He dejado a las estrellas pensando en tus palabras,
intentando entender por qué fueron las últimas.
He apagado mis pupilas
y he intentado soñar, como cuando escribía entonces, con la luna.
Se me han quitado las ganas de saber en qué pensabas
cuando aún mis promesas eran las mismas que las tuyas
y he apagado mis pupilas
porque pensar con el corazón nunca ayuda.
He dejado de darle a las cosas su importancia.
Todo da igual si aquellas palabras fueron las últimas.
¿Quién me lo iba a decir –y lo pensé–
que esta vez no se equivocaba al llorar aquella luna?
He apagado mis pupilas como quien apaga una lámpara
y he decidido caminar entre tinieblas y a oscuras.
No quiero amar ya a nadie,
no quiero amar a ninguna
hasta que las estrellas me digan por qué aquellas palabras
fueron las últimas.

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