Dominamos la física.
Tiramos un calcetín
y cae justo
donde queremos que caiga.
Nos sentamos en el lugar exacto de una silla
con el centro justo
entre nalga y nalga.

Dominamos la física.
Aparcamos sin problemas muchas veces,
le damos la velocidad precisa
a las cosas que hace falta.
Nos aprendemos de memoria
largas listas de palabras.

Dominamos sin duda la física.
No hay más que observar una pantalla.
Encendemos la luz cuando queremos.
Nos secamos con una toalla.
Nos tapamos si hace frío
y nos bronceamos en la playa.
Hacemos rimas consonantes
y el oído disfruta al escucharlas.
Incluso hacemos canciones con la boca
y sacamos ritmos
de los objetos con menos gracia.

Dominamos la física. No hay duda.
Y muchas ciencias más. También la magia.
Sí. Controlamos muchas cosas;
hasta el más inútil es capaz de controlarlas.
Pero aún hay algo que nos falta dominar,
después de tanta noche a ello dedicada.
Todos lo sabemos:
nos falta, sin duda, dominar el corazón,
pero ahí nadie se salva.

Se acaba el verano
otra vez
cada año lo mismo
aunque distinto cada vez.
Da igual que se presente un buen otoño,
da igual que no haya ya nada que perder,
siempre tengo ese tonto día de verano
con la pesada sensación de tener que volver a nacer.
Siempre hay algo que me ata al pasado,
una cuerda que no rompo porque sería demasiado fácil de romper,
una carga donde lo que más pesa
es todo lo que me ha salido hasta ahora bien.

Se acaba el verano
y es normal que tenga sed,
estoy lejos del mar,
lejos de donde el presente es más fácil de entender.
La naturaleza entera
mira al cielo para ver cómo empieza ya a llover,
cómo empiezan ya los días
en los que se va mostrando nuestro verdadero color de piel,
esos días que tanto me abruman ahora,
pero que son en los que al fin y al cabo te empecé a querer,
esos mismos días en los que puedo volver a hacer cosas distintas
otra vez.

Se acaba el verano y es triste,
pero no tanto como cuando llueve y no se sabe por qué

Elegía a un padre que se fue despacio

Se fue yendo despacio
acostumbrando mi corazón a la tristeza.
En su larga enfermedad
nadie me dio más amor sobre la tierra.

Se fue yendo despacio,
tan despacio que aún parece que estuviera.
Tan despacio se fue
que la muerte se convirtió en su compañera.
Fue cayendo en el dolor para adecuarme
a cualquier sufrimiento que alguna vez tuviera.
Se posó suavemente en los brazos de la muerte
para que nunca en su recuerdo la temiera.

Y ahora en mis sueños
noche a noche silencioso entra
y me roba con su sonrisa tan mía
poco a poco los pedazos de tristeza.
Y para que no llore
me recuerda
cuando los dos nos guiñábamos el ojo
y nos poníamos aquella cara de extrañeza.
Y me hace vivir otra vez
los momentos que jamás pensé que volvieran
y me hace sentir otra vez
que en alguna parte, qué más da dónde,
mi padre seguirá siendo el que siempre era

¿Por qué me ha tocado a mí ver cosas
que otros parece que no ven?
¿Por qué estoy tan seguro de que otros se equivocan
y, sin embargo, no hago más que intentarles creer?
¿Por qué me callo siempre cuando gritan?
¿Por qué soy tan fácil de convencer?
¿Por qué me hicieron ver las cosas
como si estuvieran hechas de papel?
¿Por qué les digo solo lo que quieren
y me adapto a sus maneras de ser?
¿Por qué sigo dejándoles creer que sienten
y que saben cómo es mejor en verdad ser?
¿Por qué por dentro solo hago caso a las preguntas
que nadie ha sabido nunca responder?

Soy el llamado a convencer al mundo
pero sé que es el mundo el que me va a convencer.
Soy como el que sigue hablando solo
cuando ya todo lo suyo se le fue.
Soy como el que ve cosas desde lejos
que, incapaz de cambiarlas, preferiría no ver.
Soy como el que grita bajo el agua,
o al que le sigue gustando un poema aunque esté arrugado el papel.
Soy como el que cree que son malos sus regalos
porque siempre se le rompe el papel al envolver.
Soy como el que ve pasar los años
y solo ve en ellos señales de que en verdad no era él.
Soy el que siempre ha esperado ser alguien
que en verdad no se ha atrevido nunca a ser.

Por eso, para librarme del cargo de conciencia escribo de reojo
poesías que simulo que no quiero que se lleguen a leer,
como el que quiere aparentar querer que muera
dejando abandonado en medio del bosque a su bebé.

Hoy siempre será mañana
Wislawa Szymborska

Es que mañana
ya no será el día siguiente.
Las cosas tienen sentido como mucho
cuando suceden.

