Era mentira, ¿verdad?
No te fuiste.
Fue otra de esas cosas que me invento
los días grises.

Era mentira, ¿verdad?
Sí que me quisiste.
No siempre hay que hacerle caso
a las cosas que otro dice.

Era mentira, sí.
Por eso aquí sigues,
aunque sea ahora en mis recuerdos,
aunque sea todo cierto y me olvides.

Pero es mentira, claro que es mentira,
porque un día me pediste
que te quisiera para siempre
y yo te quise.

¿Otra vez? ¿De verdad?
Pero si ya tenía
la vida más o menos controlada.
Si ya había aprendido a aceptar
que no pasa nada por estar triste,
que es una cosa de un día,
que se pasa de repente.
Pero nada.
Otra vez con la tristeza de siempre.
No me vale con tener la novia que siempre había soñado,
no me vale tener un proyecto tan bueno a punto de empezar.
Siempre consigo encontrar algo
con lo que preocuparme
y sentir que a partir de ahora
ya no me va a dejar de preocupar.
No es ni siquiera saber que un día todo esto se acaba.
Es como un vacío,
la sensación de que un segundo
es lo mismo que una vida.
Es sentir que vale más lo que no he hecho
que los supuestos logros que he conseguido hasta ahora.
Es precisamente eso lo que me hace caerme mal,
lo que me hace pensar que caigo mal a todo el mundo,
que todos se ríen de cómo vivo por detrás de mí
y lamentan cómo desperdicio mi vida
con lo listo que yo era.
Pero tampoco es que envidie yo sus vidas.
Solo envidio que ellos hayan sabido adaptarse
y por lo menos sepan vivir creyendo estar a gusto
en este mundo en el que asusta de igual manera que todo se acabe un día
como que no se acabe nunca.

Mi novio no me hace nada
si antes no apaga la luz
(Mi novio es bobo de Nacho Vegas y Free Reega)

Acércate.
Ven a darme un beso,
pero apaga la luz antes,
no vayas a ver mis sentimientos.

Que no te asuste mi tristeza,
aún soy capaz de querer, creo.
Por si acaso no mires, no toques,
quizás tampoco a ti te guste que sea demasiado bueno.

Apaga la luz, que me da vergüenza
que veas mis defectos,
que levantes mi corazón
y veas escondidos debajo demasiados recuerdos.

Ven a darme un beso, sí,
pero apaga la luz primero.
Y cierra los ojos.
No mires muy dentro.

O quizás, antes de que te asustes,
mejor no vengas a darme un beso,
que siento que ni apagando la luz
te apetecerán mis sentimientos.

NANA DE LA PRINCESA

Se dormirá la princesa. Se dormirá
entre almohadas de nubes
y sábanas de mar;
entre cisnes que nadan
en lagos de cristal.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
entre estrellas fugaces
y sueños de coral.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y sus labios juguetones
se irán a otro lugar.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y soñará con un príncipe
que siempre la amará.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
en un colchón de plumas
y de felicidad.

Se dormirá la princesa. Se dormirá
y el príncipe entonces
dejará de cantar

Ya bosteza la princesa.
Ya bosteza
su boquita de cereza.

Ya bosteza la princesa.
Ya bosteza.
Dejémosla que se duerma…

Ya no llora la rosa.
Ya no lloran
sus pupilas rojas.

Ya no llora la rosa.
Ya no llora.
Dejémosla que ría ahora…

Ya navega lentamente
el cisne por la fuente.
Ya no siente.

Ya se aleja dulcemente
el cisne por la fuente.
Dejémosle que se aleje…

Se te oía un silbido en el corazón.
¿O era un lamento?
No era el indicio de una enfermedad.
Se notaba en el silbido un sentimiento.

¿Era grave? No lo sé.
No te dije nada, pero te abracé y te di un beso.
Yo también sé lo que es estar con la persona más querida
y aun así sentir tristeza y miedo.

Ahora pienso en ti y recuerdo con qué pena
el silbido se me metió por el cuerpo,
con esa pena tan vacía
que da el dolor ajeno,
ese dolor que recuerda que hay cosas inevitables
por mucho que otra persona vaya a nuestro lado y la abracemos.

El silbido en tu corazón me hizo recordar
la incertidumbre que todos tenemos
por cosas que al final seguramente no sean nada,
pero que ni un fuerte abrazo consigue a veces que las olvidemos.