Hacía tiempo que no me sentía así:
raro, pero querido.
Sé que todo depende de mí,
pero es un alivio.
No me ha hablado nadie más que otros días,
puede que ni siquiera nadie me haya escrito,
pero he sentido como si encajara,
con ese derecho a vivir que sentía cuando era niño.

Y ya hacía tiempo que no me sentía así.
Puede que desde aquel primer suicidio,
cuando quise dejar de vivir
porque se me cayó al suelo el puzle casi terminado
de todo lo que había aprendido.

Hoy sin poner ninguna pieza especial,
o no al menos de las que dan sentido,
hoy, aunque he puesto una típica pieza de cielo
he vuelto a sentir el apoyo que a todos se nos da siempre al principio.
Quizá la pieza terminaba el puzle,
quizá ahora empiece a sostenerme todo por lo que he sufrido,
quizá era verdad que todo pasa por algo,
pero su figura no se ve hasta que no está todo unido.

Sea como sea, hoy me sigo sintiendo raro,
pero querido.
Y aunque sé que es cosa mía
por fin me alegro de seguir siendo después de todo
el mismo.

Creo que no tiene nada que ver,
pero yo siempre relaciono vértigo con vertical.
Por eso,
contigo lo que tengo es horizóntigo.
Hay que ver las tonterías que me invento
por echarte de menos aunque estés a mi lado.
Y lo peor es que la palabra existe.
Se puede encontrar por Google.
Pero es que es verdad.
Es que te veo a mi altura,
pero siempre la distancia es demasiada entre los dos.
Y me da horizóntigo.
Y no siento que caigo,
pero me siento en el vacío,
como si no me sujetara el suelo
porque me sujeta verte,
tocarte
estar todos los días contigo.
Y es eso lo que me asusta,
igual que solo se tiene vértigo
si se ve al fondo el suelo.

En inglés horizontigo (como se pronuncie)
es la sensación del que está parado,
pero cree que se mueve su coche al moverse otros.
Yo no sé si me muevo
o te mueves tú,
pero siempre siento que estás lejos.
Y me da horizóntigo.
Y te abrazo
y te aprieto contra mi pecho,
intentando aplastar el vacío
que siempre habrá entre los dos
por no ser uno.

Aprender a convivir con los sentimientos,
ser compañeros de cuerpo.
Que ellos entiendan que nos cuesta entender sus horarios.
Que nosotros entendamos que ellos ya llevan muchos años viviendo.
Que sepan que hacemos ruido
porque así es como nos entendemos.
Que dejemos de protestar
por tener que estar siempre limpiando lo que manchan ellos.
Llevarnos bien,
leer mucho para saber cómo se han comportado en otros cuerpos.
Tener paciencia porque en el fondo
ellos no han cambiado, siguen siendo como niños pequeños.
Que entiendan que, aunque somos capaces
de equilibrarlos y contenerlos,
no nos es siempre fácil,
no es siempre posible estar atentos.

Si la convivencia de por sí es difícil,
cómo no lo va a ser con los sentimientos.
Tengamos paciencia.
Dejémosles más espacio que el que nos dejan ellos.
Que si sabemos manejarlos,
si aprendemos a entenderlos,
al final caeremos en la cuenta
de que no hay mejores compañeros.

tu lengua contra el pasado
Marwan

 Si no nos conocíamos,
¿cómo te puedes llevar tan mal con mi pasado?
¿Cómo puedes hacer
que se retuerza tanto,
si yo nunca he podido con él,
con todas las veces que lo he intentado?

Si no nos conocíamos,
¿o eras aquella que siempre me daba la mano
cuando yo ya no tenía ganas de vivir,
pero notaba que alguien me llevaba arrastrando?

Si no nos conocíamos,
¿cómo puedes saber los puntos débiles de mi pasado?
¿Cómo puedes saber lo que me dijo
para que yo viera al futuro siempre como el malo?

Sí, no nos conocíamos,
pero tú ibas por el camino de al lado,
siempre cerca porque a los dos
aun sin conocernos
nos llevaban al mismo sitio nuestros pasos.

Ya sé que en el fondo era eso
y que nunca se pudo,
y que el beso en tu boca y la mía
quizás se entretuvo.

Ya sé que el amor era eso,
si es que acaso lo hubo,
y que a veces quererse no basta
y que a veces quererse no es justo.

Ya sé que fui yo el que estaba
a tu lado aquel día, el que tuvo
tu mano agarrada algún tiempo,
quizás demasiados segundos.

También sé que te fuiste enfadada
y que mi mano no te sostuvo,
pero el amor solo aguanta si es cierto
y mi alma aguantó
lo que pudo.

Me gustaría darte la oportunidad
de verte a ti mismo a través de mis ojos
Frida Kahlo

Que por un día me vieras como yo te veo.
Mucha gente lo sueña.
Yo lo sueño.
Que por un día
pudieras verlo
y me dijeras si lo que sientes por mí
es lo mismo que yo siento.
Que se acabaran de una vez
los tequieros
y esas palabras que nunca
consiguen arrastrar consigo verdaderos sentimientos.
Que vieras lo que es un día para mí sin ti
y fuera igual de triste que cuando tú me echas de menos.

Si por un día me vieras como yo te veo,
se acabaría el miedo a estar solo en el mundo,
se acabarían los celos,
se acabaría pensar
que amar es solo encontrar a una persona con la que la vida duela menos.
Se acabaría suponer
que solo me quieres porque soy bueno.

Si por un día comprobaras que me ves
como yo te veo…
Se demostraría que el amor
es la única manera de ser el mismo en otro cuerpo,
de estar en dos sitios a la vez,
de verse desde fuera sin dejar de estar dentro,
la única manera
de ser por una vez dos contra uno contra el tiempo.

¿Y ahora
cómo le explico a mi corazón
que no estoy solo?
¿En qué tipo de soledad
proyectará ahora su tristeza?
¿A quién encontrará
por la noche en las estrellas?
¿Para qué futuro amor
se esforzará en recoger
las más bellas?
¿De qué le servirá
preparar irrepetibles melodías
con las letras?

¿Cómo le digo yo
que todo era al fin por ella,
que ya todo acabó,
que terminó la espera,
que ya no es necesario que se esfuerce,
que esas cosas ya
no merecen la pena,
que ahora no estoy solo ya
que ya no hace falta
que me mueva,
que ahora es su corazón el que me mueve
que ahora quien me mueve
es ella?

Pero ¿cómo le digo yo
que esta vez sí es ella
que no me he vuelto a equivocar
que es perfecta,
que tiene el mismo corazón,
pero con la polaridad opuesta?

¿Cómo convenzo ahora a mi corazón
de que he encontrado al fin a aquella
a quien él pueda mover
sin estar preocupado
de que yo no me mueva?

¿Cómo convencerle
de que es ella
por la que merecerá la pena morir
cuando ella muera?

Mendigo besos por las calles más amargas.
Las chicas me miran sorprendidas al pasar:
«¿Cómo tú andas por ahí pidiendo cosas
que sabes que te regalarían en cualquier lugar?».

No quiero los besos que regalan en cualquier sitio.
Quiero los besos que no se pueden regalar.
Los besos que al darse se comparten entre almas.
Los besos que ella me daba y que ya no me da.