destrozan las palabras.

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Esta es una de esas noches
en las que la poesía me aplasta.
¿Quién soy yo para escribir?
¿Quién me creo yo para poder hablar del alma?

Esta es una de esas noches
en las que solo el amor me respalda,
en las que si no fuera porque existes
pensaría que después de mí no quedaría nada.

Esta es una de esas noches
en las que lo bueno naufraga,
en las que escribo con la mano dormida
mientras el corazón mira de reojo ya a la cama.

Es una de esas noches
en las que la vida se acaba,
un libro más que termina
una oportunidad menos
para no tener que arrepentirme mañana.

Esta noche
solo el amor me respalda;
solo él me da la razón
de que estuve triste porque hacía falta.

No me gusta el amor con excusas.
No me gusta que me sepas explicar bien
por qué me has dejado de querer un rato.
No me gusta porque me lo creo,
porque perdonar me es muy fácil cuando estoy enamorado.
Y lo malo es que al final no es perdonar,
es llegar a un acuerdo para que el orgullo esté callado.
Y eso luego sale
y es un motivo más para sentir que sigo sin aprender con los años.

No me gusta tener que entenderlo todo y sonreír;
prefiero sonreír porque estamos de acuerdo en algo,
prefiero que entendamos juntos la vida,
por mucho que el tiempo siempre opine lo contrario.
No me gusta que lo compliques todo
y que no sea al menos para darle esquinazo a tu pasado.
No me gusta que puedas controlar cuándo me quieres,
que quererme no te lleve agarrada de la mano.

No me gusta porque desde que te quiero
ni se me ocurre dejarte de querer un rato.
No me apetece.
Si te quiero es porque solo soy feliz cuando estoy a tu lado.
Si tú pones excusas
será porque no has encontrado en mí lo que yo en ti sí he encontrado.
Pero de momento me creo tus excusas,
que tengo que dejar de quererte antes de aceptarlo,
antes de aceptar que no eres tú,
que tenía razón otra vez mi miedo a intentarlo.
Debo dejar de quererte antes, sí,
es lo necesario,
no vaya a ser que las lágrimas vuelvan a impedirme entender
que encontrar no siempre es llegar a lo que se estaba buscando.

¿Te dolió que me fuera?
No me fui.
Simplemente dejé de darte
lo que nunca debió haber sido para ti.

¿Te dolió que me fuera?
No aguantaba más así,
acostumbrándome a la idea
de que querer no hace feliz.

¿Te dolió que me fuera?
¿Sabes hacía cuánto me quería ir?
Mucho antes de que te dieras cuenta,
la primera vez que comprendí la cantidad de cosas
que caben en un sí.

¿Te dolió que me fuera?
Mucho más me dolió a mí.
Aún dudo si irme fue la mejor decisión posible,
pero al menos sé que tuve el valor
de decidir por fin.

Yo lo perdono todo.
Eso no vale.
Y lo peor es que sabes que lo olvido.
Así que no me vengas ahora quejándote
de que me haya ido.
No me voy porque te odie,
me voy porque he aprendido a fingir
que todavía no me has destruido.
Ni siquiera me caes mal;
no me puede caer mal a quien tanto he querido.

Pero me voy.
Ya está decidido.
Sabía que perdonarte siempre
es lo que al final acabaría contigo.
Porque será una tontería, pero no odiar
a veces es el mejor camino
para dejar de querer
y fingir que no hemos querido.

Parece raro, pero es más difícil
cargar con una vida que con dos.
El amor tiene estas leyes
para las que solo la poesía ha dado a veces una explicación.
Luego se ven esas parejas
para las que es tan sencillo el amor
y uno piensa qué hace mal,
por qué en algo tan bueno no le sirve de nada buscar siempre lo mejor,
por qué le atrae esforzarse tanto,
incluso sabiendo que aquí es más fácil meter la pata por exceso de ilusión,
por qué la vida le enseña reglas a uno
que luego se dan la vuelta cuando uno se convierte en dos,
y justo cuando uno empieza a creer que entiende esas reglas
empieza a ver que la otra persona no las cumple
el corazón.
Y se queja y protesta y se resiente
y, aunque uno intenta esconder sus gritos bajo el dolor,
no se puede y al final cae todo
cuando dormirse triste era ya una feliz señal
de que se iba en la buena dirección.

Es entonces cuando uno se da cuenta
de que haberlo dado todo no ha sido al final lo peor,
que lo malo viene ahora cuando ya sin fuerzas
inesperadamente cuesta más cargar con una vida que con dos,
como si pesara el vacío,
como si los recuerdos se nos fueran agarrando al pantalón,
como si no ser queridos
fuera menos malo que ir dejando atrás el dolor,
como si un sí, da igual de qué manera,
pesara siempre mucho menos que un no,
como si fuera verdad que el olvido al fin y al cabo
es una carga más pesada que la decepción.

