Tú te acuestas y me dejas así solo
en las horas en las que más sabes que pienso.
Y se pasean mundos por mi cuarto
y hasta toco la vida y solo yo la entiendo.
A veces llego hasta a olvidarme de ti.
Lo siento.
Pero es que llego a olvidar hasta que existo.
Escribo mucho y leo.
Y tú dormida como si no pasara nada,
como si no estuviera soltando versos tristes por el techo.
Al día siguiente te despiertas
y mis versos y yo disimulamos y nos posamos por el suelo,
como juguetes que cobran vida por las noches
y por el día vuelven a convertirse en juegos.

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