Tengo que graparlo en mi cabeza
(Leiva – Los cantantes: Tengo que grabarlo en mi cabeza)

Ya no sé dónde ponérmelo
No sé dónde grapármelo
No te enamores, no, no te enamores
que siempre alguien va a pasarlo mal
cuando entras con tus cosas en sus noches.

¡Cuántas veces me lo tengo que decir!
Para ti no es bonito el amor, no es bonito
dedícate a otra cosa
y deja que sean otros
los que paseen juntos los domingos.

Deja a las que te quisieron que quieran bien
que tengan relaciones normales
que lo pasen mal si lo tienen que pasar mal
pero que no sea porque tú insistes en querer
y no sabes

¿Por qué lloras? No hay nada que no pase.
Acabarás cambiando ese dolor por un beso.
Acabarán brillando las estrellas. No llores.
Desde allí te saludan las almas que murieron.

El amor no se acaba. Era mentira.
Lo único que se acaba son los cuerpos.
Pero a la noche no le importa, sigue apagando
todos los días, para que te quieran, el cielo.

¿Por qué lloras? Hay cosas que no vuelven,
pero mira a esa viuda sonriendo.
Se puso en las heridas de la muerte
tiritas de recuerdos.

Lo sé. Hay muchas veces que es terrible
vivir ciertos momentos
y no hay rincón del alma que no hayas recorrido
para buscar un poco de consuelo.

¿Por qué lloras? ¿No ves nada que tenga
un poco de sentido para ti, un destello
de esperanza en la vida al que agarrarte,
algún verso de amor, de esos que paran el tiempo?

Sí. ¿Para qué parar el tiempo ahora
si lo mejor es que siga corriendo?
Te digo que la vida da sorpresas
y todo lo que quita lo acaba reponiendo.

¿Por qué lloras? Verás qué pronto te llama un ángel
y te cumple un deseo.
Verás qué pronto llega una mirada
y se posa en alguno de tus sueños.

Lo ves. Ya son suspiros las lágrimas de antes.
Pronto serán bellísimos recuerdos.
Y luego acabarán siendo palabras que den
a quien como tú llore, aliento.

Dame un abrazo. No es tan malo llorar a veces.
Nadie nos prometió una vida sin sufrimiento.
Y aunque nadie nos dijo nunca por qué morimos,
tampoco nos contó por qué nacemos.

Ahora dame la mano y miremos los dos juntos
aquella estrella que ayer no brillaba en el cielo.
Quizá entiendas que los mismos por los que se sufre tanto
son los que nos dan luego la mano y el consuelo.

A veces no estaría mal soñar lo que uno quisiera
y despertar también en el momento justo.
A veces no estaría mal soñar que al tiempo
se le diera la vuelta
y que así los poetas que leemos nos leyeran.
Y que así Bécquer leyera a Alberti,
así a Lorca Lope de Vega.

A veces no estaría mal soñar lo que uno quisiera.
Que me leyera Homero
y que aprendiera
el español como una lengua muerta
y despertarse justo
cuando todo el mundo entendiera
que hay cosas en el tiempo que resisten
aunque se les dé la vuelta.

(A veces no estaría mal considerar
a la poesía como un reloj de arena
con la misma arena siempre
por mucho que se gire y se le dé la vuelta.)

Ya sé que es difícil quererme.
No lo voy a negar; no tengo tanto morro.
Ya sé que fui yo el que muchas veces decidí
acabar para siempre con todo.

Ya sé que es difícil quererme.
No hay más que ver que sigo solo.
Y que aunque es verdad que algunas me quisieron,
la que no se fue por un motivo, ya me encargué yo de que se fuera por otro.

Ya sé que es difícil quererme.
Ya sé que a veces debería dar menos y así exigir poco.
Ya sé que no sirve de nada
que algunas todavía me recuerden aunque estén con otros.

Ya lo sé. Ya sé que soy difícil.
Ya sé que no es bueno estar conmigo en el fondo.
Ya sé que a veces hago daño
y que prometo demasiadas cosas cuando me enamoro.

Ahora lo sé mejor que nunca.
Ahora que por fin encontré con quien dejar de hacer el tonto.
Ahora que los dos nos queríamos.
Ahora es cuando más difícil es todo.

A veces me gustaría dejar de comprender,
igual que los animales,
y que lo bello fuera inútil para mí
como lo son los fuegos artificiales.

Me gustaría a veces no entender,
como le pasa a los ríos,
y así olvidar que los cauces que recorro
estarían sin mí mejor, vacíos.

A veces me gustaría no tener
ojos como, yo qué sé, los mirlos,
no porque ya no quiera luz
sino para no poder ni siquiera abrirlos.

A veces me gustaría no pensar,
ser como una roca,
y así no estremecerme cada vez
que tu mano me hace daño pero no me toca.

Si hubiera sido ella… ¡claro!
pero tampoco fue
ni esta que viene ahora
ni la que se fue con él.

Si hubiera sido ella… ¡tonto!
ella nunca fue
y tú lo sabías entonces
pero no lo querías saber.

Si hubiera sido ella… ahora
ya no tendrías por qué
seguir suspirando por alguien
que nunca fue.

Ella no tenía azules las pupilas
ni los labios de un rojo encarnado
Solo tenía una sonrisa muy dulce
y una flor en cada mano.

Ella no cantaba todas las mañanas
ni siquiera sabía tocar el piano
No sabía nada de pintura
y tenía el pelo castaño.

Sus suspiros no volaban por el viento
se quedaban encerrados en su cuarto
y sus lágrimas no llegaron nunca al mar
porque antes naufragaron.

Así era ella, normal y buena,
esperando, siempre esperando
como todas las chicas que en los versos
se siguen consolando.

Así era ella, una de tantas
buscando por la vida, buscando algo
y mientras conformándose con lo que hay
conformándose mientras tanto

He amado cada letra que no estaba en tu nombre.
He amado cada día que no me recordaba a ti.
He amado cada palabra que no me decías,
que me decían otros, que me decían otras.

He amado los lugares donde no estuve contigo
He amado el olvido de las noches sin pestañas
He amado las mentiras que no te recordaban,
que me recordaban a otros, que me recordaban a otras.

He amado el ruido de las calles sin sentido,
He amado el día en que te dejé de amar
He amado el día en que nos fuimos de repente
y vinieron otros, y vinieron otras

He amado tantas cosas por dejar de amarte…
He creído tantas cosas por apartarte de mí…
He esperado tanto tiempo a que te fueras de mi lado…

Y aún sigues aquí, tan lejos que no importa
y seguirás siempre allí, siempre clavada,
aunque te maten otros, aunque te maten otras
allí clavada
aunque el mundo se resista a aceptar
que yo estoy hecho para ti.