Tápate un poco, que se te ve el corazón.
¿no querrás ir enseñándolo?,
que hay gente que puede ilusionarse al verlo
aunque no se haya enamorado.
No siempre vas a encontrar a gente como yo,
gente que sepa de verdad apreciarlo.
Puede que yo no fuera la persona indicada,
pero eso no significa que fuera malo.

Tápate un poco el corazón.
No vayas a encontrar a uno como al que tanto has odiado.
Tápate el corazón, que habrá gente
que te hará entender por qué yo luché tanto,
por qué luché tanto por lo nuestro
a pesar de que se veía que no iba hacia ningún lado.
Tú no te tapabas bien el corazón
y yo creía que era mío solo por poder tocarlo.

Tápate un poco, que se te ve el corazón.
No vaya a ser que alguno se crea algo,
que algunos sentimos que nos quieren
solo porque nos estén mirando.

Tápate un poco el corazón
y que te quieran antes de tocarlo.
No enseñes tan pronto lo mejor de ti,
que el que lo quiera luche por alcanzarlo.

Yo también me taparé el corazón,
aunque yo suelo llevarlo siempre tapado,
pero ahora no será para que luchen por él,
será para que nadie pueda encontrarlo.

Sé que en el lugar que sea
estarás orgullosa de mí por olvidarte
Elvira Sastre

¿Te acuerdas de que te dije
que no pasaba nada por que lo dejáramos,
que todos los amores se superan?
Pues sí, lo superé. Supongo que tú también,
aunque hayas tenido como yo muchas noches de impaciencia.
Al final hasta me alegré
de haberme dado a tiempo cuenta.
Me alegré, sí,
quererte era llevar la vida a cuestas
y cuanto más cargada de tristeza estaba
más me creía que podía con ella.

¿Te acuerdas de que te dije
que no hacía falta enfadarse,
que era mejor acabar de buenas,
y que aunque al principio nos costó dejar de querernos
pronto nuestros labios se convirtieron en piel demasiado seca?
Pues sí, fue lo mejor
y creo que para olvidarse poco a poco no hay mejor manera.

¿Te acuerdas de que te dije
que pronto encontraríamos a alguien cada uno
que de verdad mereciera la pena?
Pues yo la encontré, sí,
y me enteré de que tú encontraste a alguien también,
aunque al principio nadie quería que lo supiera.
Y ya todo pasó
y ya solo me acuerdo de ti por algunas fechas.

Pero ¿sabes en lo que no caí entonces?
En que si pude superar nuestro amor
es porque de verdad todos los amores se superan.
Por eso ahora he perdido esa forma de querer
en la que me siento más fuerte que la vida y la llevo a cuestas.
No sé si será bueno o malo,
pero como te quise a ti ya no creo que quiera,
con ese empeño irreflexivo de que todo salga bien
que es capaz de llevarse por delante a la imprescindible tristeza.

Con lo difícil que es imitar
y nos pasamos la vida imitando.
¿Para qué repetir el mismo amor
que, por mucho que nos duela, fue un fracaso?

¿Por qué repetir las tardes
que tanto nos engañaron?
¿Para qué seguir creyendo
que es posible cambiar algo?

No imitemos.
Ya sé que es difícil romper con nuestro pasado,
de la misma tonta forma que se sigue queriendo
a quien nos dejó destrozados,
pero hay que seguir adelante,
porque la vida es simétrica si repetimos nuestros pasos,
pero si seguimos adelante
será una oportunidad nueva a cada nuevo paso.

Si es que lo difícil es imitar.
Con lo fácil que es seguir andando.
Pero qué difícil es creerse
que se puede ser el mismo, a pesar de haber cambiado.
¡Qué manía tenemos
con intentar siempre lo mismo aunque sepamos que es lo malo!
Con lo fácil que supongo que será
ser uno mismo y seguir avanzando.

No me mires así.
Yo ya no puedo hacer nada.
Podría decirte que ya no te quiero,
pero hay verdades que, por si no lo son,
es mejor no nombrarlas.

Sé que antes podía
hacer realidad todo lo que me susurrabas,
pero era porque quería,
porque entonces no ser yo no me costaba nada.

Así que ahora no me mires así.
Tus ojos ya no son las ruedas de mi alma.
Mi alma ahora sabe andar sola,
a pesar de que nunca había estado mejor acompañada.

Y tú,
busca al que sepa aguantar tu mirada,
al que sepa seguir siendo él
aunque tengas ojos que atraviesan almas.