Es que mañana
hoy ya no será nada,
a pesar de nuestra desviación genética
de recordar las cosas pasadas.

Es que mañana
es la presunción del hombre
de cercar el tiempo,
como si el tiempo no fuera el motivo de todas las decepciones.

Es que mañana
puede que ya esté muerto
y no cambiará nada,
solo se desestabilizarán algunos planes y recuerdos.

Es que mañana no existe
y el ahora es tan pequeño, que si pensamos
es por esa perversión de la materia
de unirse para ser algo.

Cojamos sin pensar una millonésima parte de un segundo
o un átomo.
Y dejemos que el tiempo gire a nuestro alrededor
sin poder inyectarnos ya ni futuro ni pasado.

En respuesta, quizás, a «Se deja de querer»
de José Ángel Buesa.

Lo malo es que no se deja de querer en un momento.
Se sigue queriendo.
No importa saber que estar juntos
es el único camino que no lleva al amor verdadero.
Se sigue queriendo,
y eso es lo malo,
que se siguen conociendo las reacciones de la otra persona
ante los recuerdos.
Y se sigue sabiendo
lo que la otra persona opinará
de las últimas noticias, de los últimos sucesos.
Eso es lo malo,
que el amor se confunde fácilmente con seguir queriendo,
y seguir queriendo a veces,
incluso aunque los dos sigan queriendo,
puede no ser más que el contradictorio temor,
el miedo,
de que en la espera de acabar con esa inútil relación
se vaya con otro nuestro amor verdadero.

Se deja de querer, sí,
pero a veces es peor seguir queriendo.

Siento vuestras pasiones en mi mano
y tengo miedo de romperlas en pedazos.
Por eso intento que mis versos
os consuelen convirtiéndose en abrazos.

Que mis palabras sean las promesas
que se cumplen,
que se sienta al leerlas que se besa
a la amada que se escapa y huye.

Siento vuestras vidas en la palma
y las acaricio suavemente con los dedos
porque posarme silencioso en vuestras almas
es todo lo que con mi poesía puedo.

Y así trato de abrazar vuestras pasiones
con versos simples y rimas cotidianas
porque las poesías que estremecen corazones
son las que llegan más humildes y humanas.

¡Cómo echarás de menos cuando me haya marchado
mi voz que tantas veces callaron tus palabras!
La recordarás siempre con el corazón roto
y lamentarás no haber sabido aprovecharlas.

¡Cómo desearás oír mi voz ronca de nuevo
rozando tus oídos con dulzura escarlata!
Sonará su falso eco por las noches
y tú lo apartarás de tus sueños asfixiada.

¡Cómo echarás de menos cuando me haya marchado
mi voz que despreciaste cuando aún eras mi amada!
Y yo te gritaré desde mi soledad triste
sabiendo que ya no me queda por perder nada.

¡Cómo lamentarás no haberme escuchado
en esas dulces noches de olvido solitarias!
Y yo arrojaré a la hoguera del recuerdo
las palabras que no te dije porque tú hablabas.

Ya no hablarás con otros por miedo a no escucharles
y por miedo a dejar sola otra vez tu alma.
Y yo ya no hablaré por miedo a recordarte
cuando me escuche atentamente mi nueva amada.

¡Cómo me echarás de menos cuando me haya ido!
¡Cómo añoraré que tu dulzura me callara!
Y en el mar de tu voz me ahogaré sin resistencia
y el eco de mi voz te ahogará desesperada.

Llorarás perdida las noches de silencio
y yo escribiré versos las noches que me hablabas.
Y todo porque no supimos darnos cuenta
que en mi silencio y en tu voz la vida nos juntaba.

Los espíritus tocan
a los que son casi transparentes.
Los cogen por detrás
y ellos los sienten
Les gustaría ser como ellos:
casi transparentes.
Les gustaría sentir lo que ellos sienten.
Tienen el alma a flote
y el corazón en los dientes.
Son personas especiales
y tienen a Dios presente.
Sus manos son cálidas,
sus ojos diferentes.
Tienen la piel muy clara
son casi transparentes.

Porque ya olvidé mis recuerdos
y comprendí que no eran nada
Porque ya lo entregué todo
y me quedé hasta sin ganas
Porque ya he amado antes
No quiero enamorarme

Porque ya tuve mi tiempo
y ya no hay nada que me valga
Porque ya pertenecí a alguien
y me vendió en una subasta
Porque ya he amado antes
No quiero enamorarme

Porque sé que nada vuelve
y tú no fuiste el primero en encender la llama
Porque sé que no es posible
que te ame como amaba
Porque ya he amado antes
No quiero enamorarme

Pero tú me diste algo
que me dejó destrozada
Me demostraste que nunca
había estado enamorada

Y como no había amado antes
no dudé en enamorarme