Demasiado tarde para amarte.
Los ojos son estrellas que se quedan quietas
y que solo se mueven cuando ya no arden.

Demasiado tarde para amarte.
Las tardes suelen ser más cortas que la vida
y, sin embargo, fue muy larga aquella tarde.

Demasiada tarde para amarte.
Demasiada al amar a quien la vida aleja
por alguna razón que solo el polvo sabe.

Demasiada tarde para amarte.
Los ojos son estrellas que no dicen nada.
No dicen nada pero parece que hablasen.
Los ojos son estrellas que solo se mueven
cuando, en verdad, ya es todo demasiado tarde.

Todo eran sonrisas
hasta que ella vino
con sus ojos enormes
a mirarlo todo,
a enseñarme que la vida
no es solo lo que tengo alrededor.

Todo eran sonrisas
hasta que ella vino
a sacarme las lágrimas
que escondía en mi interior.

Todo eran sonrisas;
no hay más que ver las fotos.

Sí. Todo eran sonrisas
hasta que ella vino aquella noche
a empeorarme a mejor.

A veces se me escapa
querer casarme contigo.
Y tú te asustas.

A veces se me escapa
amarte siempre.
Y tú te asustas.

A veces se me escapa
pensar que no me quieres.
Y tú te asustas.

Y por dentro se te escapa amor
que nunca estuvo,
creer que era verdad que yo existía.

Y te asustas porque el tiempo
me ha traído antes,
antes porque para ti
cualquier momento
habría sido antes,
cuando ya pensabas
que nadie jamás te asustaría
con palabras locas
que se le escaparan de la boca
como si fuera verdad
la vida.

Y de tu mano voy
porque en tu mano
todo el miedo se concentra.

Y de tu mano voy
porque tu mano
tiene un punto extraño que me orienta.

Y de tu mano voy
y mi mano pongo
como el que pone un ancla
en ella.

De tu mano voy
para que nunca
puedas sentir que voy sin ella,
que voy sin ti
porque eres todo,
porque no hay nada que tema
si de tu mano voy,
si estoy unido a ti por ella.

2015-06-15 13.12.27

¿Y si no llego a vivir tanto?
¿Jamás te habría conocido?
¿Es el amor tan frágil
que depende de cuánto vivimos?

¡Ay! ¡Cuánto amor verdadero
se habrá quedado entonces perdido
en ese lugar por el aire
donde habitan los suspiros!

¡Cuánta gente habrá muerto
sin haber vivido!
¡Cuántos se habrán quedado
demasiado al principio!

¡Ay! ¡Cuántas muertes intentan demostrar
que el amor no tiene ningún sentido,
que el ser humano solo es algo
que simplemente se mantiene durante algún tiempo vivo!

Vale la pena esperar

No me pidas que te ayude.
No me llames egoísta por no estar contigo ahora.
Lo mismo que tú sientes
lo llevo yo sintiendo mucho tiempo.
Nunca te lo había dicho
porque yo no sé decir las cosas,
porque yo espero a que alguien llegue
a desvelar mis sentimientos,
a hacerme comprender que en este mundo
vale la pena callarse
porque así es como se escucha,
porque así es como se espera
al que un día llega y nos descubre,
al que un día llega y nos enseña
que el mundo no es tan malo,
que lo que uno lleva sintiendo mucho tiempo
es porque aún no había encontrado
a los que de verdad merecen la pena en este mundo,
con los que no hace falta hablar
para que comprendan nuestros sentimientos,
a los que tristemente esperan
a que nosotros también lleguemos un día a ellos.

Hoy te quiero
como si no te fuera a volver a ver.
Y eso es quererte a la desesperada,
como si no hubiera nada más en el mundo,
como si el viento pesara,
como si un día bastara
para saber lo que es la vida.

Hoy te quiero
como si no fuera a volverte a ver,
como habría querido a los que se fueron
sin despedirse,
con esas ganas que a uno se le quedan
de haber sabido el día antes que se irían.

Por eso hoy te quiero
como si no te fuera a volver a ver.
Te quiero en un momento
como no he querido a nadie en una vida.
Te quiero
y no me importa saber
que algún día será cierto
que dejaré de verte para siempre.
Porque hoy ya te quiero
como si nunca más te fuera a volver a ver.

Dos poemas de color verde

Estos son dos poemas verdemente inspirados en Lorca que escribí hace ya algún tiempo:

¡Dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Federico Gª Lorca

–¡Dime que me quieres!
–No me dejan tus ojos.
–¡Dime que me adoras!
–No me dejan tus lágrimas.
–Dime que me amas.
–No me dejan tus suspiros.
–¿No me lo dices?
–No, porque eres verde
y tus ojos son verdes
y tus lágrimas son verdes
y tus suspiros son verdes.

***

–¡Dime que me quieres!
–No me deja el corazón.
–¿Entonces no me quieres?
–Sí te quiero, amor.
–¿Aunque mis labios sean verdes?
–A pesar de su color.
–¿Y por qué no me lo dices?
–Porque mis palabras no lo son


Verde viento. Verdes ramas.
Federico Gª Lorca

La sangre es poesía roja,
roja y llena de batallas.
Líquido de amor cansado
y de falsas esperanzas.

La sangre es poesía roja,
roja de vergüenza rara
de la vida adolescente
y el pudor de sus palabras.

La sangre es poesía roja,
roja de muerte lejana,
que, regando el corazón,
quiere con furia alejarla.

La sangre es poesía roja,
roja cuando se me escapa
y la veo ennegrecer
como el miedo de la nada.

Mi poesía es sangre roja,
roja de absurdas palabras
y roja de los latidos
que arremeten contra mi alma.

Mi poesía es sangre roja,
roja y roja en mi garganta.
Yo me limito a escupirla
y a releerla sin ganas.

Mi poesía es sangre roja,
pero tú eres viento verde,
verdes ramas de esmeraldas;
verdes son tus labios tenues.

La sangre es poesía roja
y tú, verde, no la entiendes.
Mi poesía es sangre roja
y aun así, verde me quieres.

Cuanto más busco en el verde
más me desangro en palabras
y más me acerco a la muerte
muy roja sin tu mirada.

¿Cuántas veces me dará tiempo a decirte que te quiero?
¿Cuánto dura la vida?
¿Cuántos días exactos estaré a tu lado?
¿Cuánto durará esta alegría?

Mejor no contar las horas.
Mejor no hacer cálculos en días.
Porque el amor tiene ese don extraño
de hacer que todo acabe durando más de lo que parecía,
de que las horas que pasaron en segundos
al recordar se claven en el alma como días,
como noches en que no estuve a tu lado
aunque en mi pecho apoyada te dormías.

Por eso es mejor no calcular el tiempo ahora,
que no quiero perderte un día
y ver que también  perdí la cuenta:
que llegué a quererte más de lo que creía.

2015-05-25 14.47.47